Otra Cosa es con Guitarra

27 de Jun, 2006 | Por | 6 Comentarios

Hace un par de meses en el blog Profundidad de Campo escribí un posteo sobre el relevo en las elites de la Concertación, a partir del drástico y muy visible desplazamiento hacia bambalinas de los -hablando en clave televisiva – “rostros” de la coalición, que trajo consigo la candidatura de Bachelet y la estructuración de su comando.

En “la rebelión de los cabecitas negras” describía este proceso y sus protagonistas, resaltando que se entraba en una etapa de relaciones institucionalizadas, donde los amigos de siempre, los grupos de poder transversales, cedían su hegemonía a las directivas y, como bonus track, se abrían las Grandes Alamedas del poder a los actores de reparto de la Concertación, aquellos que respetaban sagradamente la importancia de los partidos, sus estamentos, la militancia y la vida partidaria.

Amotinados, comandaban ahora el buque. Sin embargo, la holgura de la ventaja inicial sobre los rivales- algunos en las cuerdas al borde del Knock Out, otros recién partiendo a trastabillones y el último, jugando al “rebelde con causa”- llevaron a Michelle Bachelet a la convicción que el cambio desplegado al interior del arcoiris podría proyectarse hacia la sociedad. Existía el contexto y, sobre todo, la voluntad de la candidata por realizarlo. Era el momento de hacer de verdad política con los ciudadanos. Traspasar los márgenes de la ciudadanía efectista y poco efectiva de las plazas ciudadanas, hacia un real protagonismo de los ciudadanos, los mismos que impusieron la opción de Bachelet en los escépticos señores concertacionistas y apuntalaron su camino hacia La Moneda.

Ya sabemos lo que pasó entre la campaña y la primera ronda, entre ésta y el definitivo balotaje que consagró el hecho histórico de elegir por primera vez una Presidenta. No obstante las idas y vueltas, las dudas, temores y salvavidas de última hora a su candidatura, Bachelet continuó firme en su proyecto de renovación de rostros, paridad y gobierno ciudadano. Para poder lograrlo se hacía necesario remover las bases mismas del edificio concertacionista, prescindiendo -no fue del todo posible- de los de siempre y, sobre todo, de los partidos.

La Presidenta, firme en su empeño por cumplir el compromiso con los ciudadanos y con las palabras que con insistencia pronunció durante toda la campaña, diseñó su gobierno ciudadano armando gabinete paritario, con muchas caras nuevas, con 36 medidas para 100 días. Todo muy redondo, compacto y sin dejar espacios a dudas: el cambio se instalaba.

Como todo cambio, este proceso ha sido resistido tanto por la oposición de derecha como por la oposición interna, la de los que han sido arrastrados a la playa por esta marea de ciudadanía y gobierno directo. Mucho abrazo, salidas de protocolo, informalidad, prioridad por interactuar directamente con los ciudadanos y reformas de envergadura han provocado sobremanera a un establishment más asiduo a la pompa y amigo de los pasillos. La forma en que se ha criticado la gestión de la Presidenta, la naturaleza de sus decisiones y su voluntad por avanzar en equidad e igualdad de oportunidades, así lo indica. En esto los críticos han sido ayudados sobremanera por los propios errores y, sobre todo, dudas del equipo de gobierno, encabezado por la Presidenta.

Se ha instalado un juicio negativo sobre la calidad del gobierno. Un amigo republicano sostiene con insistencia que los juicios de calidad son estéticos y no técnicos. En el caso de este gobierno, éste juicio ha sido tanto técnico como estético. Errores en las medidas y en la forma de proceder. Un botón de muestra: el movimiento de los secundarios. Despites de marca mayor –cómo no olvidar la rotación entre el ministro Zilic y la subsecretaria Romaguera- y la dificultad para generar una propuesta frente a las –en un principio- articuladas demandas de los secundarios son la prueba más visible de aquello.

Paradojalmente, una demanda surgida desde la sociedad, de quienes parecían adormecidos y ausentes en la desidia, la anomia y el chat, que remeció a los ciudadanos, es la que da pie para que los partidos y los adoradores de la “alta política” aprovechen los errores del gobierno y aventuren el fin de esta relación directa entre autoridad y ciudadanos. Ven en la osadía de la sociedad de instalar temas en la agenda un peligro para su poder de presión, de control político y de capacidad para mediar intereses. También encuentran la oportunidad de retomar el sitial perdido, de contrariar al gobierno, de decir “vé señora Bachelet, otra cosa en con guitarra” y de interrumpir el entusiasta romance entre la Presidenta y los ciudadanos, quienes han prescindido de su celestinaje.

Con un ”No hay condiciones para tener un gobierno ciudadano como quiere Bachelet”, como planteó un otrora “político ciudadano” convertido en un muy realista Senador de la República, se pretende, desde los partidos y la elite de la Concertación, dar fin a esta aventura política, cobrarle la cuenta a la Presidenta por haberles hecho hacer el trabajo sucio de la campaña, por haber obligado a varios notables a pasar a segunda fila, por institucionalizar las relaciones al interior del conglomerado, por dar poder a los cabecitas negras y por hacer de verdad política con los ciudadanos.

6 Comentarios

  • Marcelo!

    Eché de menos los nombres y apellidos… ¿quién es el senador misterioso?¿Quienes los amotinados que ahora comandan el buque? Si nosotros no podemos nombrar nombres… nadie puede!

    Sobre el tema de fondo, pareciera que la facilidad con que la oposición (interna y externa) al Bacheletismo demuestra la debilidad de las instituciones ciudadanas. Si nuestra opinión no llega más que filtrada a través de encuestas y prensa (casi universalmente de derecha), estamos reventados.

    Irónicamente, creo que la Marcha de los Pinguinos es una de las mejores cosas que le ha pasado al gobierno de Bachelet (con la excepción de Zilic). Le dió la libertad de acción en un tema en que concuerdan con los muchachos es un 95%. Ahora necesitamos un pinguinazo para cambiar la binominal… ufff

  • marcelo pérez quilaqueo says:

    Carlos, buena precisión. es verdad, si no lo decimos nosotros…quién. el senador es girardi. los cabecitas negras: camilo, andrade, veloso. segundo, la idea de modificar agendas desde los sectores sociales e incidir en la marcha del gobierno es nu signo de que las cosas pueden ser distintas. y yal o han adevertido algunos al señalar con recelo que la “la agenda está en la calle”.

  • Marcelo:

    lo que más me llamó la atención de tus artículos (leí también el de profundidad de campo) es el argumento -que deslizas en más de un minuto- de que el gobierno de Bachelet es un paso más en el desarrollo democrático, en el sentido de que apunta a la institucionalización de los procesos ciudadanos. Creo que el hecho de que hoy los presidentes de los partidos tengan reuniones periódicas con la presidenta, mientras que el segundo piso tambalea y cae a un humilde entrepiso es una buena señal. El cambio de rostros es también una buena señal (y conservar lo valioso de las administraciones anteriores también lo sería, punto en que el gobierno de Bachelet está al debe). Pero el link que más me hace sentido es el que haces al final con el movimiento de los secundarios: hicieron saltar todos los tapones y prioridades del ordenado naipe politico, movilizaciones de por medio, para pedir precisamente la antítesis de ese “desorden”: pedían que la institucionalidad educacional, esa en la que son más ciudadanos que nunca (“beneficiarios”, “usuarios”, “compañeros”, “alumnos”, amigos) funcionara. No pedían privatización, sino todo lo contrario, pedían ordenar la gran cagada que es hoy el sistema educacinal, pedían institucionalizar, ordenar y perfeccionar el sistema. Pedían más y mejores clases. Imaginen si pidiésemos los mismo respecto del poder judicial, del parlamento o de los medios de comunicación.

    Si Bachelet logra dejar de ser “la presidenta Bachelet”, o “la Bachelet”, y logra ser “el gobierno Bachelet”, institucionalizando la participación, será un gran logro… y sin duda se habrá diferenciado de su predecesor, superándolo.

  • Tengo la duda de si este es aquel gobierno ciudadano que pensábamos que vendría, tenía la impresión que ciertos mecanismos podrían ponerse a prueba como ejemplo concreto de “un gobierno ciudadano”. Más allá del relevo en los cargos y en las caras, veo difícil que desde el propio gobierno se generen mecanismos de participación distintos de los que ya existen, porque al final de todo ¿qué significa un gobierno ciudadano?. Leyendo El Mercurio (¿le creeremos) me encuentro con la frase de la presidenta que dice que ella nunca se refirió a su gobierno como gobierno ciudadano, sino a la realización de un gobierno de, por y para los ciudadanos. Si ella entiende que entre una y otra cosa hay diferencia entonces no veremos muchos cambios en este sentido. Sin duda vamos en buen camino cuando se trata de renovar las prácticas partidarias, las prácticas de la élite. Sin embargo nuevas prácticas de gobierno ciudadano como por ejemplo el incluir en la práctica política (propuestas, toma de decisiones, diálogos públicos, etc.) a quienes no militan en partidos (suponiendo que el partido político no es el único mecanismo de influencia.) no me parece que estén a la vuelta de la esquina, o al menos no como formas innovadoras de participación. Me conformo pensando en que no debiéramos esperar del gobierno lo que nos compete a nosotros como ciudadanos, así lo demuestran la existencia de muchas organizaciones y grupo que representan múltiples intereses y necesidades luchando por posicionarse de modo influyente.

  • marcelo pérez quilaqueo says:

    Tania creo que hay diferencias entre el discurso oficial y el verdaero contenido de lo ciudadanoi. se ha entendido Gobierno ciudadano como gobierno sin partidos, pero un gobierno ciudadano es mas amplio : es con partidos, con la gente, con todos. los militantes tb son ciudadano.

    Por otro lado esto del gobierno ciudadano es muy similiar a querer hacer participación ciudadana diseñada desde el Estado, hacer ciudadanìa desde la D.o.s y sabemos que la auténtica ciudadanía no se delinea desde el Estado, sino desde fuera de su aparato.

    Tú hablas de la necesidad de un espacio isntitucionalizado o no desde donde dialoguen las gentes con el estado y el gobierno. concuerdo contigo en ese punto, pero ese espacio ¿dónde está? ¿en el congreso a través de representantes? ¿en las comisiones?…

    Creo que no. Como dice mouffe los espacios diseñados por la racionalidad polìtica desde el siglo 19 no cubren nuevos tipos de demandas, actores y movimientos, son espacios poco flexibles y sensibles a fenómenos complejos. Un ejemplo: por edad los pinguis no son ciudadanos, pero exigieron derechos de carácter ciudadanos y nos remecieron a todos. En el diseño actual de canalización de intereses están fuera, pero son una realidad que nos ha remecido. Entonces, o nos abrimos a nuevas formas de real participación que den respuesta a esto o nos preparamos para tener una democracia formal y ritualista.

  • muuuuchas pero muuchas gracias me tuve que poner lentes tanto que ley me demore 10555100055 horas bay bay gracias por nada pdt:pongan anuncios mas largos”porfavor bye bye

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