Brunner y la “Empresa del Conocimiento”

26 de Sep, 2007 | Por | 9 Comentarios

En una columna de opinión publicada el 18 de Septiembre en La Tercera, José Joaquín Brunner ataca el sistema universitario nacional, arguyendo que

“Un reportaje de La Tercera (10.09) destaca la reducida participación de las universidades chilenas en la generación de conocimiento con potencial valor comercial (patentes). No existe en el país –sus universidades y empresas– una tradición de innovación. La investigación académica se orienta hacia algunas áreas de las ciencias básicas y el sector productivo transfiere y adapta tecnologías. Entre medio hay una brecha.”

Es difícil estar en desacuerdo con el argumento de que hay un sentido puritano en algunas de las aulas universitarias. En mi experiencia, algunos académicos sienten que la relación con la industria “ensucia”, como dice Brunner, sus ideas y comprometen su integridad. Y ese puritanismo ayuda a generar una distancia artificial entre la generación de conocimiento y su aplicación. Sin embargo, hasta ahí llega mi acuerdo con la columna publicada en La Tercera.

El primer problema con el argumento de Brunner es la definición y métricas que se usan para evaluar innovación. En su columna define las patentes como “conocimiento con potencial valor comercial”, y se queja de las pocas patentes que se encuentran registradas por Chile en EEUU. Sin embargo, las patentes (es decir, monopolios limitados en el tiempo entregados por el Estado para la explotación de una invención) son solo una de las herramientas que permiten transferir el conocimiento de las universidades al sector productivo. El usar las patentes como métrica de esta transferencia desconoce, por un lado, que no todo el conocimiento de interés comercial es patentable, y por el otro, que existen industrias completas en que las patentes juegan un papel menor.

Así, mientras que en la industria farmacéutica las patentes de medicamentos determinan la vida y muerte de una empresa, en la industria del software las patentes permanecen en débil terreno jurídico o son simplemente ilegales en varias lugares del mundo. La consecuencia es clara: usando la métrica de las patentes, las facultades de ingeniería en computación del país llevan todas las de perder cuando se las compara con las facultades de medicina o farmacia. Sin embargo, concluir que las primeras no innovan sería claramente un error.

El segundo problema con esta nueva obsesión con la producción de patentes es que desconoce el círculo virtuoso entre la ciencia básica y aplicada que se da en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías: ideas que son exploradas por el ánimo de ganar un entendimiento de como funciona la naturaleza se convierten en la base de las aplicaciones de las ciencias aplicadas. A su vez, la ciencia aplicada motiva a la ciencia básica con problemas no resueltos que requieren avances sustantivos en conceptos teóricos o removidos de la práctica. Desde la revolución atómica hasta la Internet, este círculo virtuoso se ha dado dentro de las universidades, permitiendo un ciclo de innovación sustentable y exitoso.

Mucho más seria es la lógica que lleva a Brunner a afirmar que las universidades deben convertirse en “empresas del conocimiento”, volcadas a “innovar y comprometida[s] con los procesos schumpeterianos de destrucción creadora”. El foco en el limitado número de actividades intelectuales que generan ganancias inmediatas en el sector privado (he ahí la obsesión con las patentes) significa una redefinición violenta del rol histórico de las universidades. Se desprende de este planteamiento que las áreas de la “república de la ciencia y las letras” que no satisfagan la necesidad del sector privado (¿cuantas patentes salen de una facultad de Sociología, Astronomía o Historia?) no tendrían cabida en la “empresa del conocimiento”.

Y no quiero confundirlos. El problema de la desconexión entre la universidad y el sector productivo es real, en áreas específicas de las universidades. Pero tampoco nos dejemos confundir por la lógica que lleva a Brunner a saltar desde este punto a su “solución”. Lo que propone Brunner, en pocas palabras, es la privatización, no de la universidad en si misma, sino de su misión, una idea radical que sacrificaría los tremendos beneficios públicos sostenidos que se obtienen de las universidades, todo a nombre de un modelo cortoplacista que dudo genere el efecto buscado.

9 Comentarios

  • Ugh… no me gusta mucho brunner ahh… creo que se necesita muchísimo más debate respecto a las privatizaciones, sobre todo las que afectan la educación o la salud. Hay cada aberración! bueno, saludos!

  • Buen Tema. da para largo. Creo que la discusión sobre innovación en Chile está bastante desactualizada, lo de las patentes es el producto de sistemas que vinculen, no vía proyectos, sino instituciones a la empresa privada con la universidad, “vender” las universidades no es la solución y “academizar” las empresas tampoco. Falta pensar en organizaciones de segundo o tercer piso, consorcios, fundaciones parques tecnológicos que aunen lo mejor de ambos mundos y minimicen las colonizaciones de lógicas de unos sobre otros. Como siempre, lamentablemente, en Chile hacemos las discusiones “desde arriba” con “los números a la vista” y no desde abajo con las experiencias exitosas por delante. Saludos

  • Desde mi punto de vista, quienes están financiando las universidades son, en gran parte, los alumnos, con aranceles que llegan a ser obsenos en muchos casos. Si el señor Brunner critica a las universidades, supongo que deseará que estas aumenten sus aranceles, o no?… de esa forma serán los estudiantes quienes paguen la innovación en el país… en su lugar criticaría a la empresa privada nacional, que tiene harto de fundo y poco de emprendedora. Ahí es donde faltan ganas de innovar, porque en vez de financiar la creación de un software para la realidad chilena, prefieren pagar por que les enseñen a usar uno creado en el extranjero.

    Saludos

  • A mi tampoco me agrada Brunner, tomo excesivamente catalaxia. Gracias por el texto Carlos, que interesante como vas delimitando los conceptos para acceder al centro de la discusión, en este caso, el rol de las universidades. Comparto contigo la centralidad de la medición y de como, muchos profesionales de la política o expertos de ella, nos dan las mediciones, ocultando que es de creación humana y no una suerte de profecia de los datos. Si comparto la crítica hacia las estructuras universitarias, las cuales dado que han heredado el modelo tradicional de la universidad de chile, esperan sentados los recursos en sus parcelas de poder, sin salir a medir o experenciar con la realidad. No estoy de acuerdo con esta idea de la universidad – empresa, si con que las universiades sean tanto centros de docencia, como de investigación y desarrollo de negocios. Para eso se requiere variedad, descentralización y mayor nivel de autonomía universitaria, en donde no todo se lo lleve la Chile. Perdón, alguien conoce la universidad de Argentina, la universidad de Brasil, la Universidad de la Republica Bolivariana de Venezuela?

  • Un matemático que da solución a un teorema,como alguno de los de Peano,¿la podría patentar y sólo usarla los que paguen la patente?.

  • Antonio,

    Tipicamente, algoritmos no son patentables, así que la respuesta (que depende de las legislaciones nacionales) es en todas las partes que conozco: no.

    Saludos.

  • […] al mejor postor, como lo hace Correa) pero también las ideas (que se pudra la educación pública, como dice Brunner). Y estos personajes que no faltan en la Concertación son, sospecho, la razón de que no pocos de […]

  • Primero que todo, un cordial saludo a quienes postean este tipo de tópico en Internet. Pienso que una universidad que patenta y genera utilidades para reivertirse en si misma, no pierde de ninguna manera su calidad de tal. Tenemos el caso del MIT y la UCLA que tienen grandes utilidades por este concepto. En Chile, la Universidad de Concepción es la pionera en este camino (son famosas las patentes de la piel artificial y la madera roca), me imagino que por principios y por la visión de esta casa de estudios, las utilidades se utilizarán en las humanidades, artes y ciencias sociales tambien. Personalmente, creo que si los recursos son utilizados criteriosamente se potencia, sin duda, una casa de estudios.

  • Hola Marcelo,

    Sin duda que existen industrias en que hay una conexión íntima entre la investigación y el sector privado (el área forestal que tu citas es un ejemplo perfecto). Y en esos casos, bienvenida sea esa conexión.

    Lo de Brunner es distinto, porque la propuesta de la “empresa del conocimiento” tiene como objetivo cambiar la misión de la Universidad completa.

    Finalmente, te puedo decir con conocimiento de causa que en MIT, UCLA y otras Universidades tienen clarísimo su misión de generar conocimiento universal, y no estarían dispuestos a sacrificarla por el beneficio de un segmento particular de la sociedad o por intereses de corto plazo.

    Saludos.

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