Iniciativa Ciudadana de Ley

23 de Jul, 2007 | Por | 5 Comentarios

Michelle Bachelet firmó hace un par de días el proyecto de reforma constitucional que introduce a la institucionalidad chilena la Iniciativa Ciudadana de Ley (conocida en casi todos los países como Iniciativa Popular de Ley: ¿será que la connotación de lo popular en Chile da miedo? ¿Será que puede inducir a confusiones?). En pocas palabras, esto busca permitir que grupos de ciudadanos presenten al Congreso proyectos de ley para su tramitación y discusión.

De prosperar el proyecto, podría tratarse de uno de los hitos más importantes y duraderos del actual gobierno en términos de participación ciudadana, dando de paso un claro indicio de que no hay disposición a renunciar todavía a esta dimensión del proyecto de gobierno, por más que desde hace rato tantos alegremente la hayan querido dar por muerta. Saldría así Chile del poco honroso sitial que ocupa hoy al ser uno de los únicos países del vecindario que no contempla en su ordenamiento este mecanismo básico de democracia directa, deshonor quizás sólo comparable al de seguir hasta el día de hoy sin la figura del Ombudsman o Defensor del Pueblo.

Dos clases de aterrados objetores podemos aventurar que emergerán frente al tema (ojo: detractores de la Alianza y también –y fuertemente- de la Concertación). Primeramente estarán los promotores acérrimos de la tecnocratización de la toma de decisiones (el “extremismo de centro” del que aquí hemos conversado), quienes lo objetarán ya sea en nombre del principio de la representación, desde un imaginario liberal, o desde la tesis del riesgo y de la amenaza de la ingobernabilidad. Desde un imaginario más reaccionario, anunciarán (tal como ya lo hicieron en el S. XVIII frente a la entonces descabellada idea del sufragio universal) el advenimiento de la hegemonía de la tontera, o bien abiertamente del caos, encarnados en la participación de una masa ignorante y malentretenida.

En segundo lugar estará una parte importante del Congreso, que verá la Iniciativa Ciudadana de Ley como una merma más a sus ya restringidas funciones, o sea a la larga una piedra más al cuello que apurará la caída en picada de la valoración de los parlamentarios en las encuestas de opinión. Tenemos aquí un escollo crucial a la aprobación de la Reforma, la cual –siendo de tipo constitucional- requiere quórum calificado. Sólo podemos imaginar aquí cómo ha andado el conteo de los votos a la hora de impulsar la iniciativa. ¿Es realista esta percepción de amenaza? La respuesta dependerá mucho de los aspectos específicos que se incorporen a la fórmula de la Iniciativa Ciudadana de Ley en Chile (atribuciones sobre las urgencias, cantidad de firmas requeridas, carácter vinculante o no vinculante, etc.) Pero, yendo un poco más allá, quisiéramos creer que esto podría ayudar a “destapar la olla” del verdadero problema, más estructural y de fondo, que es el monolítico presidencialismo que tenemos, de Portales en adelante. Esta clase de omnipotencia del Ejecutivo –que no sólo es el único que puede introducir proyectos de ley con impacto presupuestario sino que además, por la vía de las urgencias, controla qué se discute y cuándo- se mezcla con la existencia de malos parlamentarios para signar la irrelevancia de éstos para la ciudadanía, pero también hasta cierto punto la explica.

La experiencia comparada muestra que en los países donde existe la Iniciativa Popular de Ley ésta se usa poco, mucho menos de lo que los afiebrados temerosos de siempre fantasean. Es una herramienta que es importante para la calidad de la democracia, no tanto por su rutinización como por su existencia. Veremos si aquí llegamos a tener la opción de comprobarlo, o si “por nuestro propio bien” acaban por no dejarnos ser parte de la muestra.

5 Comentarios

  • En Chile hay más de 30 mil leyes, ¿¡y quieren más!?

    Me pregunto si acaso la obsesión de la izquierda por regularlo todo es un resabio de esa maravilla llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde estaba todo regulado. Ahora ojo, que los que más presentan proyectos de ley es… la Alianza por Shile. Como decía Hayek: “A los socialistas de todos los partidos…”

    Con todo respeto, pero creo que esta idea es necia. Es similar a la idea de los socialistas de todos los partidos de crear más diputados. El mundo al revés.

    Más leyes, más burocracia, más vericuetos legales que nadie entiende.

  • Rocío: interesante proyecto que debería traer devuelta la acción política y la política en acción a todos aquellos quienes no se sienten necesariamente representados por los parlamentarios.

    Supongo que un proyecto de estas características permite sentar las bases de un modelo de democracia que reconoce la diversidad de las necesidad de sus ciudadanos y que además reconoce -sin darse cuenta me imagino- que son esos ciudadanos los primeros llamados a definir cuáles son sus necesidades, por tanto sus derechos. Creo que una herramienta como esta iría justamente en esa dirección.

    Saludos republicanos

  • Rocío:

    Efectivamente, creo que este es un proyecto interesante, más por lo que recnoce (que los ciudadanos organizados pueden tener ingerencia sobre las leyes que los rigen), que por los efectos concretos que pueda tener.

    Tengo, en principio, tres reparos:

    • el primero (conservador) tiene que ver precisamente con la validez del sistema representativo. Se supone que elegimos a los representantes en el ejecutivo y a los parlamentarios para que hagan, entre otras, la pega de generar leyes. Un canal “paralelo” no es, en algún sentido, quitar piso al sistema representativo? Para qué elegir representantes si luego queremos generar leyes más allá de lo que el ejecutivo proponga o lo que proponga el parlamento?

    • el segundo -y en esto estoy tangencialmente de acuerdo con ChL- es que para dar mayor peso a los ciudadanos en el sistema democratico chileno, más que permitirles levantar nuevas leyes, hay que darles mayor importancia a sus libertades, garantías y derechos. Y para eso, creo, lo que hay que modificar la Constitución. El resto es más bien un saludo a la bandera. Esa es la tarea mayor que, ya sabemos, Ricardo I sepultó por varios años al ponerle la firma a una constitución del 80 “enchulada”.

    • el tercero, y este es mi reparo principal (progresista), es que mientras no cambie el sistema electoral -binominal, sistema de inscripción y demases-, por más que un grupo de ciudadanos levante un proyecto de ley válido, éste pasará por el “filtro” de un parlamento dudosamente representativo y mal evaluado por la ciudadanía que, o bien rechazará, o bien modificará. Resultado probable: “gracias por presentar su proyecto… siga participando”.

    Saludos Matías

  • Estimados, Gracias por leer y comentar. Efectivamente lo que señala Tania es el horizonte hacia el cual debiera moverse un proyecto como este, el espíritu de profundizar la calidad de la democracia llevándola más allá del solo régimen. Ahora bien, los reparos que plantea Matías yo los tomaría más bien como llamados de atención sobre los desvíos que pueden ocurrir en la ruta hacia ese horizonte. Respecto a ellos, diría lo siguiente para empezar a conversar: a) Sobre el tema de la representación, hay una diferencia importante entre las iniciativas popular de ley “vinculantes”, que son aprobadas por directamente por referendo sin pasar por el parlamento (donde podría ocurrir lo que señalas), y aquellas no vinculantes, donde el proyecto entra a discusión parlamentaria y sigue el proceso ordinario de toda ley. Creo (no tengo sustento para afirmar nada ciertamente) que aquí la cosa irá por el segundo lado. De lo que se trata no es de genera un “legislador alternativo”, donde por cierto la legitimidad puede ser dudosa (aunque haya requisito de cantidad de firmas, ¿quién me asegura que lo que quiere ese grupo de ciudadanos es de interés general? ¿qué pasa con los intereses corporativos?); sino de ampliar los posibles orígenes de los proyectos de ley. b) Con el segundo reparo estoy de acuerdo: esto no es suficiente; pero creo que una cosa no quita la otra. El tener más herramientas -incluso parciales e imperfectas- para reclamar por derechos y poner temas puede fortalecer la capacidad de la ciudadanía de reclamar para que estos se efectivicen, e incluso para presionar por un cambio de Constitución. El orden no tiene por qué ser: primero, cambio de constitución; segundo, todo lo demás. Por otra parte, ojo que la ICL parte por un cambio constitucional (lo que Bachelet impulsó ahora fue un proyecto de reforma) porque para que otros actores puedan generar leyes hay que cambiar la Constitución. Por lo tanto, quién dice que no se puede meter un caballo de troya por ahí? c) Es verdad que decir que el proyecto generado por ciudadanos quede bañado de legitimidad al pasar por el Congreso (lo que decía en el punto a) implica asumir que tenemos un Congreso representativo, y estamos de acuerdo en que no es del todo el caso. Ahora, no estoy segura que esto necesariamente implique que los proyectos de ley no prosperen. Podrían gestarse alianzas entre parlamentarios y ciudadanos que, expuestas por cierto a cooptaciones, farandulización e instrumentalización, podrían también tener buenos resultados no clientelistas. No digo que vaya a ocurrir necesariamente así, pero sí que al ampliar las voces que ponen temas puede haber efectos insospechados. Eso por ahora, saludos!

  • […] no exista un proyecto de ley con suma urgencia para lograr una iniciativa popular de ley todos los intentos de “escucha activa” no serán más que un intento de remedo de una […]

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