La democracia representativa ha vuelto… ¿tienes miedo, ciudadano?

12 de mar, 2008 | Por | 4 Comentarios

En la usanza de las conferencias de día domingo, algunos empingorotados parlamentarios –voceros domingueros– entran en discusiones con la siempre hábil vocería oficialista. A buen recaudo llevan el deber de fiscalizar a quien se ponga por delante. Por el otro lado, se invocan terribles fantasmas y amenazas de la última vez que los impeachments – o juicios políticos- se usaron entre nosotros.

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El “desalojo”, pseudo-teoría de moda, se levanta como arma en su máxima expresión. Se esgrimen, desde el flanco opuesto, algunas de las llamadas “lecciones históricas”: “recuerden a Balmaceda (…) de cómo ese hombre de corazón liberal y laico fue despojado de su cargo por el abuso de los parlamentarios mediante las interpelaciones”; recuerden cómo “en la UP, la revolución con ‘empanadas y vino tinto’ fue flanqueada de manera múltiple, mediante acusaciones varias de quebrantamiento al orden institucional”.

Si en el Santiago de Balmaceda era particularmente admisible que los niños estuvieran a “pata pelá”, hoy nos sonrojamos con la mala calidad de los zapatos en algunas tiendas de retail. En esta democracia nuestra –recién hoy algo más vigilante– creemos, al parecer, que los vicios de la administración estatal ya no pueden ser soslayados. Todo ello, eso sí, “en la medida de lo posible”.

Jamás se soñó que iba a ser el mismísimo Longueira quien le estirara la mano a Lagos en 2003. Luego de que éste respondiera el favor con una buena bofetada –un cuarto gobierno que pocos imaginaban–, es difícil que la oportunidad se repita. Ni Viera-Gallo, experto interlocutor de los salones del Congreso, ha podido detener la avalancha de “errores” administrativos (más viejos que el hilo negro) que por estos días personifica la profesora y ministra Yasna Provoste.

Provoste se ha sentado en un trono que no está exclusivamente confeccionado para ella: podría haber sido Vidal, Andrade, Espejo. No es Provoste en sí, es un sitio vacío que la oposición -habiendo visto numerosos flancos débiles en sus comunicaciones- se apresuró en rellenar con un enemigo fácil y poco versado. El Gobierno, ahora resignado a una batalla jurídicamente perdida (o no?), piensa que es posible capitalizar la inminente destitución de la ministra apelando a una alambicada teoría de “femicidio político”, salvándola al menos en la memoria de la gente que la vea aparecer por Atacama para la elección senatorial.

La democracia republicana y representativa ha vuelto, con fecha de ayer martes, hace exactamente dieciocho años. Utópica como siempre -diciendo que cada voto vale lo mismo-, pero ha vuelto. He aquí la dolorosa tensión: en aras de la eficiencia, debe revocarse el mandato público delegado a Provoste, y poner semáforos rojos y amarillos a aquellos a quienes hemos entregado nuestra confianza. Y quién más para realizarlo que los que soñaron profundamente con la existencia de un Congreso, uno con libre elección de representantes y facultad de remoción de autoridades; uno con el mandato de rendición de cuentas en la mano y con potestad para comenzar a ejercitarla de verdad.

La democracia republicana y representativa ha vuelto. ¿Tienes miedo, ciudadano?

(La imagen es de dsb_nola, y la usamos bajo una licencia Creative Commons)

4 Comentarios

  • El texto empieza en el tercer párrafo. Los primeros dos debieran ser explicados. El tercer párrafo confiesa que sólo conoce una parte del acuerdo político Lagos-Longueira; que el cuarto gobierno de la concertación es una bofeteada de Lagos, y que sólo con ironía, es decir, entre comillas, podemos salvar los vicios de la administración estatal. Pero ese “error”, que no sólo informa La Tercera (supongo que esto lo sabe el autor de la columna), es precisamente un error o desorden administrativo, tal como lo señala hoy el contralor (Artículo futuro: sobre el desfase de ciertas opiniones o columnas). ¿Por qué el autor no hace el esfuerzo de girar la balanza (digo, porque ya con el resto de la prensa es suficiente) y nos comunica dónde los ciudadanos y la prensa se “sonrojan con la calidad de los zapatos” en algunas tiendas de retail? No se apresure, señor. Provoste es atacada justamente porque no ha sido un enemigo fácil y poco versado. Sacó adelante un acuerdo en educación (además, ordene sus ideas: si el gobierno capitaliza una inminente destitución, capitaliza, entonces, no la inminencia sino la destitución misma, con lo cual la Ministra no podría presentarse en la elección senatorial) y, probablemente, saque adelante la Ley (tibia, por cierto). Hasta antes de este asunto, según dos sondeos, si se presenta en el Norte como senadora, la concertación podría doblar. Aún más: este asunto del sistema de subvenciones (de momento, los fraudes al fisco de los sostenedores y la precariedad de la fiscalización y administración estatal del sistema) podría ser utilizado como argumento por la propia Ministra para discutir el sistema de financiamiento de la educación (véase, sin enlace, el diario La Nación), exceptuado en el acuerdo general. Última cosa: ¿es en serio o es también una ironía que la democracia republicana y representativa vuelve cuando se logra la siniestra ecuación que consiste en revocar un mandato público porque a un opinante, a la prensa de derecha y a la opisición les tiembla la confianza? Aparte de ser una ecuación poco argumentada, falta que nos justifique por qué debería “revocarse” el mandato público a la Ministra (aquí, para redundar, pudo agregar el enlace al diario La Segunda, que informa los argumentos que tiene, al respecto, la derecha). La verdad es que no basta todo el discursillo final sobre quienes quisimos -y no soñamos- la existencia de un Congreso (que incluye necesariamente, sin necesidad de pormenores, los atributos que prosiguen en su lista). Por lo demás, ¿por qué se excluye usted del sueño? ¿Por qué son los otros los que tuvieron ese sueño? En fin: no veo en su columna o en el asunto contingente que intenta abordar con descuido, ni el regreso figurado ni el miedo inquirido. Falta desarrollar la idea, o soñarla, esta vez sin excluirse o endosársela a otros.

  • Admitiendo que la destitución de la Ministra la priva de ejercer cargos públicos por cinco años, ya sean de elección popular o no, la admisibilidad de la acusación en la Cámara revisora ya la deja en bastante mal pie. Dejeme decirle que desde una óptica jurídica no me parece que hayan infracciones gruesas al principio de probidad administrativa, sino el resultado de una política pública donde no existe suficiente imputabilidad al culpable, ni una causalidad en los hechos objeto de la acusación. Hablamos de un problema de moral, no estrictamente sancionable con lo que conocemos como responsabilidad política -si hablamos sólo de la acusación, reitero-. Respecto a su último punto. No parece tan clara la belleza del sueño democrático, al menos para algunos. El que yo tome partido o no en el, es irrelevante en una situación netamente descriptiva.

    Saludos.

  • Su respuesta viene a confirmar la debilidad del argumento. Las infracciones a lo que usted llama “principio de probidad pública” no son ni gruesas ni delgadas: simplemente, son. Como en este caso no las hay –al menos no por parte de la Ministra, que es lo que justificaría una acusación constitucional-, usted adhiere a la tesis central de la derecha: utilizar a la ministra para tres cosas. Descartarla como contendora en elecciones senatoriales; utilizarla como punto de fuga o chivo expiatorio en los problemas del sistema de financiamiento público en educación (que son, como sabemos, los problemas de abusos en el negocio de la educación) que la propia derecha se niega a cambiar o a revisar y, por último, derrotar al gobierno mediante un expediente legal que circunstancialmente puede ejercer la derecha (la circunstancia no es más que esta: si antes teníamos un congreso levemente representativo dentro de la falta de representación binominal, hoy esto se ha acentuado por acuerdos copulares y cúpulares entre la derecha y unos “díscolos” elegidos no porque eran independientes sino porque eran de la Concertación. Como ve, aquí no vuelve la representatividad; más bien se la ha traicionado, pues lo que la ciudadanía deseó o soñó -elija usted- fue que la Concertación tuviera mayoría en ambas cámaras), tal como lo anunció hace dos meses el señor Schaulsonh en el diario que usted cita, eufórico por los nuevos acuerdos entre los “independientes” y la derecha. Esto no tiene nada que ver con una imputabilidad del culpable (una tautología digna de análisis, siguiendo a Jaspers y a Heidegger), pues esa imputabilidad no la puede ejercer el Congreso (la imputabilidad es la posibilidad que tienen las personas de ser alcanzadas por el derecho penal), aunque si, tal vez, una eticidad originaria, religiosa y existencialista que considera al ser humano ontológicamente culpable (sobre esto, cabe agregar otras cosas que me reservo), cuestión que escapa a la competencia del derecho penal y del Congreso (tanto por cuestiones legales como intelectuales) y, desde luego, a sus argumentos en la columna comentada. Además, la casualidad de los hechos no la da la política pública (dicho en una palabra: la política) ni algo ajeno precisamente a los hechos: son los hechos los que explican la causalidad, y no al revés. Este es, también, un principio jurídico (a lo más, usted puede relatar una causalidad a partir de hechos clarificados, algo que en esta acusación no se cumple, pues el relato de la causalidad que desencadena en esta acusación ha sido manipulado, con independencia de los hechos). Tres cosas, para terminar: si el problema es moral, podría usted haber utilizado esa palabra o ese argumento en alguna línea de su columna, cuestión que no sucedió (usted dice, con un tono tecnocrático: en “aras de la eficiencia” debe revocarse el mandato público, no en “aras” de una eticidad o moral -sería bueno que aclarara, de paso, si el problema moral aludido no es, en realidad, un problema ético, y si el problema de la eficiencia tiene que ver con el sistema de financiamiento de la educación o con una crítica trasnochada al Estado). Por otro lado: la inquietud por el miedo ciudadano a la democracia representativa, supongo que lo incluye, aunque persista en endosarle el sueño a otros. La tesis de la “descripción” que usted emplea para escudarse es francamente impresentable pues en su columna aparece un término deontológico en la posible revocación del cargo público aludido (o tal vez usted tiene, sin saberlo, el viejo problema desarrollado, entre otros, por Hume entre descripción y deber). Por último: la admisibilidad o no de esta acusación deja a la ministra en mal pie… ¿por qué? ¿Por que ha sido pavimentada por una prensa cómplice y un contralor descuidado, que en una Comisión se vio obligado a despejar dudas por él mismo alimentadas? ¿Por que debe sufrir los rigores de una derecha ciega y de unos camaradas DC francamente irresponsables? ¿Por que encarna un sistema de financiamiento que hay que reformar? Explíquese. Perdone que le exija más responsabilidad en los análisis.

    Saludos.

  • La cosa está muy fea por todos lados… incluso acá…

    http://culturalanco.blogspot.com/

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