Llamado al apoderado: Corrupción o más de lo mismo

03 de Mar, 2008 | Por | 20 Comentarios

* Mónica Peña

El sistema de financiamiento de la educación chilena a través de la subvención fue instaurado en Chile a partir del año 1981, como eje central de la privatización de la educación llevada a cabo por el gobierno del General Pinochet. No obstante, fue inventado por Milton Friedman en los años 50, siendo Chile el primer país donde este sistema funciona, y de manera bastante radical si lo comparamos con otros países como Holanda o Gran Bretaña, donde sólo algunas escuelas cuentan con un sistema similar.

Es interesante recalcar que algo parecido al sistema de los voucher de Friedman existió mucho antes en EEUU como una forma de mantener escuelas segregadas racialmente, así, el voucher o cheque servía para asistir sólo a algunas escuelas y no para otras.

El sistema -en resumen- consiste en que el Estado financia a privados para que se hagan cargo de las escuelas, contando la cantidad de niños que educan. Se supone que esta plata pasaría por manos de los padres de los niños por medio del voucher, así ellos decidirían qué colegio es el más adecuado, logrando además que las escuelas mejoren su calidad a través de la sana competencia por obtener matrícula.

En la práctica esto no es así: el dinero de la subvención pasa a los sostenedores a través de la fiscalización del mismo Estado, que revisa las asistencias de los alumnos; y los padres de los estratos más bajos no eligen las escuelas, sino que aún mandan a sus hijos a aquellas más cercanas sin contar con información suficiente para decidir. Esto genera más desigualdad, y la brecha entre ricos y pobre crece.

Usted lector puede deducir fácilmente -si es mal pensado- todas las figuras corruptas que de aquí se pueden tejer. Se me ocurre una (fruto de mi cabeza enferma): ser fiscalizador y sostenedor de colegio al mismo tiempo. No es que yo lo haya visto, pero de que brujas hay, las hay.

Los cerca de 200 mil millones de pesos sin destino conocido entre el 2004 y 2006 que le valieron una suspensión de dos meses (y quién sabe, un llamado al apoderado tal vez), a Alejandro Traverso,renunciado Seremi de Educación metropolitano, no deben extrañarnos, y si bien estas situaciones son una “falta a la ética” como dice el propio Traverso, son también fruto de un sistema que se basa en el dogma neoliberal por excelencia: “Los privados administran mejor los recursos que el Estado”.

Tampoco nos debe extrañar que la derecha no haya sido tan dura ni tan fiscalizadora esta vez. No es que estén todos de vacaciones, es que el sistema de la subvención es el As neoliberal que abrigan siempre como triunfo moral y de facto. Así, el Instituto Libertad y Desarrollo considera que las malas prácticas que han desembocado en platas de destinos inciertos se enmendarían a través de dos formas: una con la solución que siempre se propone en estos casos y que a estas alturas haría delirar al propio Foucault: más fiscalización. La otra solución es entregar directamente a las familias el voucher, que recuerde usted lector, no es plata en efectivo ni leche en polvo que se puede vender, sino un bono intercambiable sólo por educación.

Tomemos nota de los escándalos: La plata, sí, pero no nos debe extrañar tanto. El escándalo es que la Ministra Provoste tome decisiones a pesar de la sugerencia de la Contraloría, el escándalo es que Traverso haya seguido siendo Seremi después de la salida de Zilic, el escándalo es que la Comisión de Educación no propone nada muy distante a las ideas de Libertad y Desarrollo, el escándalo es que el sistema educacional chileno de la subvención es, y a este paso, será, una fuente de ingresos para un montón de gente lista para avivarse.

El escándalo, a estas alturas, es que quejarse de nuestra educación se haya transformado en parte de la cotidianeidad.

(* Mónica Peña es sicóloga y candidata a doctora en Educación. Trabaja como profesora en las facultades de educación de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Universidad Tecnológica de INACAP y últimamente en la P. Universidad Católica de Valparaíso.)

20 Comentarios

  • two thumbs up!! (y sólo por que tengo dos)

  • Toda la razón. La educación debe ser pública Y privada. Nada de puntos intermedios donde los privados pueden enriquecerse a costillas de las platas públicas. Esas “motivaciones al emprendimiento” dan pie para las avispadas personales. Como dijo alguien por ahí, en Chile no podríamos tener surtidores de diarios como los de EU: porque el primero que les ponga una moneda, se los llevaría todos.

    El viernes por la noche mandé una carta a ElMer y a LT sobre este tema, orientado a que esa propuesta de ILD de entregar los vouchers directamente a las familias implicaría reducir la educación a la dimensión del Cheque Restorán. Hasta ahora no me la publican.

  • Comparto el fondo de las críticas al sistema de subvenciones (críticas francamente reiteradas). Sería bueno que desandando la repetición, nos explicaran cómo avanzar una reforma en el Congreso. En todo caso, confundiendo subvención con voucher no se consigue un buen argumento. De paso, vale recordar que por el mismo año, en 1981, surgió la privatización de la educación superior, íntimamente ligada, económca e ideológicamente, a la privatización de la educación general, algo sobre lo cual la autora nada dice, no obstante trabajar en instituciones privadas de dudosa calidad académica y, específicamente en el caso de INACAP, surgidas de célebres robos al Estado. Como ve usted, no sólo es un escándalo que la Comisión de Educación aproxime sus propuestas a las del Instituo Libertad y Desarrollo.

  • Estoy totalmente a favor de la idea de los vouchers. El año pasado ya escribía un artículo acerca del tema: http://chilepost.blogspot.com/2007/04/propuesta-de-educacin-privada-universal.html

    En primer lugar, la idea de terminar con las subvenciones a establecimientos particulares so pretexto de terminar con el lucro no pasa de ser una postura ideológica carente de sentido. No se está subvencionando a sostenedores, lo que se subvenciona es la prestación de un servicio social para niños de escaso nivel socio-económico. Con ese criterio, el Estado debiera dejar de licitar a privados la construcción de carreteras y viviendas sociales, no pagar a empresas por la compra de materiales para el mejoramiento de viviendas en el programa puente y empezar a producir una gran cantidad de servicios por sí mismo, pues al servirse de terceros indirectamente les permite lucrar.

    En segundo lugar, los establecimientos particulares subvencionados obtienen mejores puntajes SIMCE y en PSU que los establecimientos municipalizados y los particulares privbados incluso mejores resultados que los dos anteriores. En Educación mientras más se mete el Estado en Chile, peor son los resultados.

    Para hacer funcionar el sistema de vouchers se necesita no sólo subvención a particulares, sino que también mayor autonomía y sistemas transparentes y públicos de información de rendimiento y proyectos educativos para que los padres tengan las oportunidades y no sólo el potencial de elegir libremente como educar a sus hijos.

    Por otro lado, pretender que el Estado se haga cargo para evitar la corrupción me parece un argumento de suyo contradictorio. La administración estatal con sus vicios burocráticos, sus criterios discrecionales de asignación de recursos y su falta de sentido de propiedad personal potencian un caldo de cultivo para la corrupción y la ineficiencia como en los últimos años hemos podido apreciar ampliamente (PGE, EFE, MOP, etc.).

  • El Ministerio maneja $500 mil millones, parte de eso lo pierde (o está dentro del “desorden”) y resulta que la culpa es de los privado? Hay que ser muy cara dura…

  • Varias cosas que debemos agregar a esta discusión, lo más breve posible: 1.- La lucha que algunos con sorna llaman ideológica, es justamente eso: ideológica y no tiene nada de malo. La ideología no debe ser moralmente reprochable, lo que suele ser un ejercicio muy común de los neoliberales: creer que el neoliberalismo NO es una ideología. Y señores, por el San Milton Friedman, sí que lo es. 2.- Recomiendo revisar los estudios de Alejandra Mizala de la Universidad de Chile para tener otra visión de los resultados educativos en Chile con el modelo de la subvención. Estos indican que -en general- la tendencia de nuestra educación es el aumento de la brecha entre ricos y pobres, el problema más grave con el que lidiamos. 3.- No le “echo la culpa” a nadie de los millones perdidos: eso lo verá la contraloría y la justicia a su debido tiempo. Lo fundamental es reconocer que pensar que este sistema en manos de privados va a funcionar mejor, eso ni siquiera da para ideología, es simple y llano dogmatismo. 4.- Tampoco, si usted lee con atención, digo que el Estado es la solución a los problemas. 5.- Lo que es raro, contradictorio, e incluso absurdo, es poner al mismo nivel las políticas para las OOPP con las políticas educacionales. No estoy de acuerdo con la postura de Malandre: me parece que le faltan elementos de otra índole para hacer un análisis convicente, los resultados de las pruebas sabemos que no validan un sistema educativo por sí solos. Lo invito seriamente a seguir profundizando por ejemplo, en el rol de “los padres” o “la familia” en nuestro sistema educativo. Carlos Peña fue uno de los pocos miembros de la comisión de educación que se ha preocupado de esto. Recomiendo, para ir más cerca del problema de la desigualdad, revisar los ya clásicos trabajos de Basil Bernstein, muchos de ellos en internet.

  • Y le juro al señor Syme que para el 81 estaba en segundo básico. No tengo nada que ver con las privatizaciones.

  • “En Educación mientras más se mete el Estado en Chile, peor son los resultados.”

    O bien: nadie quiere educar a los que no pueden pagar.

  • No es un buen argumento (muchos dirigentes de derecha aseguran lo mismo respecto del golpe de estado). Lo que sucede es que a mi me parace “escandaloso” tanto lo que usted afirma en el último párrafo como trabajar en una institución que sigue la misma lógica de la privatización denunciada, además de haber nacido por un robo que todo el mundo conoce, no importando la edad que se tenía el año 1981.

  • Estimado Gabriel,

    Si los trabajadores tuvieran que hacerse cargo de toda la historia y acciones de la institución en que trabajan, la mitad de Chile estaría descalificado para hablar en público.

    Saludos.

  • Estimado Carlos:

    Si lo desea, más tarde averiguamos las estadísticas y vemos qué va primero en este caso: si la imposibilidad de hablar en público o la imposibilidad de trabajar. Entretanto, limitémonos a la consistencia en los discursos, específicamente entre quienes trabajan en la educación. Yo no exijo algo tan difícil como hacerse cargo de la historia del lugar donde se trabaja (cómo se le ocurre, sobre todo cuando es tan difícil enterarse del origen de INACAP), sino hacerse cargo de la coherencia y consistencia entre lo que se dice y lo que se hace (o dónde se hace lo que se hace), más aún si se critica con diligente liviandad a una Ministra, a una Comisión y, por último, se insinúan revisiones a un sistema sin explicarnos cómo o con qué votos se podría aprobar en el actual Congreso (inconsistencia en la que reiteradamente caen los “desencantados” de la Concertación, que en realidad encantan con su omisión a la derecha). ¿No le parece que un ejemplo tanto de la política privatizadora en educación y de lo que la autora llama “el dogma neoliberal por excelencia” (Los privados administran mejor los recursos que el Estado), lo vemos encarnado especialmente en INACAP (más aún si nos enteramos sin dificultad que algunos directores de INACAP son sostenedores de colegios)? La teoría crítica de la Escuela de Frankfurt tenía dos puntos básicos que todavía son válidos: distancia y proveniencia (algo así como el “desde dónde” se habla) de la crítica ideológica.

    Saludos.

  • Gabriel,

    No sé si has leído este blog por mucho tiempo, pero omisión a la derecha, no.

    Sobre el resto, creo que estás diciendo lo mismo: que el trabajar en el INACAP inhabilita, lo hace a uno inconsistente, o algo así. De la misma manera, un podría decir que si alguien trabaja en una universidad pública no puede criticar al sistema de financiamiento de éstas, al consejo de rectores, etc. Mejor discutamos el punto de fondo, sin intentar descalificar al mensanjero.

    Saludos.

  • Lo que se omite es la inconsistencia del discurso, no a la derecha. Creo que se entiende en mi comentario. ¿Hablé yo de inhabilidad? Precisamente, quien trabaja en una Universidad pública critica el sistema de financiamiento desde la educación pública. ¿Podría hacer lo mismo la autora, es decir, criticar la privatización de INACAP (o de la Educación Superior) desde INACAP? Eso es consistencia y coherencia. Prefiere, en cambio, enredar el asunto del sistema de subvenciones con la espuria infestación mediática en contra de una Ministra y, seguidamente, repite lo que todo el mundo sabe sobre el sistema y lo que, de paso, todo el mundo sabe que no se puede cambiar con el actual Congreso, a pesar de los esfuerzos de ciertos miembros de la comisión y de la presidenta. Lo que la autora considera un “escándalo” yo lo amplío al lugar donde trabaja. ¿Esto la inhabilita para criticar? No, pero condiciona su discurso. Y este es un punto de fondo (supongo que el fondo sigue siendo la privatización de la educación, uno de cuyos paradigmas es INACAP, considerado uno de los mayores robos de la Dictadura. Basta ver su directorio. De modo que no es cualquier trabajo ni cualquier lugar de trabajo): el sistema de subvenciones en la educación escolar, criticado por la autora, se prolonga, de distinto modo y con otros nombres, en la educación superior, incluyendo la educación técnico-profesional (el Instituto Libertad y Desarrollo emplea el término voucher también en la educación superior; y, dado el sistema en Chile, tiene razón). Las Universidades Privadas e Institutos no alteran listas, pero lucran con el mismo descaro. Uno de los establecimientos más beneficiados con este sistema es INACAP (insisto: no es cualquier lugar de trabajo). ¿Cree usted que la autora podría decir esto? Usted me perdonará, pero no veo cuál es el problema en calificar al mensajero, máxime si ella misma se encarga de calificarse anotando los lugares donde trabaja y los títulos que tiene.

    Saludos.

  • Mónica: buen artículo. Creo que pone sobre la mesa, en unos pócos párrafos, varios de los puntos centrales de la discusión. Pregunta: en tu opinión, cuál sería la salida entonces para la educación: ¿sólo educación pública administrada y provista por el Estado? ¿sólo privada con vouchers? ¿Algún sistema implementado en el país XX que los legos obviamente desconocemos?

    Rodrigo: comparar la educación en tanto “prestación de un servicio social para niños de escaso nivel socio-económico”, con la provisión privada de OOPP o la compra de materiales es, ciertamente, poco afortunado. No sólo por lo que ya apunta Mónica (dejas muchos elementos propios de la educación fuera del argumento), sino porque, incluso analizado desde la perspectiva económica con la que argumentas, ambos “mercados” son bastante distintos, debido a la naturaleza del servicio prestado: (a) la asimetría de información existente en el área de educación es enorme, pues los estudiantes no saben si la formación recibida es relevante y los establecimientos sí (ese es su core-business), y los padres no saben cuántos recursos efectivos se gasta en sus hijos, como sí lo saben los establecimientos. Así, que los usuarios controlen la calidad efectiva del producto recibido es mucho más dificil que en el caso de una casa que se cae sola, un puente con grietas o una carretilla sin rueda. (b) la “calidad de la educación” es mucho más dificil de observar -y definir- que la calidad de una construcción, lo que dificulta enormemente la fiscalización estatal. Los prestadores tienen el sarten por el mango si quieren ocultar o malear información. Fiscalizar de verdad es caro e ineficiente. (c) Cambiarse de colegio es mucho más “caro” -pecuniaria y simbólicamente- que salirse de la autopista concesionada. En la práctica, la “transparencia de la información” no se traduce aquí en cambios en las conductas de los consumidores. Este NO es un mercado perfecto, ni mucho menos. (d) Los resultados efectivos de la educación sólo se observan en el largo plazo, y son en buena mediuda irreversibles. Si la casa se llueve, el afectado -con independencia de las esperables compensaciones- se puede cambiar. Si un puente se triza, el ejército pone un puente mecano mientras se construye uno nuevo. Si te prometieron educación y te entregaron cualquier otra cosa, a los 18 años ya no puedes ir nuevamente a la escuela, y los efectos te los comes toda la vida.

    En resumen: no ha lugar la comparación. Educar a un niño es un tanto más complejo que parar una autopista.

    Por otra parte, cuando afirmas que los colegios privados pagados obtienen mejores resultados que los subvencionados, y a su vez que éstos lo hacen mejor que los públicos, omites al menos dos factores centrales: (a) la cantidad de recursos destinados a cada alumno; y (b) las condiciones socioeconómicas de los alumnos (“efecto pares”, nivel socioeconómico de los padres, nivel educativo de los padres, condiciones de estudio en casa, calidad de la alimentación y un largo etcétera que afecta el desempeño) . Imagino que mónica nos podrá contar si conoce estudios que comparen calidad educativa controlando por ambos factores, e imagino también que las brechas son harto menores. No toda la diferencia se explica por “capacidad de gestión”, como suelen creer mis colegas.

    Gabriel: me atrevo aventurar que Jurgen Habermas, uno de los herederos más ilustres de la teoría crítica clásica, diría que tu argumento no tiene “intención comunicativa”. Mónica pone argumentos sobre la mesa, pretendiéndolos válidos ante otros y a sabiendas que son sujeto de crítica… tú, en cambio, no aportas argumentos a la discusión, sino que -muy en el estilo de nuestra derecha- miras el curriculum y encuentras lo que consideras un punto que atacar en tu interlocutor, eludiendo así toda discusión. Además, Mónica entrega sus credenciales (lo que siempre abre un flanco), cosa que no podemos decir en tu caso.

    En todo caso, y sin tener ningún interés creado con la institución, INACAP es de lo más decente que tenemos por estos lados en educación técnica, con independencia de sus orígenes (que pueden ser objeto de otra discusión, sin duda).

    Por último: si en cada artículo tuviésemos que explicitar la economía política que va a permitir que las propuestas que podemos plantear sean aprobadas en el Congreso, entonces escribiríamos bastante menos, y este blog sería una lata incluso para nosotros.

    Saludos Matías

  • Gabriel,

    Lo que dice Matías. El que no te gusten los argumentos presentados no hace a la autora incoherente.

    Saludos.

  • Supongo que entregando mis antecedentes no solivianto más las defensas… Lo dices bien: Habermas es la versión más Ilustrada de la teoría crítica y, por algo, es su aplazado fin (o lo que es lo mismo, el comienzo de su aplicación en empresas, facultades de ingeniería y colegios bajo la política de acuerdos y la acción comunicativa, una ingenua teoría de terapia holística para la Alemania post-nazismo, aprovechada con diligencia por la Concertación para el Chile post-dictadura, partiendo por sus lectores apresurados que escriben columnas en El Mercurio. Prefiero otra línea de la Escuela de Frankfurt –y otros aportes de Habermas: la crítica de la razón cínica). Sostengo y mantengo mi juicio a la proveniencia y distancia del discurso que comentamos. A eso he agregado, desde el principio, que me parece un comentario francamente repetitivo, no encontrando ni la “mesa” ni los “argumentos” que dicen hallar Carlos y tú. Primero, presenta de manera muy superficial el sistema de subvenciones (aquí no hay argumento, es decir, discurso razonado, sino una presentación de antecedentes); luego, agrega una párrafo sobre la imaginería corrupta, enlazándolo con la supuesta pérdida de un dinero (algo que, a todas luces, no es cierto). Luego nos informa que la derecha es neoliberal. Finalmente, el “argumento” es una lista de “escándalos”: aparentemente, la Ministra habría tomado decisiones sin seguir los consejos de la Contraloría (esto tampoco es cierto, como se desprende de la carta-informe de la Contraloría publicada hoy por todos los medios); sería un escándalo la continuidad de Traverso (pero no sabemos por qué, pues la autora no justifica esta afirmación); escándalo es la similitud de la propuesta de la Comisión con la del Instituto Libertad y Desarrollo (afirmación menos fundamentada. En todo caso, para aprobar una reforma en Chile, una de las claves de “economía política” es saber que, efectivamente, no puede ser muy distante a las propuestas de derecha); el último escándalo es el sistema de subvenciones en general, bajo el que se amparan los vivos que quieren lucrar (bien, pero este mismo sistema opera beneficiando, con otros nombres y mecanismo, a las Universidades Privadas e Institutos Técnicos, de modo que aquí sí importa enjuiciar el lugar desde donde habla la autora. El procedimiento de derecha en una discusión es justamente omitir ese “lugar”). Lo mínimo que se espera en artículos de política es reconocer la “economía política” del país. Yo también quisiera otro sistema de educación, pero no utilizo ese “querer imposible” para criticar lo posible. También en esto operan los cuatro principios básicos de la “intención comunicativa”, ¿o no? Otra cosa es discutir, en términos filosóficos (y aquí yo no tendría problemas en participar), cómo en Chile nos acostumbramos a convivir con la distancia que media entre el horizonte de expectativas y el horizonte de confirmaciones y cómo algunos discursos, especialmente los que critican a la Concertación, se amparan en el ensanchamiento de esa distancia. El análisis del uso político de esta “distancia” está ya en Weber y reaparece en Koselleck como definición medular de la Modernidad. En cierto modo, prosigue en la razón cínica de Zizek y de Sloterdijk, y en el análisis de la temporalidad en Ricoeur. ¿No anida ya en Benjamin y su crítica al Marxismo? Cada artículo debiera reconocer y conocer no sólo la economía política, sino la distancia política que opera en Chile. Como ya lo hiciera con Carlos Peña, no ataco el curriculum, sino la consistencia del discurso. En este caso específico, no ataco los argumentos, porque, como ya lo demostré, simplemente no existen (tus preguntas a la autora lo confirman), sino la hendidura que media entre el facilismo para criticar a una Ministra amparándose en una crítica a un sistema que sólo la derecha defiende, y la propia situación de la autora, quien probablemente conoce más que nosotros tanto al directorio de INACAP y sus relaciones con el sistema de subvenciones, como el origen mismo de la institución.
    Aunque podría parecer un procedimiento de derecha ante los ojos de una “intención comunicativa” terapéutica, no antagónica, ingenua (es decir, de derechas) como la que parece diseminar Matías, no se preocupen: si Ricardo Claro escribiera sobre la vulgaridad de las teleseries, también le recordaría el lugar donde trabaja.

    Saludos

  • Gabriel,

    No cofundamos la plaza pública con las salas del Congreso. No hay necesidad (y de hecho, es terriblemente tóxico) el restringir la discusión con tu mentada “economía política”. El reconocerla, y partir desde ahí cualquier discusión, haría la reforma que muchos buscamos una tarea imposible. Y la discusión, una lata completa.

    Saludos.

  • Citaré unos apuntes de un profesor que tuve en la Universidad: “Si pones a pelear a dos leones, los cuales se atacan mutuamente, y después de la lucha sólo quedan restos esparcidos, difícilmente alguien se va interesar en estos restos. Y hace rato que la Concertación y la Alianza vienen destrozándose a pedazos, en vez de potenciar y fortalecer la “musculatura política” con trabajo por los ciudadanos. Claro, ambas coaliciones, mientras la ciudadanía observa esta lucha, el problema es que nadie gana cuando se recalca la deshonestidad ajena para esconder o justificar la propia; nadie gana cuando los bandos se invalidan moralmente”.

    Creo que esa cita tiene mucho sentido hasta el día de hoy, lleva a concluir que a los políticos se les acabó la bencina, las ideas, y la imaginación para diferenciarse de sus otros opuestos, entonces recurren a lo más fácil, la ofensa. El problema es lo que vaya a salir después de esto, porque a río revuelto…

    Finalmente, algunos apuntes respecto al Sr. Habermas: Este Señor observa una crisis de legitimación de la sociedad moderna, por lo que escribe una teoría crítica de la sociedad. Con esto lo que Habermas busca es enseñarle a la sociedad, ya que este señor ordena su teoría de una manera tal, que representa una exigencia moral para quien la sigue. Al centrarse Habermas en el lenguaje, le quita valor a otras formas de comunicación, sin embargo, el lenguaje es demasiado inestable como para solucionar conflictos complejos (conflictos sociales, o de pareja, por ejemplo), el lenguaje no alcanza para comprender la base del sentido. Para Habermas el tema se soluciona con el “consenso”, el problema del consenso es que sólo existe en un futuro que nunca puede empezar, por esto Habermas sólo puede bosquejar las condiciones que haría posible ese futuro de entendimiento. El consenso sólo se puede alcanzar si se renuncia al consenso, recibimos algo “en vez de” y debemos hacer “como sí”.

  • Ricardo: comparto la intención de tu comentario sobre Habermas. Efectivamente, podríamos resumir el asunto diciendo que Habermas propone, con los medios del Proyecto moderno, una teleología lingüística (consensual, discursiva) que reemplace la teleología racional de la Modernidad. Sin embargo, viendo el conjunto de tu comentario, parece que tu diagnóstico inicial sobre la realidad política chilena (tamizado por la ofensa, la invalidación moral, falta de musculatura política –es decir, de trabajo mancomunado de los ciudadanos), se aproxima al diagnóstico inicial de Habermas para introducir su teoría.

  • […] defensa estándar del sistema de vouchers que enarbola Peña es una de la eficiencia del mercado y todo eso. Y esa libertad de elegir del […]

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