Transantiago, o el exceso de confianza en los expertos

05 de feb, 2007 | Por | 26 Comentarios

La modernización reciente de Chile es más o menos evidente, pero no necesariamente ha venido acompañada de un aumento en los niveles de desarrollo. Transantiago -el Megaproyecto llamado a subsanar uno de nuestros mayores rezagos en el camino a la modernidad- es un buen ejemplo de esto. Calles llenas de hoyos, máquinas contaminantes, mal mantenidas y ruidosas; conductores estresados, drogados, mal pagados y prepotentes; gente colgando en las pasarelas de los buses, pasajeros tomados y dejados en tercera fila; dirigentes y empresarios incompetentes o derechamente mafiosos, chanchullos (recuerdan los cobradores “automáticos”?) y otras hierbas, son la expresión de un sistema que da cancha a las peores prácticas por parte de empresarios, conductores y usuarios.

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En un país que durantes los gobiernos de Eduardo II y Ricardo I se “enchuló” como nunca antes en términos de infraestructura, el transporte “público” de la capital es una espina clavada, justo en medio del ego del jaguar. Así, Transantiago se levantó como proyecto estrella desde su primer esbozo, la culminación –junto con las supercarreteras urbanas- de la modernización.

Y el primer esbozo era prometedor. En presentaciones del 2003 y 2004 descargadas de páginas oficiales, el Proyecto era una maravilla. En un país que ha basado su modernización en la impecabilidad técnica (nuestros ingenieros están muy bien preparados en el plano técnico), Transantiago no sería la excepción.

Lo que en Chile solemos olvidar, sin embargo, es que los sistemas técnicos interactúan con –y sólo tienen sentido en función de- sistemas sociales, menos tecnificables, más complejos. A cinco días del estreno del nuevo Sistema de transporte, el encontrón inicial con sus usuarios tiene cara de choque. Aquí les proponemos algunos elementos a discutir.

Lo primero y más obvio es que el diseño de política pública debe atravesar, inevitablemente, el páramo de la muerte que es el proceso propiamente político que tiene lugar entre el Power Point del tecnócrata y la puesta en práctica. En el caso particular de Transantiago, el proceso se complica porque (a) la implementación, incluso si la negociación política hubiese respetado el “espíritu” del proyecto original, es sujeto de imperfecciones, maquinaciones, malos entendidos, implementadores mal preparados, etc.; (b) al ser un “proyecto estrella” de un gobierno exitoso, se convierte en blanco favorito de una oposición que -ya sabemos- en Chile es particularmente troglodita: lo bueno y lo malo lo evalúan de igual forma: dándole de martillazos a ver si se rompe; (c) ninguno o casi ninguno de los políticos que participaron del proceso son148523933_545f81014a.jpg usuarios de transporte público, por lo que el proyecto es sujeto de especulaciones y/o confianza ciega en la palabra sacra del Técnico (la otra opción es efectivamente escuchar a los usuarios –NO “encuestarlos”, sino escucharlos-, cosa que me atrevo a dudar haya sucedido sistemáticamente en este caso); (d) si los operadores del nuevo sistema son en su mayoría los mismos personajes a los que se arrebató las cuotas de poder que habían acumulado en el sistema anterior, es bien probable que la implementación esté sujeta a presiones más allá de la técnica, al menos en su primera fase. En este esquema de Diseño, Negociación, Implementación, el tecnócrata pone todos los huevos en la primera canasta, y luego se conforma con rezongar que “los políticos son atroces” o que los funcionarios “son pencas”.

Segundo, el tecnócrata cree que no existe algo así como la “cultura”, y si existe no es sujeto de diseño o gestión. Así, en el apresto a Transantiago se hizo convivir durante casi un año a las “amarillas” y a los buses del nuevo sistema. Para la mayoría es más o menos obvio que al intentar generar una nueva cultura, insertándola en el seno de una cultura fuerte ya existente, la primera es absorbida por la segunda: hoy los conductores de Transantiago manejan tan mal como sus colegas del sistema saliente, y los pasajeros no hacen la diferencia: se perdió la oportunidad de establecer una distinción clara en la cabeza de los usuarios respecto de los dos sistemas, y esa pérdida no la parcha ni Zamorano.

Tercero, una diferencia entre modernización y desarrollo es que para desarrollarse hay que cambiar los modos de convivencia, mientras que para modernizarse basta comprar nueva tecnología y desechar la vieja, cambiando el modo de producción. Lo que hace a un sistema de transporte público ser desarrollado, más que las máquinas, las tarjetas de prepago o la calidad de las calles, es la forma en que la gente interactúa con ellas. Pero para ello hay que convencer de que la nueva modalidad es beneficiosa. El sistema actual es inseguro, pero los viajes son rápidos (qué prefiere el obrero que ya hoy pasa tres o cuatro horas al día sobre una micro?). El sistema actual es irregular en sus horarios, pero su cobertura es altamente eficiente (en casi todos los barrios de santiago hay una micro que pasa a menos de cinco cuadras de cualquier punto del barrio). El actual sistema es contaminante y ruidoso, pero es barato. Y lo más importante: conocemos el funcionamiento del actual sistema de memoria (“me lleva por cien?…”), y alrededor de él se ha formado una cultura y un mercado (“le vengo a ofrecer por encargo de la importadora…”; “A 10 la collera, el Juan te lleva 15…”; “Lo que acaban de escuchar son dos temas del folklore latinoamericano…”). El exceso de confianza en la técnica nos hace olvidar la inercia de las costumbre-la tradición- y suponer que los patrones culturales no existen: todo es un problema de incentivos, ¿no?83992543_c9c176834f.jpg

Finalmente, la pata más débil del apresto al nuevo sistema ha sido el área comunicacional. Decir a las personas que el nuevo sistema va a mejorar sustancialmente su vida, sin anunciarles que deberán pagar costos, hacer esfuerzos y pasar malos ratos, es una torpeza. Instalar los nuevos paraderos en enero y febrero (a días de inaugurar el sistema) no sólo genera la sensación de improvisación, sino que minimiza el costo para los habitantes de la ciudad (obviamente se estaba pensando en eso al agendarlo), y hace olvidar que cambiar el sistema de transporte de cinco millones de personas no es chiste: probablemente los únicos que han hecho bien esta pega es la gente del Metro. Si no se convence a esos cinco millones de que habrá que hacer un esfuerzo común, y de que la transición al nuevo sistema puede demorar varios meses, en marzo habrá cinco millones de expectativas frustradas, dispuestas a boicotear el sistema al primer llamado de Moreira, aunque todos sepan que Moreira la última vez que vio una micro fue cuando lo metieron al bus de pacos, histérico como cualquier vieja pinochetista.

Si hay algo que aprender del proceso es que para lograr el desarrollo no basta con modernizar, y que el exceso de confianza en la técnica es peligroso. Ya está lanzada la bolita: quedan cinco días para el inicio de Transantiago y poco que hacer a estas alturas más que apoyar el nuevo sistema ante cualquiera que, como este columnista, se ponga odioso (a partir del 10 de febrero me escribiré comentarios a mí mismo ensalzando las bondades del sistema). Así es que a pagar con Bip!, bancarse los aprietes en el metro y las demoras y sonreír al chofer del nuevo recorrido. Con tal de olvidar las micros amarillas, !bienvenido Transantiago!

(la imagen de Transantiago la tomamos de aquí, la niña de aquí, y la del payaso de aquí)

26 Comentarios

  • Me siento un poco aludido por este post. Resulta que soy ingeniero en transporte y a mi me da la impresión de que hay 2 técnicos en este cuento. Primero está el técnico que trabaja dentro del gobierno y que inevitablemente se ve sujeto a las restricciones políticas del tema. El otro es el técnico que no le trabaja al gobierno y que puede tener una visión distinta. Los académicos del área (los de la Chile y de la Católica por lo menos) han pasado años tratando de llamar la atención a las autoridades sobre posibles errores estratégicos, tácticos y operacionales del transantiago… pero los políticos no los han escuchado mucho.

    Entonces, si transantiago falla, me parecería injusto culpar a los tecnicos (ni a los primeros ni a los segundos), pues son los políticos quienes han tomado las decisiones finales.

    Claro que como son políticos (y zorros) se las van a arreglar para culpar a otros… obvio.

    Sólo quería dar mi humilde opinión. Muy buen Blog, felicitaciones

    Si quieren leer más sobre el sistema de transporte en Santiago visiten nuestro blog: http://mataderopalma.blogspot.com

  • Ricardo:

    Lo que quería destacar en esta columna es precisamente la tensión que se refleja en tu comentario. El rol del técnico es el de elaborar diseños y sistemas de alta calidad para la resolución de los problemas que se le plantean, y eso en Chile se hace en general muy bien.

    Sin embargo, en política pública la impecabilidad técnica es sólo una componente. Si un arquitecto diseña una casa en la playa “perfecta”, basta con el OK del mandante. Si un diseñador de aviones hace lo suyo, basta con cumplir normas técnicas preestablecidas. Pero en política pública la negociación política (que por definición NO es técnica) es parte sustancial del proceso (si no, tendríamos una dictadura de los técnicos). “Lidiar” con los políticos esparte de la pega. Si el diseñador de política pública no considera las variables propiamente políticas y los elementos culturales, entonces no está haciendo bien su pega. Confiar ciegamente en el técnico y luego ponerse a rezar es hacer sólo parte de la pega. Por eso digo que hay un exceso de confianza en los técnicos: con eso no basta. Más allá de la técnica hay un mundo político y uno social con los cuales lidiar. Cómo lo ves tú?

    Gracias por el comentario y las felicitaciones, y ojalá sigas visitando y discutiendo con nosotros. Salud!

  • Qué buen post!!!

    En mi opinión republicana ese “diseñado de política pública no considera las variables propiamente políticas y los elementos culturales” puede ser entendido por un término interesante, y aquí cito a Sergio Spoerer cuando habla de la Dimensión Deliberativa de la Política Pública (PP). Resulta que hoy, y no se trata aquí de desmerecer el trabajo del técnico – en lo absoluto!!!!!- si hablamos particularmente de políticas públicas y de los efectos que las decisiones derivadas de esas PP tienen sobre las personas no se puede dejar abajo de la micro -y vaya que aplica aquí- a los reales usuarios del servicio. Como bien dices no se trata de una encuestita a lo diario, se trata de hacer buenas preguntas.

    Me molesta muchísimo, por ejemplo, que la televisión esté haciendo una contracampaña -no puedo llamarla de otro modo- del nuevo sistema, augurando cada mañana en su formato matinal, que el nuevo sistema colapsará. Entonces cuando creo que un técnico va a dar el mejor argumento para explicarle a un periodista oporunista como se va de tal calle a tal calle, y no es capaz de hacerlo, no me queda más que esconderme bajo las sábanas.

    E insisto, no es falta de conocimiento experto, no es poca capacidad del técnico, es no tener en cuenta una serie de variables que a la hora de darle legitimidad y valoración social al nuevo sistema de transporte nos resta tanto como si volviéramos a andar en liebre.

  • Ale la asesina dice:

    Buen post. ¿Cómo pensar una política pública que sea capaz de integrar la dimensión técnica y política en una tensión movilizante?…. Sobre lo que dices Tania, me parece francamente horroroso. Porque yo lo que leo, es que ha sido Televisión Nacional quien ha liderado la campaña “Transantiago nos llevará al caos”. Y detrás de eso, a mi lo que se me imagina es un montón de políticos diciendo: en vista que creemos que va a quedar el caos, mejor que nos pongamos el parche antes de la herida. Y ahí, la sacada de piso se ha notado. Por que a la par ves a “buenos funcionarios y técnicos” que andan defendiendo el proyecto en la calle, mientras los rostros andan sembrando el pánico. Yo no se en qué simulador político metieron los datos para haber decidido autoflagelarse antes de tiempo. Y Matías: Yo también voy a andar defendiendo esto….

  • Matías,

    primero que todo muy bien hecho tu post, un aporte a la discusión que está y que se viene con más fuerza con la puesta en marcha de transantiago. Sin embargo estoy en desacuerdo con varios de tus comentarios, en particular con todos en los que hablas del exceso de confianza de los técnicos, ceguera o ignorancia de la existancia de una cultura en la cual insertar un modelo que en el papel luce bien. Voy a seguir con lo de echarle la culpa a los políticos… porque la cosa es así. Si a Transatiago le va mal no es por que los técnicos fracasan en todo lo que tú mencionas sino porque la política viene mal de raíz, porque a Lagos le gustaba hacer autopistas y metro y no tener un buen sistema de buses, por eso todos los esfuerzos han estado en desarrollar fantásticas carreteras y fastuosas líneas de metro… dejando casi sin ningún centavo a los buses. Contra eso ¿qué se puede hacer? ¿es culpa de los técnicos también? Ignoro si los asesores hicieron ver el error (quiero pensar que sí, pero no lo sé con certeza)… aquí sí puede haber una falencia, el fracaso a la hora de mostrar cómo se deben hacer las cosas realmente, pero con lo autoritario que era el socio anterior creo que tal tarea era simplemente imposible. Los políticos dicen que hacen lo mejor para el país, pero al final hacen las cosas que creen les van a dar más votos, nada más, grandes obras con grandes placas recordatorias.

    Luego, como la cosa viene podrida de raiz (imagino que la orden a los técnicos fue algo así como “no hay plata para infraestructura para buses porque preferimos hacer metro y subsidiar la costanera norte, pero vamos a tratar de traer buses bonitos y que contaminen menos, hagan un buen diseño bajo estas condiciones”) no se puede hacer nada muy bueno en el papel, menos al llevarlo a la práctica… por lo que creo que el tema no va por como lo planteas, por una ceguera o falta de previsión al tratar de llevar a la calle un modelo que en teoría es perfecto, la solución a todos los males, pues tal modelo nunca existió, porque las condiciones o restricciones impuestas no se lo permitieron.

  • Alejandro:

    gracias por el comentario. Debo insistir en el punto, aunque me temo que nos podemos estar metiendo en un zapato chino de la discusión… Creo firmemente que el rol de un técnico en el diseño de políticas públicas es, precisamente, realizar diseños factibles: una técnica de lo (social y políticamente) posible. Es decir, hacerse la pregunta: por qué “a Lagos le gustaba hacer autopistas y metro y no tener un buen sistema de buses”? Lagos podrá ser muchas cosas, pero tonto no es. Es que es más “cool” una línea más de metro que toda una ciudad con un sistema de buses de clase mundial? Será más rentable políticamente? Cómo es que Metro ha logrado hacer interactuar los intereses políticos, la percepción ciudadana, el comportamiento de los usuarios y la impecabilidad técnica? Qué de eso le faltó a Transantiago en su deiseño?

    Ojo, mi intención no es denostar a los técnicos. Creo que en Chile son de muy buen nivel y hacen bien su pega (más aún, creo -quiero- que transantiago va a funcionar bien luego de un transiente de un año o algo así). Lo que quiero recalcar es que el sistema público en su forma de diseñar políticas tiene un exceso de confianza en ellos: cree que con un buen diseño basta, y tiende a olvidar la inevitable interacción con la sociedad en general y el sistema político en particular. Así, decir que “la política viene mal de raíz” puede tener asidero en este caso en particular, pero es echarle la culpa al empedrado, en el sentido de que con esa explicación no hay solución posible. La interacción con los políticos debiese ser parte de la pega, no una molestia “exógena”. Mal que nos pese, a Lagos lo elegimos entre todos democráticamente: es (algo así como) el representante de los intereses populares, y es el buey con el que había que arar. Eso lo sabíamos desde un principio. Si no, lo que tendríamos sería, insisto, una dictadura de los técnicos: políticas técnicamente “perfectas” sin que el ciudadano pueda decir ni pío… aunque sea por intermedio de un “político atroz”. Salud.

  • [...] la blogosfera no se queda atrás, desde hace mucho tiempo se lee un montón de post criticando el transantiago, incluso argumentando idioteces del tipo “así no somos [...]

  • Matías: muy buen post. Concuerdo contigo en aquello del choque cultural y en el excesivo fervor que a veces se tiene con los diseños técnicos por parte de los politicos. y esto pasa todos los días: con la famosa reforma de la educaciòn, con la reforma previsional, la laboral y la de salud. cuando uno entra a informarse de los miembros de esas comisiones ve una segudilla de nombres de respetables y curtidos técnicos. pero no así de alguien que represente el sentido de los usuarios y afectados -en el amplio sentido- por estas polìticas públicas. y aquí hago link con lo que dice Alejandra de las politicas públicas y le tensión con la polìtica-politica por llamarla de una manera. Creo que acá hay una decisión polìtica que deja de tener piso cuando los diarios, las encuentas y los matinaleros exacerban los errrores y fallas que de por sí tiene el sistema, antes de su inicio. en ese momento los “culpables” son los técnicos y el ejecutivo. y los expertos señores como el Senador novoa, que sí sabe de maqunas, pero no precisamente de las que andan por la calles. el gobierno a cometido errores como iniciar una campaña de manera tardía, a semanas de la puesta en escena del transantiago. una campaña que bombardea tanto como la de los medios en su contra, que a la larga confunde y satura. Nadie repara ahora en que uno de los retrasos se debiò a la promesa imcumplida de una empresa chilena de TIC que prometiendo la soluciòn y ganando una millonaria licitaciòn no pudo dar con el sistema para distrubir los pagos, con el que opera el AFT. y los costos que ellos significó. Tampoco entiendo muy bien el sistema, pero creo que ha faltado compromiso de todos por sdacarlo adelante, mucha mando escondida tirando la piedra, mucho tejado de vidrio y harto càlculo corto.

  • Una de los mejores reflexiones que he leido…

  • Hay que discutir y dialogar,los políticos deben estar sintonizados conla gente y los técnicos deben sintonizar con los políticos y la gente. Ahora han aparecido grupos que pretenden “participación ciudadana total” en cuanto al TS. ¿van a poner una micro para cada casa, para SU casa? ¿esas personas saben que con una mejor gestión se pueden subsanar problemas que para el hombre de la calle implicaría sólo “agrandar las calles y comprar más máquinas”? No pretendo con esto dejarlos a todos de tontos pero es verdad que para eso necesitamos a los expertos…

  • La verdad es que desde un inicio en el ambiente técnico se planteó cual iba a ser el problema. Un académico cuyo tema es la economía del transporte me lo explicó descarnadamente así: -2000 millones de dólares en autopistas. -2000 millones de dólares en Metro. -Qué futuro tiene un proyecto sin ningún presupuesto?? (micros)

    Cómo dicen por ahí, hay que poner la plata donde se pone la boca.

    Creo que echar a andar el transantiago así tal cual es la movida política más inteligente de los técnicos que saben de transporte urbano.

    De hecho, la apatía y licitaciones desiertas del ministro Estevez (pero si inauguraciones de metro y licitaciones de autopistas, de dudosa rentabilidad social) dieron paso al empuje y plazos del ministro Espejo.

    El objetivo es enfrentar a la sociedad y los políticos de todos los lados a la encrucijada del tipo de transporte urbano (y de paso al tipo de ciudad) que queremos. De golpe y porrazo desnudar las carencias del Plan para decidir volver al sistema de minipymes (con 50años de experiencia llego a su tope) o pensar de una vez por todas en un sistema integrado y gestionado como lo que es: un monopolio natural producto de las economias de escala y de red, con grandes externalidades positivas para la ciudad.

    Dadas las restricciones presupuestarias la transición no pudo hacerse con exceso de buses para de ahí comenzar a operar mejor y sacando hasta quedar con lo operativamente adecuado. La válvula de escape son los usuarios, de forma que políticamente no queda otra que empezar a hacerle caso a los expertos para no quedar con el plan a medias. A medida que el Estado subsidie infraestructura específica (corredores, estaciones con zonas pagas, etc) el sistema funcionará más fluido e incluso bastará con la flota de 5600 modelada. Probablemente el sistema logre operar con una tarifa similar a la actual (quizás el metro no lo logre, tal cual como en todo el mundo), pero la infraestructura deberá excluirse de la tarifa (no es tan grave, pues hay externalidades positivas).

    Como el uso diario del auto particular tiene a su vez externalidades negativas, pensar en una tarifa por congestion para ciertas zonas (al estilo Londres), puede ser una buena forma de cofinanciar TS. Además, los usuarios de autos son los únicos que hasta ahora han mejorado notablemente su situación: descongestión en las principales avenidas producto del ordenamiento en troncales.

    Por otro lado, un crecimiento del uso del auto, dado el cambio relativo de condiciones en las calles, puede comerse toda la ganancia de descontaminación del plan (los autos contaminan más por pasajero transportado) e incluso posteriormente comerse la descongestión ganada (un auto ocupa 10 veces mas espacio por pasajero).

    Despues de una semana pienso que la terapia de choque en verano fue un acierto, ya la gente paga con tarjeta sin problemas y a su vez los con mayor facilidad para adaptarse orientan a sus familiares y vecinos, supliendo la escasa información oficial (que aunque fuese abundante, igual sufririamos).

  • Excelente tu reflexión Matías!! Gracias. Quiero decir que la idea teórica del Transantiago la apoyo , como tú dices , el modelo chorreaba por todos lados: no es necesario ir muy lejos para verlo. Basta con ir a grandes ciudades del “barrio”, aquí al ladito. Quiero apoyar dos temas que tú planteas. 1) Los políticos y los técnicos y los empresarios que tienen que ver con este proyecto no son usuarios del sistema y eso demuestra nuestro subdesarrollo. 2) En el tema de los técnicos, estoy de acuerdo contigo Matías y con tus agregadas explicaciones de lo que querías decir. Yo sólo me pregunto ¿cómo un técnico puede sentarse a realizar un proyecto que implica uno de los cambios culturales más grandes de los últimos treinta años y no extrañarse de no encontrar como contraparte a otros técnicos en antropología urbana, en sociología urbana, a psicólogos ¿cómo no extrañarse de que no haya delegados de los municipios? . Por el éxito de su trabajo: ¿cómo no exigirlos? ¿Será el exceso de confianza del que habla Matías? 3) y quiero agregar algo que me tiene literalmente “mal”: cada vez que me bajo de un bus trocal , me duele mi cuello, ,me duelen los músculos que encajan en las cervicales, los hombros. Tengo 62 años y mido 1.63: tengo que viajar en puntas de pies -llevada y traída por aceleraciones, frenadas, paradas y rodeada de un mar de gente. Esos buses no están diseñados para la altura promedio de los chilenos. (¿?) 4) Me ha llamado poderosamente la atención el que FONADIS no haya aprovechado la oportunidad de la puesta en marcha de Trs para educarnos sobre la obligatoriedad de dar el asiento al que viaja de pie y es más discapacitado que el que viaja sentado.

  • [...] de Transantiago en Plataforma Conflicto Sonda-TIMM Recomendado: Transantiago, o el exceso de confianza en los expertos   Permalink | English | Imprimir | Enviar por Mail | Inicio | [...]

  • Estimados:

    muchas gracias por sus comentarios! Creo ahondar en este minuto en los chascarros del primer mes y medio serviría sólo para aumentar el coro de quejas. Ahora a esperar que el nuevo Ministro haga andar la máquina (las de fierro y de las otras a las que hace referencia Marcelo).

    Nelson: muy de acuerdo con tus comentarios. El trabajo de los expetos, sin embargo, tiene dos patas: diseñar con impecabilidad técnica (esa es la parte “fácil”) e interactuar con una clase política que no siempre les compra los diseños “al contado” (esa es la parte difícil… pero es parte d ela pega). No sé si precipitar una situación como la que hemos experimentado sea “la movida política más inteligente de los técnicos”. En fin, veremos cómo decanta esto en unos meses.

    Dorys: comparto tu reflexión… pero creoq ue en Chile no debe haber demasiados ingenieros que se extrañen o se espanten si no ven un sociólogo en la mesa de trabajo. Aún nos falta para eso. Respecto del tema de las discapacidades y la “ergonomía” de los buses, creo que buena parte se solucionaría si hacienda se hubiese metido la mano al bolsillo para invertir en infraestructura vial (los 200 millones de dólares que menciona Nelson), que evite andar a los tirones por calles llenas de hoyos.

    Por ahora, a seguir apoyando el proyecto y mirar con distancia y recelo los énfasis que pone la prensa, que es tema como para otro artículo.

    Saludos.

  • [...] pocos han caído en cuenta de que remplazar un viejo sistema completamente colapsado, pero al que estamos [...]

  • Matías, Tarde comento pero recién he podido hacerlo. Muy buen artículo! Un solo comentario -que no apunta a reabrir el coro de quejas: Al menos una parte de la incompetencia de los “expertos” para lidiar con la política pasa en mi opinión por la formación que dan las Universidades. Aquí hago el mea culpa por el rubro: pensamos en las mallas.

    Estoy pensando en ramos puntuales quizás (“formación de políticas públicas”? “estrategias de negociación política”? “proceso político local”?), pero muy fundamentalmente en una mirada que debiera atravesar en forma transversal los ramos de varias profesiones. Lo hemos conversado otras veces en La República, y es un tema que de todas maneras quienes estamos más cerca del mundo universitario tenemos que empezar a poner. Esto implica, por cierto, contar con profesores dedicados al ejercicio profesional en contextos contingentes que puedan insumar a los futuros profesionales con experiencias concretas de interacción técnico/política (y esto pasa por ir contra el sesgo academicista que prima en varios espacios).

    Saludos!

  • [...] ocurrido el pasado jueves 29 de marzo es fruto de todo esto y mucho ms: medios, Transantiago, ciudad de la inequidad, vandalismo. A m, slo me da susto una frase que escuch en televisin [...]

  • Muy buena columna Matías, además creo que escogiste muy bien el título.

    Gracias a las otras personas que han comentado… es agradable leer sobre este tema sin las abundantes descalificaciones y reclamos inoficiosos. Parto por disculparme por mi intromisión, pues encontré este blog por casualidad y no pude evitar escribir.

    Mi comentario apunta a algo que tanto Dorys como Rocío mencionaron. Me parece que especialmente en proyectos con alta connotación social es imprescindible que los profesionales participantes consideren la real magnitud y el alcance de ellos. No concuerdo con que en Chile aún nos falta para incluir a un sociólogo en la mesa de discusión, creo que la participación multidisciplinaría es una necesidad imperante y ciertamente alcanzable para nuestro país (posiblemente no en plazo inmediato, pero confío en que ejemplos tan claros como este plan de transporte evidencien dicha necesidad). Es más, creo que un buen profesional (técnicos especialistas en transporte incluidos) debe ser capaz de visualizar en su real dimensión los proyectos que enfrenta. En este sentido, lo que vengo a hacer es una auto-critica:

    Nosotros (y me permito hablar en nombre de los ingenieros en transporte) no podemos dejar de notar que en proyectos de este tipo se está tratando con fenómenos humanos… no físico, no mecánicos. Al momento de medir, ajustar y calibrar el conjunto de modelos necesarios para diseñar un sistema de transporte de la envergadura del que está en cuestión, muchas de las variables que están en juego son si o sí de carácter social, no tomarlas en cuenta adecuadamente es más que simple soberbia, es falta de profesionalismo e ineptitud; si para incluirlas se requiere la participación de otro tipo de profesionales, entonces exigirlos como parte de los proyectos es un mínimo.

    Sin duda aquí hay errores de implementación, errores políticos y, de parte del gobierno, hay el mismo voluntarismo que llevo a cortar cintas en una alameda que se llenó de grietas poco después de su pavimentación (sólo que llevado a un proyecto que afectaría diaria y permanentemente a millones de santiaguinos). Ni nosotros (los técnicos), ni ellos (los políticos y responsables de gobierno) podemos ser tan soberbios de pensar que “la culpa es del otro”, aquí las metidas de pata fueron numerosas y el saco le cae a actores de todos lados… creo que el ejemplo de Transantiago debería servirnos para bajar el moño y actuar con más prudencia, con el fin de evitar que en nuestro país se siga desperdiciando el inmenso potencial de desarrollo que nadie duda que tenemos (digo “desarrollo” en el sentido mencionado por Matías, que creo que es el que queremos para nuestra sociedad).

    Gracias por el especio de desahogo y nuevamente disculpas por la intromisión…

    Saludos,

    Paula

  • Rocío: completamente de acuerdo con la carencia de las universidades en la formación política de sus profesionales. Creo que esto es en parte consecuencia de nuestras rigidísimas mallas de curso, que impiden formar profesionales más plurales, más amplios de mente y con capacidad de diálogo con otras disciplinas.

    Paula: Nada de disculpas. Este es un espacio abierto de discusión, por lo que tus comentarios más que una “intromisión” son una reconfortante recompensa a nuestra porfía de seguir escribiendo. Creo que el rol de la interdisciplinariedad (uf) como factor central en el desarrollo país -desarrollo científico, económico, pero por sobre todo, sociocultural- es un tremendo tema… creo que intentaré escribir algo al respecto.

    Muchas gracias nuevamente por sus comentarios. Matías

  • [...] Suecia?, ¿dónde están los seres humanos en el diseño de las políticas públicas? Ahí está el Transantiago, el financiamiento a la innovación, las concesiones de carreteras, las leyes sobre energía, la [...]

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  • [...] transporte público” -sin saber realmente a que se refería- poco hicimos caso de las advertencias de algunos a que no todo iba a ser color de [...]

  • [...] del entorno y la realidad social en cada uno de los puntos de la capital; para no repetir aquel exceso de confianza en los expertos que trajo los resultados de Transantiago, es importante entender la oportunidad de trabajar en [...]

  • Lo qué en otros lugares a demorado una cénturia Aquí chilito, lo pretendía llevar a cabo de la noche a la mañana. Imposible, por la simple razón de los paraderos no son los mismos(lugar) los trayectos y lineas ext El ser humano es animal de habitos y costumbres. Mudarles sus costumbres tan bruscamente. CHOCK! El Estado hizo mal con asociarse con privados. No cumplierón y era inminente(no todos). Trifulca, entredichos, paros. Hasta balasos! Desproporción tremenda. Primero qué nada, la gente tiene qué tomar consciencia, del porqué un nuevo sistema de transportes. Hasta el día de hoy, existen sujetos qué evaden el sistema de pago. No lo hacián con “Las amarillas”, y porqué ahora? O sea por algunos sin criterio, hay qué alzar pasajes, controles rigurosos. Con la porra en mano y agresibidad Es así qué el individuo entiende? Bueno el primer responsable es el Estado por sú meopía. Después la ciudadanía deja mucho qué desear. Están queriendo ser goberndos por las “Botas” una vez más. Vamos sí entienden!

  • [...] “estudios” se repite numerosas veces en la entrevista. Mal que mal, Halpern es un experto en comunicaciones. Con él a cargo, la campaña de Frei no escucha a la ciudadanía: estudia a los [...]

  • [...] penal en varios casos; falta de sensibilidad política en proyectos emblemáticos como Transantiago; el privilegio del “orden público” y la “gobernabilidad” por sobre la [...]

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