La Memoria en el Suelo

21 de Ene, 2007 | Por | 13 Comentarios

Desde hace varios meses, en la esquina de Avenida Los Leones con El Vergel, en la comuna de Providencia, están cavando un hoyo. Se derrumbaron casas, se botaron muros techos y sólo queda una cáscara de muros flacos pintados de colores, que apenas se sostienen sobre sí mismos. La grúa aún no ha llegado, al menos hasta el último día que pasé por ahí. Nada de esto es extraño o muy diferente a lo que está pasando en distintos puntos de la ciudad: empresas constructoras que compran casas ubicadas en zonas urbanas muy demandadas y construyen rentables edificios. Muchas de estas casas, que tienen valor arquitectónico -y por cierto, otras que poseen valor patrimonial-, han sido demolidas sin que haya mediado conflicto alguno. Hasta ahora hemos sido testigos de cómo algunos grupos ciudadanos han logrado constituirse para intentar frenar lo que ellos han considerado injusto o inadecuado respecto del desarrollo urbano de los barrios donde viven. Pero no voy a hacer aquí una crítica generalizada al tipo de desarrollo urbano en materia de construcción de viviendas, ni a los movimientos que han surgido a propósito de aquello.

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La esquina que he mencionado fue por muchos años el sitio donde estuvo mi colegio, el Latinoamericano de Integración, exactamente lo que sus alumnos llamábamos el “local grande”, donde nos cambiaban al pasar a 7° básico desde el “local chico” (la sede que estaba en Av. Los Leones con Las Violetas, lugar donde hoy se puede encontrar, por supuesto, un edificio). Como muchos deben saber, en las puertas del colegio fueron secuestrados -una mañana de marzo de 1985- José Manuel Parada y Manuel Guerrero, apenas unos minutos después de la entrada a clases. Al día siguiente del secuestro aparecieron degollados al borde de una autopista junto a Santiago Nattino, con claras evidencias de haber sido torturados. En el camino quedaban las balas en el cuerpo de un profesor –el Tío Leo- que intentó salvarlos, familias destrozadas y decenas de niños choqueados.

Por esto, cada vez que paso por ahí, sueno majadera: “Ese era mi colegio, que nadie olvide lo que allí ocurrió”. Pero, ¿cómo hacer para que nadie lo olvide?

Recuerdo en algunas calles de la ciudad de Colonia, en Alemania, unas placas de bronce incrustadas en el suelo, entre los adoquines de las veredas, frente a las puertas de los edificios. Sobre ellas estaba escrito el nombre de la persona que vivía justamente allí, y más abajo la probable fecha de su captura para ser llevados a los campos de concentración nazi. Me pareció una manera interesante de dejar evidencia y testimonio de lo que allí había pasado. Creo que una escultura o un monumento no siempre tienen la fuerza o el impacto que suponemos sobre quienes la están mirando o conviven con ella a diario.

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Por ejemplo, el monumento construido en honor a Guerrero, Parada y Nattino, si bien está emplazado en el lugar donde fueron encontrados sus cuerpos -que sin duda es un reconocimiento y testimonio de lo que ocurrió-, está en un punto periférico de la ciudad. Pero debería estar en el centro de los espacios públicos, precisamente donde ocurrió el hecho, para que no lo olvidemos. No basta que estén al costado de una autopista o bajo un puente. Debiese estar entre nosotros. No podemos olvidar que la violencia fue sistemática y cotidiana en dictadura, y que puede volver a suceder cualquier día, mientras ingenuamente creemos que nunca volverá a ocurrir. Lo peor que nos puede pasar es transformar la violencia en normalidad: de allí el paso al olvido no es muy largo. Por eso reivindico el valor de un monumento pequeño en sus dimensiones, pero grande en contenido simbólico, un recordatorio de que la violencia una vez se instaló en las puertas de nuestras casas.memory.JPG Alfredo Jocelyn-Holt dijo, a propósito de la declaración de la casa presidencial de Tomás Moro como Monumento Histórico, que

“Lugares que han sido objeto de violencia durante la dictadura deben recibir una protección especial por la implicancia que de su silenciamiento o anulación posible pueden derivar”.

Por eso, creo que no podemos dejar que nuevas construcciones se levanten sobre nuestra memoria, sin antes dejar allí un testimonio de lo que ocurrió. Si no podemos construir una plaza con los nombres de los asesinados, o una escultura que nos recuerde la esquina exacta donde cayeron, prefiero una placa en el suelo, con sus nombres completos, que sea un testimonio vivo para quienes pasen por ahí, para los niños que anden en bicicleta, para los ciudadanos de a pie que habiten los nuevos y rentables edificios.

(la imágen del colegio la tomamos prestada de aquí, la del monumento de aquí y la de la memoria, aquí)

13 Comentarios

  • Tania,

    No puedo estar más de acuerdo. Tenemos que pensar en la ciudad como un ente vivo, que cambia y evoluciona, pero también con memoria.

    Saludos.

  • Tania:

    mi hermano alguna vez me dijo, entre furioso y divertido, que había caido en cuenta de que la ciudad estaba “en reparaciones” (causándole malos ratos) para “hacerlo más feliz” en el futuro… pero que siempre sería así, nunca estaría lista.

    Esta característica de la modernidad (el crecimiento y el “desarrollo” en el centro de todo) tiene el costo de que barre con la memoria y tiende a eliminar la tradición, particularmen en modelos de “modernización” como el chileno.

    Debemos luchar contra esta tendencia, dentro de cada hogar, y en el espacio común. Me sumo a tu idea de la placas de la memoria… va a ser una pelea dura… ya conocemos el prontuario del alcalde de providencia. Debemos hacer que la conciencia y la crítica califiquen para el siglo XXI.

    Un abrazo, Matías

  • Creo que la idea de Tania debería ser un próximo proyecto Delarepublica.cl Hay tanto lugar por ahí que nadie sabe qué fue y qué pasó. Recuerdo haber tenido esta conversación con ella y cómo me acordé del Jardín Infantil de Macul que fue centro de torturas y de la sede de la Fundación para la superación de la pobreza, que también fue centro de torturas. Nada mejor que a partir de la señalización del espacio abrirle la puerta a un país más amplio de memoria. Porque así como vamos ¿sabrán mis nietos de todo esto?

  • Me pliego a la revindicación de la memoria y no puedo dejar de mencionar la furia que me produce la famosa frase “demos vuelta la página”. La memoria es la manera que tenemos de cuidar y cuidarnos de no cometer los mismos errores, de no tropezar de nuevo con las mismas piedras, de recorrer nuevos caminos y al menos intentar hacer las cosas de otra manera.

    Saludos, Andrea.

  • En el ultimo Clinic y aparece una entrevista a Javiera Parada, la hija de uno de los “degollados” (¡que fuerte llamarles así!), actriz, nieta de Roberto Parada y María Maluenda (dos monstruos del teatro chileno) y mi amor platónico por casi toda mi adolescencia. Ella, o como la muestra esa entrevista, es el mejor ejemplo de memoria viva, una persona que ha sido capaz de pararse con sus propios pies en el mundo, sin olvidar de donde viene, ni quien es, pero tampoco congelándose sólo en el dolor, ni mucho menos haciendo de su ser una “animita” viviente, como, con todo respeto, lo han hecho muchos familiares y de víctimas de la dictadura que hoy en día tienen esa condición por profesión y único quehacer en la vida. Bueno, es probable que por lo que les explicaba al inicio, mi opinión no esté cargada algun tipo de favoritismo… ¡¡bien Kadima, buen posteo!!

  • Toy super de acuerdo con lo que plantea Puccio, ahora bien, creo que el problema no es el “demos vuelta la página”, sino que aqui simplemente se arrancan las páginas y se botan a la basura. Y como no hay memoria, la historia se hace aun más fragil.

    Weno el post Tania!

    felicidades

  • Tania: excelente artículo y llamado de atención sobre lo fácil que es entrar en la dinámica del dar vuelta la página, de ver cómo se borra a punta de ladrillos y túneles las historias y los hechos que no debemos olvidar. he visto como la sencillez de la placa de en la entrada de la fundación para la superación de la pobreza nos deja en evidencia el horror de lo ocurrido en el lugar, pero también nos dice cuàl es nuestra historia y qué no debemos repetir. el ejercicio de la memoria siempre nos permitirá saber para dónde queremos ir.

  • Tania, qué bueno que lo hayas puesto por escrito, a ver si se puede hacer algo con esto. Medidas para construir memoria como ésta son fundamentales para no olvidar lo que la Hannah Arendt llamó la banalidad del mal, esto es: si pensamos que el mal vino de fuera, como una locura temporal, encarnada en seres insanos y esencialmente otros, estamos perdidos. El mal es parte de la sociedad, ocurrió -y ocurre- en medio de nosotros, EN nosotros, en la cotidianidad, en las calles por las que uno camina cuando va a comprar el pan; y las sociedades modernizadas de las que habla Matías más arriba, altamente funcionalizadas, donde el gesto se separa rutinariamente del contenido y del pensar, son pasto seco para que éste cunda. Veamos cómo levantar el proyecto. Saludos!

  • Hola Tania, muy buen espacio este que descubrí vía Techonrati. Estudié en el Latino y coincidentemente con el tema con el que inicias tu artículo, he seguido el caso de la demolición del colegio en dos tandas: una cuando recién las grúas comenzaron a hacer su trabajo por ahí por agosto y otra hace un mes, cuando ya no quedaba más que un gran hoyo en la esquina del Vergel con Los Leones. Un abrazo y felicitaciones por esta iniciativa, Pablo.

  • Querida Tania, antes de leer tu artículo lo único que me tenía realmente preocupada era que no se construyera una mole frente a la preciosa vista a la cordillera que tengo en mi departamento. Gracias por erizarme los pelos y recordarme que no debemos dar vuelta la página por nungún motivo…Me uno a la iniciativa!

  • Valentina Kaulen says:

    Este artículo y los comentarios posteriores me han identificado desde dentro…. pasé por esa esquina y no ver el Latino me impactó tanto que me bajé de la micro para darme vuelta por el pedazo de contrucción que ya no era. Impacto total. Silencio total por todo lo que ahi pasó y de lo que no queda rastro. Acabo de entrar a su excelente blog y además de sorprenderme por este tema, me dio mayor gusto saber que la Andrea y Matias son miembros. Y ya que vienen nuevos niños a este mundo, apoyo la idea de una cruzada vial por la memoria, para que cuando, más adelante vayamos por la calle y tengamos un enano que nos tire con su manita hacia abajo para encontrar respuestas, tengamos una oportunidad de contar la historia y hacer vívido el pasado en nuestra explicación… sin la señalización, sin los monumentos, las placas, las esculturas, será más difícil que los que vienen, recuerden.

    Felicitaciones por el blog!

  • Yo lo recuerdo…antes de cada manifestación de la feses (CAM) muchas veces me reuní con hermanos de ese colegio…ahí estaba la “Panda”,”el Chino”,”Ernesto” y otros que no recuerdo, todos activos jóvenes revolucionarios de la clase media que con sus acciones de propaganda y choque provocaban molestias a la dictadura…y grandes destrozos en la “propiedad pública y privada” jeje… Era bello entrar a vuestros baños, en cada cm2 un discurso, un poema, una proclama, una arenga…en cada uno de sus alumnos (en la gran mayoría) un joven comprometido en la lucha antifascista…lindos y entrañables días de combate y lucha…lindos murales y mucha alegría…JA Peyuco !!! se jodía!!!

    ROJOS saludos y fraternos y combativos abrazos a los ex LATINOAMERICANO de integración

    “el presente es de lucha y el futuro es nuestro” NO LO OLVIDEN

  • Hola Tania, de nuevo por acá, contento de ver que la memoria quedó instalada en el suelo, aunque sea de manera transitoria, mientras seguimos promoviendo su instaláción definitiva. Hoy pasé en bicicleta frente al latino (tal como lo dices en tu artículo) y fue un gusto ver que seguía allí. Saludos, Pablo.

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