Tónica de Una Suerte Abrumada, II parte: Ideas Asoleadas

20 de ago, 2006 | Por | Sin Comentarios

Es curiosa la televisión cubana. En una primera impresión, uno podría pensar que es tal y como se le imagina. Existen cuatro señales que transmiten básicamente lo mismo: autobombo al régimen en distintos formatos, algunos programas de entretención de muy precaria factura y todos en simultáneo a la hora del noticiero, o el programa “político” llamado “Mesa Redonda”, un panel con gente de diversas reparticiones e institutos del Estado cubano aportando datos sobre el logro, tarea, o medida que el conductor resalta en cada capítulo. Sin embargo, al traspasar ese primer umbral aparecen elementos nuevos que complican el análisis de la parrilla programática, como la gran cantidad de películas y series norteamericanas que se pasan, incluso, sin doblaje al español. La sublectura ejemplificadora que Freddy le daba a la película en que Denzel Washington se toma un servicio de emergencia, con Robert Duval y Ray Liota como los policías tontos y malos, justificaba para mis ojos de afuerino el hecho de que en Cuba se exhibiera tan impúdicamente una película hecha en Hollywood, con íconos de esa cultura como los mencionados actores, incluso, con el apoyo explícito que Duval le dio a Bush en las últimas elecciones. Pero no, así mismo pude ver los telefilmes policiales mal hechos de Cinemax que en Santiago me hacen dormir, dibujos de la Warner Bros., de Disney, Tom y Jerry, incluso, “Dr. House” y ¡¡“Friends”!!. ¿Acaso este no era el país que satanizaba todo lo norteamericano?.

Esa misma sensación confusa me provocó al día siguiente del anuncio, salir a la calle y ver que todo seguía tal cual. Los mismos niños de vacaciones jugando “pelota”, los mismos ancianos sentados al dominó, las mismas calles llenas de gente esperando la guagua, los mismos turistas iguales a los de todas partes, el mismo viejito que vende el “Granma” en las afueras del Capitolio. Como era un día especial opté por “Juventud Rebelde”, “el” otro periódico que, al igual que el “Granma”, tenía la “Proclama del Comandante en Jefe al pueblo de Cuba”, completa y firmada por el propio caballero, ocupando toda la portada. “Para que se lleve un recuerdo del momento histórico”, me dijo el anciano, cobrándome inicialmente 2 dólares, por un periódico que vale 20 centavos de dólar, incluso para los extranjeros. Este dólar, obviamente, no es el estadounidense, al que cargan un 20 % más en el cambio que al Euro, la divisa oficial, si no que es una versión cubana llamada CUC, que mantiene el precio internacional del dólar y es la que se aplica a todo extranjero que se vea como turista. Los cubanos usan el peso cubano, calculado de acuerdo a lo que reciben como salario o pensión, que es impresionantemente poco en relación a los parámetros del resto del mundo integrado a la economía de mercado. Un profesional joven de cualquier área, gana al mes lo que para nosotros serían ente 17 y 30 lucas. Por eso, y porque el principal ingreso del Estado es el turismo, es que a los extranjeros se nos da de nuestra propia medicina y se nos cobra en este dólar convertible a precios más que familiares, sobre todo si se buscan conceptos como servicios limpios, o baños que no apesten.

Luego de explicarle al anciano mi condición de turista pobre, convenimos el precio de 1 dólar para la edición especial de las 2:30 A.M. del número 243 de “Juventud Rebelde”. Acostumbrado a nuestro excesivo legalismo, cuesta creer que una carta de media cuartilla a dos columnas y media tenga en sí misma la validez legal para implementar una medida política tan complicada, por no decir peligrosa, sin citar ningún capítulo de la constitución, o ley orgánica, o “bando” para estar en “conformidad” con algo. La Proclama es como es y no cabe duda que, al menos, la dictó Fidel. El comienzo, donde explica su estado de salud y las razones de por qué se produjo su crisis intestinal aguda con sangramiento sostenido, resulta bastante razonable, incluso, honesto de su parte, pero la cosa se pone complicada cuando se llega a una frase como “Como nuestro país se encuentra amenazado en circunstancias como ésta por el Gobierno de los Estados Unidos, he tomado la siguiente decisión:” La perplejidad termina de configurarse en mí al terminar la proclama, procesando todavía la idea de que semejante traspaso de poderes iba a traer bastantes complicaciones al pueblo cubano, y me encuentro con un remate como éste: “ No albergo la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre para defender estas y otras ideas y medidas que sean necesarias para salvaguardar este proceso histórico. El imperialismo jamás podrá aplastar a Cuba. La Batalla de Ideas seguirá adelante. ¡Viva la Patria! ¡Viva La Revolución! ¡Viva el Socialismo! ¡Hasta la Victoria siempre!”

Inconfundible. Leer esto a las 11:00 de la mañana a pleno sol sentado en las escalinatas del Capitolio es una experiencia que requiere bastante concentración y un litro y medio de agua. Los turistas, que desembarcan cada veinte minutos para conocer este palacio, hecho a imagen y semejanza del Capitolio norteamericano, tampoco parecían estar muy inquietos con la noticia. Ahí, sudando, comencé a sentir de nuevo el “bichito”, que le llaman. Ganas de ir con la grabadora por ahí y hablar con gente opositora dentro de la isla, tratar de conseguir “fuentes” del Gobierno, del Partido, entrevistar algún vocero, reportear. Después de todo ya estaba ahí, donde las papas estaban quemando, al igual que mi culo en esas escalinatas de piedra.

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