Cuando 100 años no son nada. El valor de la memoria.

18 de Dic, 2007 | Por | 1 Comentario

100 años. 100 años!, son tantos y tan poco. Ayer fui a ver la Cantata del Quilapayún al Teatro Caupolicán. Impresionante, emocionante y tremendamente actual. Hasta los articulistas más derechistas del Mercurio de este domingo hicieron referencia a la matanza que la oligarquía organizó en contra de los trabajadores. Otras voces incomprensibles tratan de aminorar los hechos del 21 de diciembre de 1907. Bueno, es el juego. El valor de la memoria no es la nostalgia sino cómo ésta construye sentido para el futuro. Conmemorar 100 años de esta tragedia ha sido un proyecto de desarrollo local y de comunión de los pampinos en torno a sus raíces inmediatas: (1) que el Norte Grande es plurinacional (gran parte de los asesinados eran Bolivianos, Peruanos y Argentinos) más allá de los esfuerzos estado-nacionales post guerra del Pacífico y; (2) que su vocación de desarrollo por excelencia está ligada a la Gran Minería.

A 100 años de la matanza hay que volver a pensar el Norte Grande, volver a pensar en los trabajadores, volver a pensar en las relaciones de trabajo como productoras de ciudadanía, empezar a admitir la plurinacionalidad de ese territorio y dejar atrás chauvinismos que cierran las oportunidades a quienes viven en esta vasta y rica zona del país. Los jornales de ayer son los contratistas de hoy, las fichas de ayer son las injusticias salariales de trabajadores de primera y segunda clase de hoy, la riqueza extranjera -¡hoy por suerte!- tiene alguna propiedad estatal y el Estado está menos atado, pero no libre, de la presión de los grandes intereses económicos de antaño. Como termina la Cantata: “¡Luchemos por los derechos que todos deben tener, luchemos por lo que es nuestro, que de nadie más va a ser!”. Como lo apunta Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia:

“La voluntad social de recordación no puede anonadarse en el simbolismo ni anquilosarse en el temor del posible retorno de la fuerza. La voluntad social de recordación es el único antídoto conocido contra la voluntad política de matar. El único germen capaz de desarrollar al máximo lo que la fuerza no puede matar. Por esto, si participar es peligroso, también es un deber. Un imperativo histórico. Un irrenunciable derecho ciudadano”.

A mí me hace sentido, a mí me sirve esta memoria y a ti?.

1 Comentario

  • Sebastián, Tuve la oportunidad de estar en Iquique la semana de conmemoración de la masacre y, respecto a tu reflexión, me parece que si esta memoria tuviera la fuerza pertinente, el recuerdo y homenaje a los pampinos caídos y a los valores que su lucha representó, habría sido mucho más potente de lo que vi. Concuerdo contigo en que el tema es tremendamente actual, pero sin esta memoria -que ojalá fuera colectiva- es difícil cotideanizar y refrescar “la lucha” o, por lo menos, la conciencia. Para muchos la matanza termina con el río de sangre cayendo al mar y ni siquiera consideran a los pampinos que tuvieron que vover a las oficinas a trabajar para los mismos asesinos de su gente. Esos hombres que gritaron locura contra el viento nortino, viendo cómo el desierto se hacía cada vez más grande. Sólo el recuerdo, la memoria, de esos gritos -y otros- hoy puedan dar algún sentido a la construcción política y social que necesitamos.

    En fín, a mí me sirve esta memoria.

    Saludos y feliz 2008, B.B.

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