Responsabilidad y Sustentabilidad

17 de Jul, 2008 | Por | 2 Comentarios

¿En Chile, está el empresariado dispuesto a actuar e impulsar desarrollo económico con avance social y sustentabilidad medioambiental? Ésta ha sido la misma pregunta que un grupo de organismos internacionales independientes se han estado planteado desde ya 20 años y que sólo a inicios de este siglo pareciera estar en desarrollo y aplicación. Ejemplo de ello es el nacimiento de la Iniciativa Global de Reportar (GRI, en sus siglas en inglés), así como el Pacto Global bajo el alero de Naciones Unidas, además de otras acciones promovidas a niveles sectoriales por patronales internacionales, con el fin de impulsar sustentabilidad y beneficio mutuo. Quizás ha sido el propio proceso multidimensional en el que nos encontramos el que ha dado soporte a este tipo de enfoques y políticas. La mundialización abre el campo de observación de las personas y sus nacionalidades, llegando a saber, por ejemplo, el porqué un producto posea ventajas muchas veces originadas por la violación de los derechos de las personas, del estado de derecho -en las relaciones políticas- y sus efectos en la viabilidad de las formas y relaciones de producción.

Asimismo, la consolidación de compañías multinacionales ha implicado, en aquellas responsables y transparentes, aplicar y transferir buenas prácticas a sus emplazamientos productivos y financieros, así como procesos de accountability en sus comunidades cercanas y sus stakeholders en general.Sin embargo, no vivimos en el mejor de los mundos, como nos dirían los siempre importantes economistas. Existe el riesgo que estas dinámicas y “ondas de los tiempos” puedan constituir un muy buen material para publicistas, que en nombre de la transparencia, dan rienda suelta a lucubraciones, pomadas y ventas de humo, que sin asidero en indicadores empíricos, pretenden dan forma a las imágenes de las compañías.

Por otra lado, ¿Quién nos da la seguridad que los principios sean aplicables de manera sustentable? Aquí aparecen varios puntos no del todo resueltos, ni por las administraciones de las compañías, ni como por los científicos llamados a investigar dichas prácticas y costumbres sociales. También la propia dinámica de las organizaciones, que a mayor tamaño tiende a mayor estructura -como señalara Spencer- permite que exista una asimetría de información y decisión, con lo cual mucho de lo que se pretenda comunicar y desarrollar quede entrampada o en la administración general o bien en la administración del emplazamiento, organización o asset, sin ser canalizada.

Por otra parte, nada asegura que una épica corporativa sea asimilada y expresada por las personas que son parte de la organización. Primeramente, puede que las viejas doctrinas empresariales discriminatorias y premodernas sigan existiendo, pese a las buenas intenciones de las nuevos operadores o controladores de las compañías. Como correlato, ya en un punto sensible sobre las formas de producción, ¿Quién asegura un reclutamiento y alineamiento organizacional capaz de llevar a cabo políticas de sustentabilidad, si la mitad de los trabajadores son subcontratistas?.

Este punto nos lleva al rol de los políticos para tomar decisiones sobre el futuro de sus naciones, continentes y el propio mundo. Por ello, es importante el aporte de los creadores de la GRI, el Pacto Global y cuanto sistema mundial se genere para monitorear las transformaciones empresariales en pos de un futuro viable. El problema es que muchos estamos a la espera de lo que pueda hacer el estado-nación. Si miramos nuestro país, tenemos graves problemas por impulsar un efectivo desarrollo. Basta con sólo mirar -entre otras- la contaminada capital, la saturación del altamar y las aguas interiores. ¿Quién fiscaliza? ¿El ministerio, la subsecretaría, la Corema, la CONAMA, autoverificaciones? Bueno, al parecer se aplica a la protección del medio ambiente, la vieja frase acuñada en los ‘90, “la mejor política es la que no se hace”.

En fin, un Estado con políticos inhibidos de organizar el futuro, en el cual sus burócratas bailan las canciones que otros pusieron. Por ello, en un umbral de nuestro futuro en que nos encontramos, cercanos a la elección de nuestros representantes en los próximos años, podemos exigir como ciudadanos una discusión sin nostalgia -ni doctrinaria- sobre la sustentabilidad, generando un espacio de diálogo sobre cuáles son las mejores prácticas para innovar y democratizar el acceso al bienestar. Debemos exigir responsabilidad a los políticos para diseñar un futuro sustentable, no simplezas de políticos que hacen de este tema, solo alardes en campañas.

Este nuevo contexto implica identificar desde las compañías los socios del desarrollo así como sus roles en la socialización y diseño del desarrollo sustentable. No basta con hablarle a la elite o a la curia, ya que se pierde la condición de la ciudadanía en su conjunto. Tampoco basta con reclutar para sus cuadros administrativos profesionales con conocimientos técnicos, pero con escasa comprensión de las políticas corporativas, así como de la dinámica de la propia sociedad en la que se encuentra. No debemos olvidar que no todos están dispuestos a asumir la responsabilidad de ser sustentables. Para muchos da lo mismo contaminar y generar malas prácticas laborales para ganar dinero.

2 Comentarios

  • Pancho, interesate columna. Un dato, en agosto realizaremos un seminario internacional justamente para analizar el rol del gobierno en la responsabilidad social. Hablemos y saludos!

  • mi gusto mucho tu escrito me parece que muchos delos gobiernos de latinoamerica dberian de desarrolar algunos puntos que se plantean en el escrito, quiciera conocer mas del tema si pudieces enviarme mas lecturas sobre el tema seria genial gracias por adenlantado…

  • Deja un Comentario