Tónica de una suerte abrumada: La Habana por dentro y por fuera cuando Fidel pasó la pelota

10 de ago, 2006 | Por | 1 Comentario

Lo que sigue son los apuntes de viaje de un periodista republicano en La Habana, en los primeros días del inédito anuncio de Fidel. Aparecerá en tres fascículos coleccionables que combinan ambiente, vivencias y, desde luego, opinión política.

Freddy, la dueña de la casa en la que me hospedaba en la Habana Vieja, fue la que me dio la noticia que tiene, o quizá a esta altura tuvo, espectante al mundo, provocándome la primera sensación de frío, después de dos semanas en Cuba. Si había entendido bien, Freddy me estaba diciendo que Fidel se encontraba gravemente enfermo y había delegado todas las esferas de su poder en Raúl, su hermano, y un gabinete de encargados de cartera, o algo así. Eran las 11:00 de la noche del lunes 31 de julio y llegaba de un delicioso paseo a la playa de Santa María, en las afueras de la Habana del Este, junto al grupo de teatro espontáneo de la Habana, una banda de amigos pechados a otro amigo, que ese día me incluyó como uno más en sus filas.

A esa altura mis ganas de hacer algún reportaje o entrevista se habían diluido tras abortarse un encuentro con Juan Padrón, el director de “Vampiros en la Habana”, porque éste estaba agobiado de trabajo. Tampoco pude llegar, porque simplemente no pasó la “guagua”, a la entrevista colectiva que junto unos ingleses estudiantes de documental, le haríamos al hombre más viejo del mundo, que casualmente vive en la Habana y tiene 124 años. Consolándome con el argumento no menos cierto de que había ido a Cuba por otra cosa, un taller de guión que ya había concluido, me dispuse a conocer la Habana maximizando el poco tiempo y dinero con que contaba. Pero la aflicción que sentía Freddy con la noticia y algo de sentido común me volvieron a poner alerta. Esa noche esperamos la última edición del noticiero junto a Freddy y su yerno viendo una película en la que Denzel Washington encarna a un desesperado padre obrero cuyo seguro no cubre el transplante de corazón que su hijo necesita, solución: secuestrar al cardiólogo junto a otros rehenes en un hospital de emergencias y exigir que su hijo sea incluido en la lista de donación de órganos. Freddy me explica que la película está basada en un hecho real y que la han pasado muchas veces “para que la gente aquí valore lo que tiene, que en otras partes no existen las garantías de salud y beneficios que tenemos acá”. Freddy es de aquellos cubanos que sin ser militantes, ni activistas, tienen un vínculo afectivo profundo con Fidel. Es la jefa del hogar que le asignó hace dos años el Estado, en permuta por su deteriorado y realmente antiguo hogar, en un menos viejo, pero bello edificio de la calle Cárdenas, cerca de la Estación Central, en plena Habana Vieja. Por esta casa transitan la mayoría de sus familiares en La Habana, acogiendo nietos propios y adoptivos, incluyéndome. Trabaja durante las mañanas en una de las tantas reparticiones públicas que existen y, al igual que miles de cubanos, su fe se afirma en la santería, mezcla de fe cristiana con la espiritualidad africana orishá. El power de Freddy se siente, tanto como el de sus santos que, liderados por una imagen tamaño real de San Lázaro, ocupan una habitación del departamento.

En la última edición del noticiero la pareja de conductores le da inmediato pase a otro periodista en el estudio que lee la proclama completa con una impecable interpretación, me atrevería a decir que dramática. Era cierto, lo que no pasó en 47 años estaba pasando frente a mis narices, en vivo y en directo. Mi sobre entrenamiento en ficción al calor de mi taller de guión me estaban haciendo imaginar cosas, como Fidel en su clínica propia del Palacio de la Revolución, siendo reconstruido con la mejor tecnología cual hombre nuclear. También vi tropas gringas abordando vehículos anfibios y gente tapiando sus ventanas y puertas. Pero la realidad es siempre menos espectacular y esa noche dormí como un niño.

1 Comentario

  • Unas de las cosas que quisiera hacer en mi vida es viajar a Cuba y vivir esas experiencias como la que nos narra Daniel, me imagino un país con mucho entusiasmo y color, sobreviviente en un difícil mundo que le da la espalda pero ahí sigue en pié.

    Saludo cordial a Daniel Z. Leslie Beach O. (mujeres empujando fronteras)

    Visiten http://www.lamuralla.cl

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