La acción política y el liderazgo: el caso PPD

29 de nov, 2006 | Por | 3 Comentarios

En ocasiones, la política chilena nos sorprende con particularidades propias de su proceso político. Un período heredero de los proyectos políticos excluyentes del siglo XX, se confiesa hoy, ante su historia, dándonos luces en torno a su letargo en la acción política, la debilidad funcional de su democracia, así como la emergencia de liderazgos, que entre un variado crisol de tipos, dan cuerpo al orden político. Todo esto, en un contexto dónde los partidos pierden fuerza en sus roles de intermediación y proyectos mancomunados, irrumpiendo formas de acción -sólo mediadas por los mass media- entre personalidades y sus públicos electores.

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No se pretende demostrar una verdad histórica, sino más bien observar esta condición, en un caso concreto, como es el Partido Por la Democracia, ya que resulta ser un tipo de partido propio de la condición histórica chilena. Además, el PPD ha proyectado una imagen de partido que defiende los derechos de la ciudadanía ante las arbitrariedades del Estado y el Mercado, así como una imagen de partido con una organización partidaria dinámica y abierta a la participación.

En la actualidad el PPD ha sido el partido que más ha estado en la mira de la opinión pública, asociado a la malversación de fondos públicos y rendiciones de cuentas reñidas con la legalidad y la legitimidad de los actos propios de un Estado democrático. El PPD es un partido que nace en las simbólicamente convulsionadas etapas entre el fin del periodo de las reformas de mercado del gobierno militar y los inicios de la transición. En él convergen múltiples identidades, múltiples sueños, pero además se conforma como receptáculo de una gran gama de individuos políticos que, por alguna condición particular, convergieron en el PPD. De ahí que en su proyecto político esté al centro la democracia, y es desde ahí mismo donde ha venido su debacle, en la disonancia entre aquello a lo cual se aspira y las prácticas, lógicas y orientaciones de la acción política que ha desarrollado.

Esta tensión ha dado pie al interior del partido a interesantes reacomodos y posicionamientos de liderazgos. Este es el punto que pretendo abordar en esta columna imaginaria, ya que de pasada se puede realizar un pequeño análisis político sostenido desde el enfoque del liderazgo, aportando con ello a la discusión en torno al futuro de la democracia en Chile y sus principales actores estructurantes: los partidos y sus dirigentes. Con esto se asume una perspectiva por tratar de proyectar una salida al problema, la cual emana de las propias contradicciones del PPD, esta vez orientado a partir de programas concretos de desarrollo al interior y como propuesta al país, liderado por su mejor hombre, Ricardo Lagos.

Estos elementos plantean una serie de cuestiones: ¿Dónde esta el proyecto de partido del ppd? ¿Cuáles son los códigos de la lógica de “operar”? ¿Dónde están los garantes de la probidad pública, militantes del partido? ¿Dónde están los sujetos que asumen que pueden ser parte de los proyectos políticos, y con ello poner sus manos en la rueda de la historia? ¿Qué hace a un partido exitoso? ¿Es necesario alinear un proyecto político a una figura particular?

En una condición moderna y de sociedad de masas, la política se ha posicionado como un sistema funcional de la sociedad, lo cual ha llevado a organizar formas de acción colectiva, que transiten y conecten los fundamentos, intereses, pasiones, miedos y bajezas de la condición del ciudadano, con aquellas instancias de toma de decisión institucional, propias de los Estados y sus formas de organización nacional: heredera del viejo Estado portaliano, con un par de retoques republicanos y socialcristianos, pero de todos modos hijo putativo de una dictadura que transformó el panorama y espíritu de la acción política.

Asumiendo que esta discusión tiene muchas patas, se ha optado, como se señaló anteriormente, por mirar a los líderes de un partido. En el caso del PPD esto es posible en la medida que, al ser un partido que nace hace menos de tres décadas, ha utilizado los recursos de la nueva política. Esa política del mass media, personal y llena de marketing. A este respecto, uno a lo menos podría encontrar 6 sujetos que cumplen este tipo de perfil (y uno con su propio jefe de gabinete): Guido Girardi, Fernando Flores, Sergio Bitar, Jorge Schaulson, Nicolás Eyzaguirre y (el ex Presidente) Ricardo Lagos (y su escolta, Francisco Vidal).

En el primer caso, Don Guido, como se lo ha estado llamando con más intensidad durante este periodo, irrumpe desde su labor de fiscalización en el Sesma a la arena política. Sin embargo será desde el Congreso, primero como diputado y actualmente como Senador de la República, donde ha posicionado su poder, obteniendo principales roles al interior de su partido, inserción mediática, conexiones formales, informales y delictivas con el Estado central y sus recursos, constituyéndose de este modo en uno de los principales dirigentes políticos nacionales. Sin embargo, ha caído en desgracia, explicada en su complejidad en esas mismas pautas de funcionamiento político, construidas en beneficio personal de acrecentamiento de su poder. Demasiado ego. Ego que se ha puesto en jaque, luego de las declaraciones del mismo Guido que asume que sus acciones son en función de un mero rito legal. Como se decía hace siglos, la ley se acepta, pero no se aplica. ¿Logrará encumbrarse nuevamente Guido?

Por otra parte, Fernando Flores, viejo dirigente de la UP, con los años aggiornado bajo en influjo de las ciencias y los negocios, ha generado una de las interesantes intrusiones al sistema político chileno. En su megalomanía, ha sabido posicionar a su alero a una gama no despreciable de parlamentarios menores y dirigentes escindidos de las otras camarillas partidarias internas. Con un enfoque propio de la acción política norteamericana está poniendo en cuestión las lógicas cultivadas durante estos años de la nueva democracia, más que por un alto ethos político, por un afán de competencia política, en un escenario partidario en el cual no posee aún todo el peso específico y, que prefiere patalear a subyugarse a las lógicas mantenidas por los hilos de los jerarcas anteriores. De todos modos, ¿Qué querrá Flores?

Junto con Girardi, Sergio Bitar es otro de los fácticos del PPD. “Isla 10″ Bitar ha sido uno de los más importantes líderes de la transición chilena. Con fuertes vínculos en el empresariado y en la dirigencia política internacional, ha implantado un rasgo típico de los políticos del siglo XX. Esto es, la capacidad de proyectar genéricamente formas e idearios políticos, carentes de toda comprensión del tiempo y el espacio político en el cual se desarrollan las prácticas políticas. A Bitar se le pregunta en torno a los problemas de corrupción en el caso de Girardi y responde que estuvo en un encuentro de líderes progresistas en el cual se trató, entre otras temas, la corrupción, pero también el problema del cambio climático y la posibilidad lejana de una democracia mundial.

Dentro de esta misma tríada de viejos líderes del partido, aparece un Jorge Schaulson en la trastienda política. Schaulson, conectado en su ejercicio profesional los intereses de sus clientes con las instituciones públicas, se ha constituido en la actualidad en uno de los principales lobbistas nacionales. La privatización de lo político, un Correa del PPD.

En una línea moderna, pero ajustada a conocimientos en torno a lo político, Nicolás Eyzaguirre encarna ese Chile maduro, pero sin un aparato tras su liderazgo, ni inserción nacional. Parte de la fronda, este economista, ministro del Presidente Lagos, está cultivando ciertas conexiones con las nuevas generaciones sub 40 del PPD, apostando proyectos de cambio político, quizás demasiado elitizado por la nueva nobleza de las profesiones, pero que debieran ser operacionalizados en apuestas prácticas para el cambio en las estructuras partidarias, así como en las apuesta de cambio político en Chile. Un proyecto popular.

Finalmente Ricardo Lagos. ¿Por qué al final? Bueno, primero que nada porque, entre todos, es el único que ha sido Presidente de la República, así que se merece una mayor extensión. Además porque es el único que pareciera que no tiene interés en el partido, aún cuando tenga a Francisco Vidal con las riendas de un tercio del PPD. Finalmente porque Lagos es ”la” alternativa por conectar un proyecto político con un liderazgo. Lagos es en la actualidad el único que encarna el proyecto nacional hijo de la república conservadora, pero desarrollista. No es que yo esté de acuerdo con este proyecto político, pues también sé que las instalaciones de personalismos han sido un pésimo proceso en Chile como en América Latina, que han utilizado las arcas fiscales para imponer sus discrecionalidades, manipular medios, organizar movimiento social para su beneficio, generando un letargo y desapego en la administración pública. Pero con Lagos se pueden reactualizar proyectos, descafeinados: un proyecto de una concertación madura, que sabe que la política es tanto reformas políticas como administración férrea del poder estatal. Esto necesariamente debe emerger de una instancia de mediación. Los partidos pueden ser una opción, pero Lagos sabe que éstos no son lo que fueron previo al ‘73. Sí sabe que los puede ocupar, ya que éstos siguen cumpliendo el papel de reclutamiento de las capas dirigentes, así como los canalizadoras de demandas de la ciudadanía, y de grupos y organizaciones.

Lagos debe ocupar el PPD. Con ello lo puede renovar, ya no sólo en su estética, sino en sus formas de organización, objetivos y fundamentos para la acción. En este reacomodo, sería interesante llevar a cabo un proceso de recambio generacional, dando paso al posicionamiento de liderazgos como su propio hijo (¿posicionando una monarquía?) y figuras de segundo nivel, como parlamentarios y rostros emergentes.

Del resto, alianzas. Ya esta relativamente articulada la alianza Flores–Schaulson y la de Girardi–Bitar. La primera, destinada a un margen minoritario, debido a sus propias contradicciones de megalomanía–oligarquía, y la segunda, por el desgaste y deriva temporal.

Si tuviese que poner mis fichas, desde la convicción se las pondría a Eyzaguirre, pero desde la responsabilidad a Lagos. El atractivo de Eyzaguirre está definido en función de los atributos ligados a los fundamentos de la acción política, las prácticas que ésta debe encarnar, y la comprensión del sentido y tiempo histórico de los proyectos políticos.

Primeramente, se podría entender que Eyzaguirre asume la acción política desde el liberalismo, comprendiendo la importancia de la libertad individual y del rol activo del Estado en proporcionar las condiciones para el ejercicio igualitario de ésta. Además comprende la importancia de la acción proba del ejercicio público y político, pero también de las estrategias del poder por influir y legitimar su desempeño. Finalmente, comprende el contexto del mundo actual, el rol de Chile y el futuro de éste. Qué mejor que posicionarlo desde su partido, como apuesta de recambio partidario y como reacomodo de las fuerzas al interior de la Concertación. No hay que olvidar que para muchos decés y socialistas el PPD es un estorbo.

Lamentablemente, Chile y su gente son conservadores. Pero también es reformista: con los años se ha asumido una forma de entender la política como un proceso lento de cambios graduales. Esto es lo que representa Lagos, el republicano. Por esta razón, requiere llevar a cabo a través de instrumentos políticos (como los partidos, centros de pensamiento y fundaciones) sus propuestas y programas. De ahí que (le) sea propio asumir el PPD como un medio. Pero un medio capaz de llevar a cabo una política moderna, que logre ser una plataforma del liderazgo de Lagos, así como la relación entre la ciudadanía organizada y las instancias de poder. Ello pasa, sustancialmente, por asumir que esta ciudadanía no es sólo un público elector, sino además un collage de movimientos y fuerzas populares.

El futuro de la democracia chilena ¿Hacia dónde va? Por lo visto, no hacia la derecha. Aún tenemos una mediocre derecha. Tampoco tenemos una fuerza popular de izquierda que pretenda llevar a cabo procesos coherentes de cambio revolucionario. Por tanto, el futuro de nuestra democracia ¿está en la Concertación?, ¿y en Lagos? Bueno, yo prefiero en Eyzaguirre. ¿Usted?

3 Comentarios

  • Pancho: Interesantísimo tu articulo, coincido con tus caracterizaciones, sin embargo, no veo al ppd como un partido politico-ciudadano, sino mas bien como un grupo de poder que busca poder por poder y no ve al poder como un medio sino como un fin. Eso es preocupante. En esa linea, creo que lo señalas sobre Eyzaguirre da algunas luces, de que de todas maneras hay gente que puede cambiar esa obsesión Bitariana por el poder, por una opción efectivamente más ciudadana, y que dignifique un poco más a la política, y lo políticos de ese partido.

  • señor fransisco vidal, usted le dice a la prensa de que piñera fue imprudente en ir al Peru, la cual toda la moneda se molesto, y usted dice que hay que ser prudente, pero yo le pregunto a usted , a caso, ¿ peru ha sido prudente con los chilenos? ¿usted le parece prudente que ellos un dia en el congreso peruano hayan incendiado una bandera chilena? ¿ porque la presidenta Bachelet no hizo nada para reclamar esa imprudencia? ¿porque usted ha estado calumniando sobre la llegada de piñera a Peru si todo somos chilenos? usted esta en un error profundo y todo el gobierno, porque en vez de molestarse con el Peru que demandò a CHile, se molestan con nuestros compatriotas, eso se demuestra la debilidad del gobierno frente a esta materia.

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