Política Pública en la Trinchera

14 de Sep, 2006 | Por | 12 Comentarios

Por mi trabajo como psicóloga de un centro de salud familiar en Pudahuel, en que atiendo a personas con problemas de abuso y dependencia de alcohol y/o drogas, estoy realizando un diplomado de capacitación planificado por el CONACE y la Universidad de Chile.

Este ha sido un espacio de formación e intercambio de experiencias con otros profesionales que trabajan en el mismo ámbito, y es a partir de ello que quisiera plantear cuán a menudo se hace patente la reflexión acerca del alcance de las prácticas, las expectativas y el valor que le asignamos a ellas, y cómo éstas cambian dependiendo del lugar desde el que miramos e intentamos solucionar la “problemática” en cuestión, ya sea desde la mirada o experiencia técnica, administrativa o profesional.

En general, en este espacio delaRepublica se ha hecho bastante referencia y desarrollo temático acerca de las políticas públicas; sin embargo, en la esfera práctica -o como uno de mis compañeros dijo alguna vez, en la “trinchera”- podemos encontrar algunos matices no menos importantes de mencionar, como son por ejemplo: la capacidad de respuesta rápida a demandas inmediatas, la tensión entre las demandas del “sistema” (económico, administrativo) y las de las personas, entre otras. Es entonces en el contexto tanto de mi trabajo como de este diplomado, que quisiera socializar algunas discusiones y conversaciones que se han generado entre aquellos que trabajamos en la “trinchera” y aquellos que lo hacen en el ámbito más académico, proveyendo la base teórica, directriz muchas veces fundamental en la toma de decisiones respecto del quehacer y de la formulación de las políticas públicas. Es así que pareciéramos estar en una tensión permanente entre la “problemática económica administrativa” y “la salud ciudadana y sus metas”. Esto me hace pensar acerca de cuán necesario resulta generar contextos de conversación y discusión acerca de cómo las cosas se están haciendo. Uno de ellos puede ser un diplomado, aunque también pudiera haber otros, en los cuales hacer patente la importancia y la capacidad de cuestionar y poner en tela de juicio no sólo las prácticas, sino también los protocolos y las posibilidades de generar -con lo que tenemos- “mejoras”. Por supuesto la pregunta que sigue es: ¿cómo? A diario se nos presentan desafíos, y como ciudadanos de Chile que trabajamos en Chile y para (?) Chile, decidimos si tomarlos o no. Mi apuesta es tomarlos, pero también cuestionarlos y contrastar con los compañeros de trabajo la factibilidad de llevar a cabo las “exigencias” y el “cumplimiento de metas”. Mi apuesta es también que en esa discusión no se pierda de vista para quiénes hacemos lo que hacemos, pese a la tensión siempre presente: “tantos recursos es igual a tantas posibilidades”. Entonces ¿cómo administrar esos recursos de la mejor forma?, ¿por quiénes nos la jugamos?, ¿quiénes quedarán fuera?

En mi trabajo, la demanda de atención es significativa, mensualmente requieren tratamiento un promedio de 60 personas nuevas, además de las que ya se están tratando. El recurso humano disponible hace, a su vez, necesario que atendamos en sesiones de media hora, sin pausas entre una y otra. Además, el diseño del programa es que ninguno de ellos quede en lista de espera, por lo que todos se van con hora de atención para una próxima sesión. Finalmente, otro tipo de exigencias administrativas tanto de CONACE como del Servicio de Salud (SSMO), establecen un mínimo de metas respecto de la cantidad de prestaciones (atenciones) que cada consultante debe recibir al mes. Esto, sin contar el tiempo dedicado a llenar planillas, hacer informes u otros trabajos administrativos “necesarios”.

Esto me hace recordar, a su vez, una frecuente conversación que tenemos con mi equipo de trabajo respecto de la importancia de acompañar los procesos, es decir, generar espacios para socializar y poner en común lo que se está pidiendo hacer -tanto entre nosotros como profesionales de un mismo programa, como en la relación con CONACE como implementador de las políticas públicas. Esto debido a que, por una parte, se debe cumplir en términos de protocolos, pero también permitir que la experiencia del trabajo en terreno enriquezca constantemente aquellas políticas, sin dar por hecho la implementación de un modelo que está inevitablemente en constante evaluación. Como dice el dicho “en el camino se arregla la carga”, y vaya que así se hace…

En concreto, esto se traduce para mí en algunas cosas importantes por hacer como, por ejemplo, la importancia de dedicar tiempo a la sistematización y registro, que favorezcan cada vez mejores estrategias técnicas y metodológicas. Pero, volviendo al espacio de lo concreto: ¿cómo equilibramos el cumplimiento de metas y la sistematización de lo realizado? Al parecer hay que optar, y bueno, “vamos lento que hay prisa”. Ahora también cabe preguntar: ¿Alguien más considera importante todo esto? ¿Quiénes? ¿Cómo lo hacemos posible? ¿Existen otras alternativas?

12 Comentarios

  • Efectivamente, me parece, entre el diseño y la implementación de las políticas publicas, y especialmente las sociales, hay un abismo o un triángulo de las bermundas donde un 95% se pierde. Y el se pierde no quiere decir necesariamente que se hagan mal, pero si se pierde la información, se pierde la capacidad de generar conocimiento para la propia política. Si a mi me dicen que mis metas son tales y en mi espacio local la demanda es tal: se pierde la política el modo en el cual yo hago articular esa doble tensión. El programa se pierde mi discusión de equipo, cuando la discusión hay que hacerla en el pasillo y no en el espacio formal del programa. Eso me parece grave, pero me parece grave sobre todo porque yo al menos, le hecho la culpa a los profesionales en gran medida de no ser capaces de demostrar que esa pérdida es pérdida de recursos, de eficiencia y de eficacia. Que sistematizar y discutir no es solo un ejercicio masturbatorio, sino que tiene consecuencias específicas en la mejora de los programas. Bueno, y en los diseñadores, la nula capacidad de fomentar, de la misma forma en que fomentan el cumplimiento de las metas, la capacidad de fomentar la generación de alternativas innovadoras en los implementadores

  • Ale: Me parece que así como lo planteas, es en gran parte como yo lo veo y lo vivo también y lamentablemente gran parte de los profesionales “culpables o responsables” de no hacer frente a esta pérdida, es porque además están más preocupados de no perder el trabajo. No obstante, sostengo que la forma de hacerse responsable es efectivamente centrarse en argumentos técnicos que respalden y fomenten las “mejoras” necesarias. El tema o problemática que así se instala también para la discusión, me parece que en este espacio se complejiza aun más, por las condiciones de trabajo y cuan dipuestas estan las personas a asumir los costos de trabajar -en la mayoría de los casos- sin contrato, en proyectos con plazos fijos y limitados en el tiempo y la incertidumbre de si habrá otro o no ¿qué hacer respecto de esto último en términos de políticas? ¿qué vendría primero?

  • Ale, creo que si utilizas los blog para compartir reflexiones y experiencias puede servir para calmar la angustia del “trabajo perdido” y dejar registro de nuestras practicas exitosas. Al menos del blog no se van a borrar facilmente y las puede leer cualquiera. El problema que tu mencionas es lo que llamo la crisis de formalizacion de las organizaciones chilenas. Y estoy cada vez mas convencido que en la medida que no tengamos minimas practicas de eficiencia/eficacia organizacional, Chile no tiene opcion al desarrollo. Pero ese problema no se puede arreglar desde la trinchera. Es toda una institucionalidad academica la que debe ser ajustada de manera que nuestros profesionales salgan al ejercicio profesional con un set de practicas adquiridas que nos permitan, como nacion, dejar registro de nuestos avances (que es herencia cultural para futuras generaciones). Chile no puede aspirar a la modernidad desde una cultura organizacional premoderna. Si ha de modernizarse como pais, y ha de consolidarse un sistema llamdo Chile, deben ajustarse muchas ineficiencias, entre esas la que tu relatas. Al menos nos quedan los blog para seguir machacando.

  • Creo que lo que ambos dicen es fundamental: Tal como dice Andrea, esto es como el huevo o la gallina ¿qué viene primero?. Me acuerdo de mi en la O.P.D casi generando procesos de investigación en relación a nuestras prácticas y ver cómo se hacía eso de “difusión de una cultura de derecho” que decía la política y que en la práctica se traducía en quién entregaba más o menos dípticos. Y claro, me acuerdo de la rabia que me daba dedicarle tiempo a eso a cambio de mi sueldo a honorario y nula protección social. Intentamos armar una red de conocimiento al respecto, pero el grado de movilidad de los profesionales era tal, que todo el tiempo había que empezar de nuevo. Y bueno, al menos yo, estoy en el espacio académico justamente haciendo eso: formando diseñadores e implementadores de políticas con conciencia moderna y con horizonte de eficiencia y eficacia. Además este espacio académico me ha permitido producir procesos de investigación sobre prácticas en los programas: ahora estoy presentando un proyecto, así que si sale todo bien: hay que puro socializar la información.

  • La Ale da en un punto clave, es parte de la responsabilidad profesional armar redes para socializar los aprendizajes en la aplicación de las políticas, recuerden que así se forjó el exitoso programa Puente, que es una tremenda innovación en protección social. Hay otro punto, mientras las políticas sean hechas en función del presupuesto y no de la expertise técnica de profesionales reflexivos tendremos esta brecha de la que habla andrea o del triángulo de las bermudas que señala ale, creo central presionar -políticamente- para retroalimentar al diseño de políticas con el conocimiento y la experiencia delos hacedores, para eso hay modelos de gestión del aparato público que aun no llegan a Chile y que es super importante implementar, cuando este gobierno -mi gobierno- habla de participación no debiera ser sólo de la gente de a pie sino de aquellos que como ustedes están día a día lidiando entre la realidad y la solución tecnócrata. Un abrazo a todos

  • Eso me parece clave. A ver Sebastian, si partes por socializar-nos con los nuevos modelos de gestión. Es un tema que me preocupa y que me gustaría mucho conocer: documentos? bibliografía ad-hok? webs?

  • A mi también me interesa conocer aquellos modelos de gestión que menciona Sebastian, finalmente si aún no llegan a Chile veamos, ya sea desde el espacio acádemico y/o desde el espacio “práctico”, si resulta pertinente adaptarlos a nuestros contextos sociales. Socialicemos y discutamos para enriquecer el trabajo que cada uno de nosotros realiza y así ir avanzando en la dirección de lo que aquí hemos ido conversando.

  • Con respecto a la eficiencia de los programas sociales, implementados y motivados por politicas publicas, lo que me ha llamado siempre la atencion es la falta o debilidad del aprendizaje organizacional.

    Muchas de las buenas practicas en los equipos de trabajo que he podido tener en equipos de investigacion, que tienen que recolectar datos, analizar datos, radican en que todos como equipo, sin necesidad de existir algo asi como una planificacion en un panel, mas alla del proyecto redactado para ganar los fondos, radican en un saber, y ‘cachar pa onde va la micro’. Esto no consiste en saber expresar el objetivo central, sino, operar y tomar decisiones concretas en pro del objetivo central.

    La impresion que tengo con muchas de las intervenciones comunitarias, proyectos sociales, promocion y prevencion de salud en los COSAM, es esa imagen de empezar cada vez de cero. Un equipo de trabajo comienza con proyecto, quizás uno, dos o menos ya han tenido experiencia cabal de lo que sea que estan haciendo, pero el resto del equipo muchas veces no. Luego, pasado unos meses o cerca del año, se optimizan muchas de las maneras de hacer las cosas, y luego… a veces puede concluir el proyecto, y se implementa otro con el cual se comienza de la misma forma. Repito, esto es una impresion, la cual puede ser errada, y ojala me equivoque y debidamente me corrijan.

    Otras veces, muchos de los proyectos no cuentan con evaluaciones adecuadas (por lo general, optan solo por el uso de entrevistas, en que los usuarios y befeciarios de los programas suelen evaluar bien, por que su contraste suele ser el de ‘nada antes’, ‘algo ahora’, y se mueven por la logica de ‘peor es nada’), que no les permiten generar un feedback que les brinde cambios para mejorar y conducir giros a la mayor efectividad. Otra veces, estas no se pueden implementarlas por las condiciones, como para saber que impacto tienen, o que, de todo el proyecto es fundamental en ese impacto obtenido.

    Hay dos aspectos que creo que son buenos en gestion, en general, sea esta de proyectos de bien social, asi como empresarial de otro tipo:

    1. feedback para mejorar y ser mas efectivos
    2. Experiencia, para no cometer errores conocidos por otros.

    Ojalá ese espacio ‘perdido’ de experiencia se recuperase, para que la politica publica no solo sea diseño, y cobre un rol en la gestion. Sin embargo, creo que la alternativa de politicas ‘flexibles’, y gestiones efectivas, locales y situadas, tiene mas sentido; de lo contrario hemos de demandar que el diseñador de la politica sea conocedor del conjunto de posibilades que se pueden dar en terreno, en forma exhaustiva, y planes de proyeccion nacional, puede entrampar las politicas agregandole a los objetivos que se quieren cumplir, las formas de hacer las cosas, cercenando la capacidad estrategica de los gestores de los proyectos – los que hacen la bajada practica.

    Exito con el trabajo.

  • Andrea y muchachos:

    creo que hay una hebra de la discusión que han estado sosteniendo que es tremendamente importante, pues es transversal todos los temas que han tocado: la formación de los profesionales y técnicos que trabajan en “la trinchera”.

    Nuestro sistema de institutos y universidades -especialmente estas últimas- están enfocados en una formación teórica hiper especializada, áltamente técnica, pero muy poco “profesionalizante”, pues no entrega herramientas de trabajo, sino casi exclusivamente -en el mejor de los casos- herramientas analíticas. Los profesionales recién recibidos son, para seguir con la analogía bélica, soldados de escritorio a los que, luego de enseñar en la pizarra los fundamentos técnicos del funcionamiento de un fusil y la física del movimiento de la bala que éste dispara, se los manda directo a la trinchera, sin escalas. Abundan los psicólogos recién titulados que nunca han hecho una hora de terapia, los sociólogos que nunca han estado en terreno, los ingenieros “optimizantes” y cuantos casos se les pueda ocurrir (en eso los médicos, por ejemplo, tienen una ventaja…).

    Pedirle a profesionales de débil formación teórica y nula formación práctica que de un día para otro dejen de comportarse como estudiantes y se desempeñen como profesionales reflexivos, capaces de observar su propio desempeño y sistematizarlo, para desde ahí generar innovaciones, es un anhelo que tiene más de utopía que nada.

    Por otra parte, son los mismos especímenes los que salen de nuestras universidades para ser diseñadores de políticas, “policy makers” (acá sólo universitarios, técnicos por ningún motivo!). Y claro, diseñan políticas que en los libros funcionan y que pasan el test de casi cualquier lector “inteligente”, pero ya sabemos que la trinchera no es el lugar más tranquilo para leer y escribir… y que en ella el más inteligente no tiene por qué ser el más efectivo.

    Creo que el Triángulo de las Bermudas que existe entre la política diseñada y su aplicación sólo se ira cerrando en la medida que nuestros profesionales y técnicos sean formados con criterio más amplio, con menos especificidad técnica y más herramientas generales. Sentido común, que le llaman. O por lo menos capacidad de redacción y lectura… si no, como les pedimos que sistematicen su experiencia y que critiquen la política existente?.

  • Esa es una de las claves del éxito estadounidense. En esa ‘research society’ se es entrenado desde los 14 años para leer y escribir en un formato estándar, que es el APA. No tienen el éxito que ellos quisieran, (los nórdicos les siguen llevando una tremenda ventaja) pero el sistema lo tienen montado.

    No solo se requiere la voluntad de querer sistematizar, es todo un ‘aparato’ que hay que montar (si se quiere) y todo un set de habilidades que hay que instalar en varias generaciones. En Chilito la tarea es grande, porque son habilidades que no tienen muchos de los profesores que estan educando a las nuevas generaciones. En consecuencia, el costo de resolver el problema sigue creciendo cada dia academico/escolar que se va.

    Recién, luego de instalar las habilidades comunicacionales necesarias en una generación, o parte importante de ella, viene la voluntad política de incluir ítems de evaluación en los proyectos. Del legado que han dejado otros de sus experiencias en EEUU, se desprende que los proyectos debieran dejar entre un 20 y un 40% (Phillips, Stone & Pulliam, 2001) para evaluarlos y sistematizarlos (proceso que comienza junto con el proyecto, con profesionales que son especialmente contratados para ello). Si ese presupuesto no esta, no se recomienda, en pro del prestigio de la disciplina, embarcarse en el proyecto.

    Hay un largo camino por recorrer, por ahora están los blog, que siempre servirán para alimentar de ideas a un investigador curioso que use la web para hacer sus investigaciones.

  • oye que estan buenos los comentarios aquí. Comparto en un 1000% lo que dice Matias y lo que agrega Carlos. Me parece que en ese sentido el modelo yanqui de estudios superiores es digno de imitar. Efectivamente los magister sobre todo, en Chile, estan 0%profesionalizados y si recargados de herramientas analíticas, cuando me parece, que eso podría guardarse para los doctorados. De hecho, muchos de los diplomados tampoco cumplen con esa función que es la entrega de herramientas metodològicas de intervención. Y me parece que la metodología es como “mal vista”, como si eso se aprendiera por osmosis. Eso.

  • Lo primero que quisiera comentar a la conversación que se ha seguido generando, es que la brecha existente entre la formación y las demandas del espacio laboral, tienen una significativa relación con lo que se ha ido mencionando respecto de las metodologías. Con una compañera de carrera, hicimos una tesis en Psicolgía de la Salud en Hospitales de Santiago y de los observaciones fundamentales que relevamos fué precisamente el abismo gigante entre las demandas y
    el conocimieno teórico necesario para responder a ellas.Es así que los psicólogos se concentraban prioritariamente en la necesidad de “validar” su quehacer en el trabajo. Como lo han ido mencionando, lo que más abundaba era “conocimiento tácito”, por lo que a cada llegada de un nuevo profesional “fojas cero”. Definitivamente la sistematización es un tema fundamental y aunque no hay precisamente un tiempo ni financiamiento destinado a ello, insisto en la importancia de darle espacio, con los argumentos técnicos que el mismo quehacer nos va proporcionando. Insisto también en que yo puedo y estoy dispuesta a hacerlo desde “la trinchera” y otros, como la Ale lo irán haciendo desde otros espacios, pero no creo que tenga sentido ni que resulte depositar esa responsabilidad en un solo “lugar”. Propongo que nos hagamos responsables desde donde estamos y podemos efectivamente trabajar y por supuesto seguir discutiendo acerca de la mejor forma y los resultados que cada uno de nosotros va obteniendo.

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