Desiguales I: Elite y Desigualdad.

20 de jun, 2006 | Por | 28 Comentarios

Chile es un país desigual, ya lo sabemos. Basta pasear por las calles de su capital para darnos cuenta del contraste. Un viaje en micro de cuarenta y cinco minutos por el eje Apoquindo-Alameda, desviando luego hacia Avenida Pajaritos, Bonilla, San Pablo, Gran Avenida (usted elija), nos lleva desde las aseadas calles de comunas como Vitacura o Las Condes -donde los trajes y corbatas abundan, el agua lluvia escurre por donde debe y los autos nuevos circulan como en el mejor de los comerciales de TV, entre edificios de vidrio que se aglomeran en torno a plazoletas-, hacia barrios donde el alumbrado público escasea, las ventanas de las escuelas tienen los vidrios rotos y la precariedad se respira en el espacio público y privado. En este viaje, sin embargo, la precariedad no surge de a poco, como en un descenso continuo de los recursos disponibles, sino de manera más bien brusca. La desigualdad en Chile está pintada en blanco y negro.

Con algunos amigos delarepublica solemos bromear con que Chile comienza más allá del centro de Santiago: especulamos que desde lo alto del edificio de Telefónica (ese adefesio, frente a Plaza Italia) seguramente se ve Chile, ese país que comienza más allá de la torre Entel, más allá del Estadio Nacional, más allá del Cerro San Cristóbal. La línea 4 del Metro lleva hacia Chile, la línea 2 parte en la frontera con Chile y se adentra en él. Hay una isla dentro de Chile que no es Chile.

En efecto, si nos tomáramos en serio la broma, y construyésemos ese subconjunto de Chile –llamémosle SubChile-, obtendríamos un país que no es para nada desigual. Obtendríamos un país básicamente equitativo.

Para graficar esto, es útil ponernos algo técnicos, intentando no exagerar para no aburrir. El coeficiente de Gini es un indicador cuantitativo que se utiliza para medir la desigualdad del ingreso. Para su cálculo se ordenan las familias según su ingreso, de menor a mayor. El total de los hogares se divide en cinco partes iguales (quintiles). El coeficiente de Gini toma valores entre 0 y 1, en que 0 corresponde a una distribución igualitaria (esto es, cada quintil capta el 20% de los ingresos totales), mientras que el valor 1 corresponde a una extrema inequidad (el 1% de hogares de mayor ingreso concentra el 100% del ingreso total). Así, un coeficiente de Gini mayor indicaría –si está bien medido- una distribución más desigual de ingresos en el país. En su artículo El Modelo Económico y la Cuestión Social, el economista Patricio Meller consigna que, durante los años ’90, “en las distintas fuentes de datos internacionales, Chile tiene un coeficiente Gini superior a 0,55 [mientras que] los países desarrollados tienen coeficientes Gini inferiores a 0,40”. Esto se refleja en que, según resultados de la Fundación para la Superación de la Pobreza, a partir de la encuesta Casen 2003, en promedio, los hogares del décimo decil participan del 41.2% de los ingresos nacionales, mientras que el decil más pobre accede sólo al 1.2%.

Sin embargo, Meller muestra que, al menos para el período 1987-1996, si en el cálculo del coeficiente de Gini para Chile no tomamos en cuenta al décimo decil de la población (es decir, al diez por ciento más rico), y repetimos los cálculos con el 90% restante (SubChile), el coeficiente Gini resultante para Chile es de 0,27, uno de los más bajos del mundo. En palabras de Meller, “este es el reverso de la situación distributiva que sugiere una extremadamente elevada concentración de ingresos en el decil superior”. SubChile es un país equitativo. Chile no.

A este hecho se suma lo consignado por Dante Contreras y tres coautores en su estudio Dinámica de la Pobreza y Movilidad Social: Chile 1996-2001, quienes muestran que, en términos de dinámica social, nuestra elite es altamente inmóvil: en los nueve primeros deciles (en SubChile) “existe una alta movilidad social”, que los autores asocian a una vulnerabilidad frente a la posibilidad de caer en pobreza (tema que trataré en una próxima columna). Los autores verifican estadísticamente la hipótesis de “la existencia de una seria inmovilidad entre el noveno y décimo decil. Si bien hay mucho movimiento entre los primeros nueve deciles, la probabilidad de entrar y de salir del décimo decil es muy baja”. Nuestra elite está blindada.

La política pública está llamada -en esto concuerda casi todo el mundo- a aumentar la equidad. El problema, claro está, es que los hacedores de política pública en Chile, junto con los ministros, subsecretarios y jefes de gabinete que convierten ese diseño en proyecto de ley, y los parlamentarios que aprueban –o rechazan y sepultan- dichas políticas, pertenecen todos al décimo decil (puede que uno que otro se escape, pero es poco probable: en base a la encuesta Casen 2003, el décimo decil abarca hogares cuyo ingreso agregado promedio mensual es de más menos $2.000.000).

Es a esta elite, más pequeña, más rica en relación a sus compatriotas, y mucho, pero mucho más impermeable que las elites de los países a los que decimos querer parecernos, a la que le exigimos medidas para disminuir la desigualdad. No les pedimos que faciliten la equidad en SubChile (eso está relativamente resuelto), les pedimos algo mucho más difícil: les pedimos que hagan de Chile y SubChile un solo país. Les pedimos que renuncien a su isla.

28 Comentarios

  • Excelente artículo!

    Creo que el “casi” en “La política pública está llamada -en esto concuerda casi todo el mundo- a aumentar la equidad.” no es una proporción pequeña de clase política en Chile. Equidad nunca ha sido un objetivo estratégico de la derecha, que a fin de cuentas tiene 30-40% del poder.

    Lo otro que es interesante es ver lo del coeficiente de Gini en el contexto Latinoamericano y del mundo. Aquí hay un link con una lista de 100+ paises en el mundo:

    http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_income_equality

    Dinamarca se lleva el primer lugar, y los latinos estamos muy abajo en la lista. Chile esta 113 de 124 y Brazil y Guatemala son los peores del subcontinente. Seria interesante ver si el fenómeno que describres con el quintil mas adinerado es un fenómeno común.

    De los países desarrollados, Estados Unidos es el peor (es el numero 92, con un coeficiente de ~47). Pero creo que culturalmente hay una diferencia cultural fundamental, que es una fuente de esperanza para Chile. En Estados Unidos, el mito del ‘sueño americano’ se expresa en negar fallas estructurales como argumento para explicar la pobreza (y la inequidad). O sea, si trabajas duro, puedes salir de la pobreza.

    En Chile todavía la gente mira hacía el gobierno, hacia el Estado y hacia causas externas como razones para explicar la pobreza. Y mientras eso exista, hay un potencial para reformar que es fundamental.

    Saludos…

  • Matías: Muy bueno tu artículo, en realidad el tema de la equidad es central para cualquier ideario “progresista” que se quiera elaborar en Chile y en cualquier parte del mundo. Sólo un alcance, que Carlos ya comenta, ¿es 100% cierto que la equidad es un valor compartido por la elite?, de ser así ¿que entendemos unos y otros por esa palabra?. La equidad, para mi, es siempre un resultado, nunca un proceso, nunca una suma de buenas intenciones, si hablamos de ingreso el resultado de la disparidad de ingresos, si hablamos de oportunidades es el resultado de tener las mismas, etcétera.

    La pregunta, crítica para mí, es ¿qué entiende el conservadurismo por equidad? ¿cómo se diferencia?, en esto creo que no hay que perderse, para ellos la equidad siempre será “una espiritualidad”, una voluntad de hacer las cosas moralmente adecuadas, para, de no mediar ninguna dificultad, aminorar el sufrir de la “pobre gente”. Para nosotros creo que la equidad es una revolución de las oportunidades, un valor que motiva la construcción de políticas que en sus impactos dinamicen la movilidad social, la adquisición de bienes y la mejora de la calidad de vida, la ganancia de libertad para hacer de su vida lo que más quieran, no sólo lo que les toca.

    eso

  • Los sucesivos Gobiernos de la concertación se anotan un éxito significativo si los comparamos con el vecindario: Ha habido en los últimos 16 años una sustantiva disminución de la pobreza e indigencia apoyada fundamentalmente en: a)Un aumento significativo de la ríqueza (PIB)por las políticas macroeconómicas y estrategias de inserción internacional. b)Fuerte incremento del gasto o inversión social focalizado en los mas pobres.

    Respecto a la distribución del ingreso tal vez el único éxito posible de exhibir es que la concentración se ha mantenido sin variación. Si hubiese gobernado la derecha el resultado sería seguramente mas dramático.

    Creo que mas importante que la pertenencia de las élites políticas al 10 decil es el temor de introducir cambios al “modelo” y la incapacidad de los partidos de elaborar propuestas políticas-técnicas viables lo que hace que el tema aparezca sólo en el ámbito ético y no de la acción política.

    Los gritos empresariales a la menor tentativa de discutir un alza de impuestos amplificados además por una prensa que carece de contrapeso ayudan a aumentar el temor a poner en peligro la estabilidad económica que a todos nos tiene muy orgullosos.

    De allí que piense que una de las deudas mayores que tiene la Concertación con la Democracia es que no haya sido cápaz de lograr la existencia de una prensa plural donde estos temas se debatan en profundidad y los ciudadanos puedan informarse.

    Sergio

  • Matías, Me parece muy bueno tu articulo, pero yo ahora le pondría otra aristas con las cuales mirar la desigualdad. La desigualdad más allá de lo netamente económico es una cosa de actitud, una forma de mirar al resto. Yo toda mi vida he vivido de plaza italia hacia abajo, y en verdad yo no conoci mucho de la tremenda desigualdad hasta cuando entre a la Universidad, yo creo vivir en lo que Uds. llaman ese “SubChile”, que en realidad es Chile y el del quintil superior es el subChile, en fin. Digo que la desigualdad es una cosa de actitud porque creemos que quién tiene la razón es quién tiene el poder, y va desde la izquierda a la derecha, ¿por qué es más interesante escuchar lo que opina Puccio que lo que dice un dirigente vecinal de su visión de Chile al futuro? ¿No es eso discriminar? ¿se les habia pasado antes por la cabeza escuchar lo que dice alguien común y corriente? A veces se necesita mirar la pobreza con los ojos de las mismas personas en situación de pobreza, no escucharlos sólo para hacer documentales ni pedirles el voto, no ir a Valle Nevado para Pensar el Chile que Viene, pucha, de verdad a veces pienso que la razón esta del lado de los otros, de los excluidos, de los sin razón. No basta con redistribuir los ingresos si las oportunidades van a seguir siendo estaticas, no basta con dar más para programas sociales que mantienen a los sectores marginales en su marginalidad. No basta con que los mismos partidos políticos sigan autoperpetuando sus castas, y pasa en todos lados, los dirigentes de izquierda son parientes de los de la UDI, los dittborn del The Clinic no distan mucho de los de derecha, yo creo que piensan parecido y son matices los que los hacen ser socialistas o conservadores, los zaldivar, los larrain, la misma Michelle Bachelet ha sido parte de esa elite que se busca mantener en el poder, ella es diferente, es verdad, pero aún asi vivió años en Washington y su padre llegó a ser General de la FACH, ¿o cualquiera llega a serlo cuando antes había más discriminación en el ingreso a las Academias de Oficiales? Ahora el hijo de Michelle labora en la Cancilleria y por su práctica le pagaron un par de millones, ahora estoy siendo un poco resentido, y es porque NUNCA pude hacer mi práctica profesional en el Estado, me fue mucho más fácil hacerlo en la empresa privada…¿Donde se premia la meritocracia? En verdad creo que la desigualdad se va a mantener mientras no cambiemos nuestra forma de mirar las cosas, y tanto como un tema de platas, es un tema de cultura. Veamos los nombres de los ministros, sus padres, tios o abuelos, y en algun punto se conectan, amistades, y todo, el circulo es demasiado estrecho, y puta que cuesta entrar. Podria seguir toda la noche de mi desvelo, pero termino con esto, para algunos el paseo que propone Matías puede ser “pintoresco”, pero mamarse un viajecito de tres horas diarias todos los dias a trabajar en una construccion y mirando como se hace un trabajo con un sueldo miserable no es un chiste, y no se vayan pa San Pablo, tomen cualquier micro y se van a dar cuenta de esa desigualdad, que se traduce en desesperanza, miedo, rejas hasta el techo en casas sociales, drogas, violencia. Veamos que estamos haciendo para cambiar esto, de la acción o de la teoría.

  • Sergio:

    Creo que el punto que hace Matías sobre el que la clase política es también la que pertenece a la clase económica alta y el que haces tú, que los que llegan al poder tienen miedo de cambiar el “modelo” están relacionados: el sistema político-económico que viene atado con el poder (y que los pone en el décimo decil) tiene una capacidad impresionarse de autosustentarse. Creo que cuando esos individuos llegan a esas posiciones privilegiadas, ellos tienden a asumir que el sistema funciona, y que basta con “arreglar la carga en el camino” para llegar a la sociedad que queremos. Pocas veces he visto una discusión seria si el modelo que estamos siguiendo es fundamentalmente el correcto o no.

    Marcelo:

    Estoy bastante de acuerdo con lo que dices. Ese fenómeno del paternalismo político de las élite de las que habla Matías es muy frecuente. Por otro lado, en el artículo creo que esta la esencia de lo que hablas tú: ¿Son capaces los ciudadanos del “SubChile” (el décimo decil), sin tener una conversación con “Chile”, evitar el paternalismo?

    En mi opinión, eso es muy difícil. Lo que necesitamos es más gobierno local, y más participación ciudadana. Como el pinguinazo, pero en cada área imaginable. En una sociedad verdaderamente democrática hay más que un gobierno elegido por la gente y una población sin miedo. Hay también una prensa plural (como dice Sergio) y una comunidad que presiona, 24 horas al día, a las autoridades a “hacer lo correcto”.

    Saludos

  • Sergio:

    Ante todo, gracias por tu comentario, y bienvenido a las discusiones delarepublica. Ojalá te veamos aparecer a menudo. Creo que el punto que presentas está en el centro de la discusión que quería abrir con este artículo: la desigualdad en Chile se explica por lo mucho que tienen los que más tienen, más que por una desigualdad “generalizada”. Creo que el temor a introducir cambios por parte de nuestros representantes, al que haces mención, en la mayoría de los casos no es tal. No creo que sea “temor”. Creo que el hecho de que nuetros representantes estén en el 10% más rico de Chile no es un dato marginal, sino que es en parte causante de que no se introduzcan cambios más profundos (a los impuestos, a los medios de comunicación, a las políticas de protección social), pero no por temor, sino porque en muchos casos -puedo pensar sin dificultades en excepciones, al menos al interior de la Concertación- el hecho de estar enclaustrado en un mundo elitizado simplemente suprime la urgencia, adormece la inquietud por el cambio, embota la capacidad de ponerse en el lugar del otro, del que menos tiene. La pregunta es, luego de más de quince años en posicione sde poder, y con la certeza de -como tu correctamente apuntas- haber hecho un montón de cosas bien, ¿cómo hacemos para sacar a nuestros dirigentes de la autocomplacencia y de la comodidad de haber hecho suficiente como para jubilarse con el espíritu tranquilo y con el bolsillo suficientemente lleno como para incluso heredar alguna que otra cosa a los hijos? ¿cómo les podemos pedir que dejen de ser elite? Creo que al respecto, por ejemplo, la llegada de Navarro al senado es una trizadura en el prístino parabrizas de la elite política. Veremos.

  • Marcelo:

    Creo que las aristas que agregas a la discusión son interesantes, y que la pasión que se lee detrás del monitor es una gracia. Efectivamente la coumna tiene el sesgo de la mirada desde la economía, o más bien con una lógica económica. Es el sesgo que pretendo dar a mis columnas (sin ponerme fanático, y si se me pasa la mano, espero que me caigan a piñas), más que por una profunda convicción, porque es desde donde mejor puedo aportar a este grupo, cuya gracia es precisamente la heterogeneidad y los aportes que cada cual hace desde su diciplina. El espacio que hemos abierto busca ser eso, un espacio abierto: nuestra declaración de principios concluye diciendo que “Nos identificamos con el progresismo [...] en oposición a los preceptos morales enarbolados como verdades, a los privilegios naturalizados como cultura y al ejercicio sin contrapeso del poder de una elite, cualquiera sea ésta”. Buscamos ser y hacer ciudadanía, y parte de ese hacer ciudadanía pasa, creemos, por interpelar a la cúpula: comprenderla, dialogar con ella (sin negarla, sino superándola), someterla a crítica y tratar de influir en cómo se toman las decisiones en los asuntos que nos afectan a todos. Hablar con personajes como Puccio es parte del cuento. Hablar con un dirigente vecinal es parte del cuento. Hablar contigo y entre nosotros es partde del cuento. Al respecto, creo que la clausura de nuestra elite tiene que ver precisamente con lo que tú mencionas: es una cosa de actitud. La actitud de la elite (el paternalismo, la comodidad, en muchos casos el desprecio, la ceguera, ya sabemos…) y la actitud de aquellos que no pertenecen a ella (el resentimiento, entendible, pero no por ello más útil a la hora de solucionar los problemas). El tema es cómo abrimos espacios de diálogo, cómo ampliamos la elite, para que ya no sea un 10, sino un 20 y luego un 30%, y luego un número de gente suficientemente grande como para que ya no podamos hablar tan claramente de “la” elite. El tema, creo, es cómo hacemos de este un solo Chile, en que los que toman la micro hacia la cordillera y los que la toman hacia el mar sientan que viven en un pais que no los maltrata, sino que les garantiza o al menos facilita una buena vida. Cómo hacemos para no parecernos a la senadora Matthey, cuya idea de diálogo político es mandar a la gente al extranjero, tal como hacía el régimen en que su padre era mandamás.

  • Matías: Creo que el tema de pertenecer o no al último decil no define necesariamente la postura frente a los cambios sociales…por lo menos la historia de Chile desmiente que esto sea necesariamente la explicación para que un gobierno con líderazgo socialista en una coalición centro-izquierdista no sea mas audaz en promover cambios. Temo que la explicación hay que buscarla por una parte en los profundos cambios ocurridos en el mundo a partir del derrumbe de los llamados “socialismos reales” y en la derrota de la experiencia de la UP, que son las dos vertientes que explican las características que asume el proceso de renovación socialista en nuestro país. Por el lado de la caída de la URSS y países de su órbita se entiende definitivamente superada una manera de ver la construcción socialista y con ello un referente y una alternativa al modelo “capitalista”. Esto supone, una derrota también de la planificación desde el Estado vrs la supremacía del Mercado como único asignador de recursos. Con el tiempo también la vorágine de los cambios de la Economía mundial arrastra a los Estados de Bienestar de Europa. En el interior de nuestro país esto se expresa dramáticamente en la privatización de todos la Economía al punto que en 15 años la inversión que era un 80% de origen estatal en los 60 o inicios de los 70 pasa a ser de sólo un 15 % en los 90. De esta manera se explica la relevancia política que tiene el sector empresarial en las grandes decisiones (el que pone la plata elige la música) Que pasa mientras tanto con el socialismo chileno? La derrota y la vinculación de sus principales líderes con la experiencia europea los lleva a un profundo proceso de reflexión y de cambio. El socialismo revolucionario de los 60 deviene en socialdemocrata (término que antes se usaba para descalificar a los que se consideraba tibios o amarillos) Se asume y reconoce la importancia del conocimiento técnico en materias económicas se reconoce el valor del Mercado y de la democracia representativa. La dirigencia política se elitiza e “impermeabiliza” de manera que no se produce renovación y particularmente no se dá espacio al surgimiento de líderes sociales o políticos. El caso que mencionas del Senador Navarro vrs Viera Gallo es significativo de lo impermeable que es el sistema de representación “popular”. Es notable que en Chile en la última elección presidencial se discutía cuantos idiomas hablaban los candidatos a Presidente y donde y en que eran postgraduados. Al paso que vamos el último Ministro de RREE alemán o los presidentes de Brasil y Bolivia en Chile no podrían aspirar ni a ser concejal de la mas modesta comuna… En último término creo que no es la pertenencia al decimo decil lo que explica el comportamiento sino que un traumático proceso de renovación donde los temores al cambio son reales junto con desconfianza en las capacidades de los ciudadanos de a pié que carecen de pergaminos económicos o académicos.

  • Sergio:

    comparto contigo la gran mayoría de las cosas que planteas. En efecto, el argumento del nivel de ingreso de la clase política por sí solo como explicación de su conducta resulta, obviamente, reduccionista -o al menos absolutamente insuficiente- ,más aún si se lo extrapola para explicar el fenómeno político de la transición y la falta de arrojo (por llamarle de alguna manera) de nuestros dirigentes a la hora de hacer reformas. En realidad el principal punto del artículo -lo que llamó poderosamente mi atención y me motivó a escribirlo- fue cómo la desigualdad de ingreso se explica en Chile básicamente porque los que más tienen tienen mucho, y no por una “estructura” desigual de toda la sociedad. El “coletazo” de este hecho sobre cómo se hace política pública es una hipótesis aventurada, que me permitía cerrar la columna abriendo una pregunta e incentivar comentarios, aunque no creo que por ello carezca de sentido, al menos como un elemento más para el análisis. Tus reparos al reduccionismo del argumento son, claramente, plausibles, y te agradezco el aporte y el “parele” a la tentación de sobre simplificar y extremar las conclusiones.

    Respecto de varios de los puntos que planteas, encuentro una serie de concordancias y contrapuntos en un artículo que acabo de leer, releer y subrayar bastente. Es un ensayo de Carlos Peña, llamado “Sobre la política y los políticos”, en que Peña va al hueso (al menos hace el gesto) en varios de los puntos que tú haces respecto de las características actuales de nuestros políticos y nuestra política. Lo más interesantes es que el documento es de Expansiva: Peña fue a decirle en su casa -en su cara- a los paladines del “policy making” que corrian el riesgo de echarse al bolsillo el sistema democrático y, por tanto la libertad. Puedes ver el artículo pinchando aquí (está en pdf) Cuéntame qué te parece. Saludos Matías

  • Matías, Me parece interesante la conversación que se esta dando en cuanto a quienes o que es la responsable de tanta desigualdad. Como influyen los procesos históricos y que sería de Evo Morales o Lula en Chile. Yo estudié el programa político del MAS y me pareció una muestra de verdadero republicanismo, llegar a las raíces de su propia cultura y en base a ellos proponer políticas públicas. Un dato del programa de Evo, quiere volver todos los recursos naturales a manos del Estado, a manos del Pueblo Boliviano, porque a ellos les pertenece desde siempre. Aquí se abre otra arista, ¿Qué entendemos por desarrollo? ¿A donde queremos llegar? Si queremos ser tal cual un país europeo, nuestro consumo energetico deberá subir, y si todos los países subdesarrollados piensan lo mismo, necesitaremos de un par de planetas tierras para satisfacer todas las necesidades que surgiran. ¿A donde apuntan los ciudadanos DeLaRepública? (Que no son “solo ciudadanos” porque en su presentación tienen todos apellidos…). Bien Matías, parece que hay muchas cosas de las cuales seguir hablando. Tratemos de abrir espacios y de crear puentes, esa puede ser una primera forma de aportar. Marcelo Padilla.

  • Mmhh. Me convenció Sergio con el argumento. También veo un hilo conectando un par de cosas. Por un lado, hablamos de la aversión al riesgo, por razones de privilegio y de miedo a repetir una historia traumática, en la clase política Chilena.

    Por otro lado, pareciera que esta renovación forzada de las ideologías de la izquierda, donde se ha aceptado al mercado como mecanismo antes despreciado, nos ha puesto en un atolladero. Algunos han abrazado al mercado la panacea (y en ese sentido, abrazando el argumento de la derecha económica). Y a los demás nos ha dejado en la posición de decidir en cada caso buscando el balance entre lo privado y lo público, sin una brújula muy clara.

    Y aquí es cuando entran los pingüinos (tema eterno, parece). Entran con argümentos concretos, sin estar ideologizados, pero peleando por lo que habrían peleado los izquierdosos de los 60s, apelando al sentido de lo público que todavía es fuerte en Chile, pero acotado, sin tratar de armar una revolución. Pero con suficiente empuje para que la Concertación, con sus argumentos mercantilistas, se tenga que para a pensar un rato, y se sienta empujada a generar algunos de esos cambios que pareciera que han estado en el tintero por muchos años.

  • Matías: Te agradezco el link al ensayo de Carlos Peña : Coincido completamente con lo que el afirma. A propósito de lo que sucede hoy día con Evo Morales en Bolivia y su repercusión en Chile: hubo voces, incluída la de nuestro Canciller, que manifestaron su total desacuerdo con la política boliviana de nacionalización en el área energética: ellos olvidan que por unanimidad, hace hoy 35 años, el Congreso Nacional aprobó la nacionalización del cobre. Todavía existe una mayoría abrumadora que estima que Codelco debe seguir siendo Estatal. Independientemente de lo que pueda terminar resultando de la experiencia de Evo Morales el representa un político que no cree que “la factibilidad de los procesos sociales se nos impone a tal punto que toda deliberación es inútil” como señala Carlos Peña. Restringir la política a la mera “administración de las cosas” es lo que explica el desencanto y el alejamiento de la gente (y curiosamente de los políticos) de esta actividad. Citando a Carlos Matus (Adios Señor Presidente, Editorial LOM 1998) ” Hoy parece que las ideologías están muertas y el pueblo humilde, que es la inmensa mayoría no tiene norte ni conductores. el barbarismo tecnocrático coloniza las mejores inteligencias y la sed de ganancias materiales reemplazó los ideales. Vivimos una gran crísis de la razón humana, que hasta ahora no puede combinar bien los valores con las ciencias.”

  • Chile es un país centralista. Yo no conozco la plaza italia.

  • andrés kalawski dice:

    He leído la interesante columna que escribió Matías y algunos comentarios acerca de ella y me parece importante hacer una reflexión de segundo grado. Por reflexión de segundo grado, me refiero a la reflexión que no intenta consetar la primera refiriéndose de manera complementaria u opuesta al mismo objeto, sino que toma como objeto a la primera reflexión. Como decía Debray, cuando a uno le señalan la luna, quedarse mirando el dedo. Me resulta particularmente perturbadora la fetichización de la jerga económica. Es decir. Términos analíticos, distinciones que se convierten en objetos. Tal es el caso de la equidad. Quizá convenga decir, sólo para prevenir malentendidos, que no me cuento entre los que creen que la equidad no es importante. Creo, eso sí, que es menos importante que otras distinciones. Matías constata que, dejando fuera de la medición a un pequeño grupo muy rico de chilenos, Chile es un país en que el dinero está bastante bien repartido. Pero he aquí la fascinación con una distinción que impide el asombro verdadero. La equidad es un intento de pensar la justicia a partir de la premisa malthusiana de que los bienes son escasos. por cierto, no es el momento ni soy la persona indicada para rebatir esa premisa. Baste indicar, por ahora, que recursos limitados (suponiendo un universo finito) no es igual a recursos escasos. El problema primero es, no la distribución de los recursos ni su existencia, sino la forma en que algunos impiden o facilitan que otros accedan a ellos. Chile (es decir, chile menos el pequeño porcentaje degente rica) es un país pobre. Que sea equitativo importa poco. Que los que lo dirigen sean extranjeros (es decir, que no participen de este país equitativo) importa poco también. A menos, claro, que lleguemos a la conclusión (pero este es el punto, tenemos que asegurarnos antes de decir esto) de que los que están en el quintil, en el decil, si quieren, más alto no sólo acumulan riqueza sino que IMPIDEN (perdón por la mayúscula pero quise ser enfático) que no conozcan el Chile que tienen que gobernar, que no conozcan los problemas que tienen que solucionar (lo que se desprende de las agudas observaciones de matías y me recuerda reflexiones similares a propósito de la ausencia en el senado del señor Viera Gallo del director de The Clinic, P. Fernández) sino que los que gobiernan estarían impidiendo que los demás accedieran a bienes que les corresponden. Esta es la reflexión que debiera desprenderse de poner la equidad como bien supremo. es una reflexión alarmante, porque debiéramos armarnos y salir a la calle a hacer la revolución. Más alarmante aún, Quizá debiéramos encerrarnos en nuestros hogares y rezar que la revolución no viniera. Es muy peligroso pensar. Sobre todo pensar en las causas de la injusticia. Quizá sea mejor seguir midiendo la equidad y pensar que basta con incorporar algunos pobres al gobierno para aliviar el problema. Quizá sea mejor proponer pequeñas políticas públicas y tentar la noción de progreso porque algunas cosas cambian. Quizá sea mejor no pensar, no escribir, no hablar.

  • Andrés: sólo una pequeña acotación a tu comentario, que he leído varias veces. Hace algunos días fui por razón X a Alonzo de Córdova y caminé algunas cuadras, aquella calle donde están las tiendas más pirulas de Santiago, las más caras, más estiradas y “exclusivas”. Lo que conversábamos con otro republicano es que, estando parado ahí (parado en Gran Avenida o en Bonilla las reflexiones son otras, claro), el problema no es que la elite tenga todo eso a disposición -es decir, que una calle como esa, con esos precios y ese “espíritu”, exista- sino que el otro 90% de Chile, en su gran mayoría, aspire a vivir ahí, a comprar ahí, a comer ahí y a comportarse como la gente de ahí… el problema es que de alguna manera la gran mayoría llegó a convencerse de que “ese chile” es mejor que el Chile del 90%. A mí me gustaría que los hospitales públicos fueran como la Clínica Alemana, que los colegios tuviesen la infraestructura del Grange, que la municipalidad de Cabrero tuviese los recursos de la de Vitacura… pero no me gustaría que viviésemos todos como el 5% más rico. Mientras el 90% quiera ser como el 10% más rico, la desigualdad, además de monetaria, es simbólica. Y esa si que es jodida de administrar.

  • Matías, tienes razón. La desigualdad simbólica, producto de la desigualdad en el acceso a los bienes es difícil de administrar. Aunque quizá no habría que hablar de desigualdad sino de alienación (no en el sentido marxista, los marxistas comen guaguas). Los más pobres son extraños respecto de ellos mismos y aspiran no a una riqueza nueva, “propia” sino a reemplazar en su lugar a los que más tienen. Y eso supondría que los que más tienen tuvieran menos. Ja. Vuelta entonces al problema que anuncia Tironi (lo siento, Tironi tiene razón). No sabemos cuál es el sueño de Chile. Tenemos que contruir un relato (y este gobierno no lo ha podido hacer. El de lagos trabajó con los restos agónicos de un relato caduco) que nos guíe a todos, no hacia Alonso de Córdova, sino allí donde queremos ir juntos. ¿Queremos estar todos juntos, queremos ir a algún lugar?

  • Andrés:

    totalmente de acerdo. La pregunta esntonces es: le vemos cara a este gobierno para elaborar un relato de sentido que dé dirección a nuestro actuar cotidiano? Tiene la Concertación alguna posibilidad de elborarlo? O la derecha? La iglesia? Sergio Lagos?

    Segunda pregunta: qué rol cumplen espacios de diálogo como éste?

    Tercera pregunta: Existe algo así como los “sueños nacionales”, más allá de los discursos populistas de gobernantes que -sabemos- a la larga resultan perjudiciales?

  • Hola. No sabemos que a la larga los discursos populistas resultan perjudiciales. Los gringos se las arreglan bien con su sueño de nación. Es verdad que si se dan cuenta de que el mundo los odia se confunden un rato, pero se les pasa. No, este gobierno no pinta para crear un sueño. Hasta Lagos le mandó a decir eso a Bachelet vía The Clinic. Creo que la creación de los sueños nacionales pasa en importante medida por los que hacen teleseries y redactan los textos escolares. Otra cosa que debería ocurrir sería alejar del poder discursivo a los economistas (lo siento) o, mejor, que ellos mismo se restringieran en el uso del lenguaje con el que actualmente nos cautivan. Es decir, en vez de decir. Chile ha crecido un 5%, dijeran, el producto interno bruto aumentó un 5%. ¿Cómo contribuir desde un espacio como este a la creación de un useño nacional? No sé, pero espero que se pueda. El sueño no tiene por qué ser viable, solo ser inclusivo y, a diferencia del mito, estar incompleto, para que nos toque terminarlo.

  • Andrés,

    ¿Así que el gobierno, además de darnos salud, educación, equidad y todas las otras cosas que exigimos (acertadamente), nos tienen que dar sueños?

    Creo que sería bueno que dejáramos de actuar como que todo tiene que venir de arriba, de una inspiración divina o, como sugieres tu, gubernamental. En las palabras de JFK, “no te preguntes que puede hacer tu país por tí, pregúntate que puedes hacer tu por tu país”.

    El sueño de nación gringo (con todo lo criticable que es) no es alimentado ni sostenido por el gobierno (si no, con el gobierno de W ya se hubieran despertado). Es sostenido por los conflictos permantentes que surgen desde la ciudadanía (el sueño de nación existe, pero no es uno solo), no por lo que diga tal o cuál presidente.

    Saludos.

  • Hola, Carlos. Lamento que mi redacción sea tan torpe como para dar la impresión de que el gobierno tiene que crearnos un sueño. Sólo trataba de responder a la pregunta de Matías sobre si este gobierno parecía capacitado para hacerlo. La labor de la construcción de un sueño corresponde a toda la comunidad. Al estado, en este caso. Y el gobierno tiene como tarea admministrarlo, al igual que debe administrar los otros bienes que son comunes a todos los ciudadanos. La cita de don Kennedy, lejos de servir para criticar mi postura, sirve para mostrar cómo funciona el sueño de los gringos, anclado en la potencia del individuo solitario y generoso. Que sí, el sueño gringo es administrado en parte por el gobierno. Está bien que así sea y justamente por eso no “despiertan” (sí lo hacen, por cierto) frente a Bush. Quiero dejar en claro que la noción de “sueño” (que prefiero a la de “mito” y la de “utopía” por razones largas de explicar aquí) no es necesariamente inclusiva, ni buena para los que están fuera. Los gringos mantienen su sueño (administrado por el gobierno) gracias a la labor de los artistas que continuamente lo actualizan, modificándolo en partes y reforzándolo en otras. Tampoco me gustaría que se pensara que me refiero a sueño como a las visiones del opio que engañan. Son más bien un mapa, una guía para la vida en común. Los gringos son muy eficaces para pasar sus conflictos contingentes por el cine y la TV. Aquí no. En parte porque carecemos de espacios suficientes para esas creaciones. En eso, por ejemplo, puede ayudarnos con el gobierno. (A menos que vengas con que eso es labor de los privados, asumir todo el riesgo de una “inversión artística) ¿Se entiende más ahora?

  • [...] Muy bien dicho. En un país con todavía más del 10% de su población en estado de pobreza, con una deuda en el temas tan fundamentales como la educación, la salud, la vivienda y las pensiones, es difícil imaginarse como llegó la Banda Ancha al primer lugar de la lista de estos diputados PPDs. Es tal vez un símbolo de los tiempos, que nos hace olvidar cuál es la realidad del SubChile y buscar el efecto prensa en vez de progreso real. [...]

  • Hola! super interesante artículo. No es nuevo, ya había escuchado sobre Gini quitando el decil superior. Pero me parece, eso si, que estás mal enfocado. Lo que debemos buscar no es que el decil superior (nuestra asquerosamente inmovil elite) permita que se filtre riqueza hacia el resto de la población (Eso ya lo están haciendo: en todas las escuelas de negocios se enseña el valor de la diversidad en un entorno corporativo. Las empresas están buscando gente “distinta” porque piensan distinto y generan ambientes de cambio revolucionarios en las empresas. Esta idea está totalmente presente en la nueva generación de la elite, y será lo que rompera el blindaje en ella.) sino que el 90% restante de chile llegue a ser tan rico como ellos. El crecimiento es la clave, no redistribución del ingreso. Y te diré porque: El decil de mejores ingresos apenas vive decentemente si lo comparamos con países desarrollados. Apenas tiene un ingreso per capita (GDP/PPP) igual al promedio de un país rico. Nuestra elite es pobre. Has escuchado eso de que los ricos se defienden solos? Deja al decil superior tranquilo, su blindaje “forzado” no resiste análisis, y dejará de ser tema en menos de 20 años. Cuando eso ocurra, el crecimiento del ingreso en SubChile será mucho más rápido que en el decil superior y el ingreso se emparejará. Pero eso implica crecimiento, y como el gobierno de turno en los ultimos 20 años no lo entiende así, me parece que no lograremos vencer la mala distribución del ingreso de la forma fácil. Lástima.

    Disculpen mi redacción, me cuesta sacar las cosas de mi cabeza.

  • Javier:

    Gracias por tu comentario. Me resultó interesante leerlo, porque creo que refleja un par de creencias extendidas respecto de este tema, con las que estoy profundamente en desacuerdo.

    El argumento de que “El crecimiento es la clave, no redistribución del ingreso”, porque “Cuando eso ocurra, el crecimiento del ingreso en SubChile será mucho más rápido que en el decil superior y el ingreso se emparejará”, es el típico argumento de los economistas de derecha. El supuesto detrás de tu argumento es que el crecimiento en el ingreso implica “automáticamente” (es decir, a través del mercado) una redistribución más igualitaria: los que menos tienen se llevarían una porción más grande de las nuevas rentas que los dueños del capital. Eso es una falacia. Chile creció en el período 1990-2005 a una tasa promedio de 5.9%, que en período de 15 años es un crecimiento nada despreciable (expresado en dólares de 1995, entre 1990 y 2005 pasamos de un PIB de 17 a 41 billones de dólares, es decir, el ingreso más que se duplicó). Los pobres, claro, están mucho mejor, pero los más ricos hoy son mucho más ricos.

    Cualquier indicador de desigualdad te mostrará que la desigualdad relativa se ha mantenido mientras la economía ha crecido (nuestro Gini es estable desde que tenemos datos). Si es así, la distancia absoluta crece: un aumento de 10% en el ingreso de una persona que gana 100.000 eleva su ingreso a 110.000, y el de una persona que gana 5.000.000 llega a 5.500.000. La distancia relativa permanece igual –ambos ingresos crecieron en 10%-, pero uno tiene 10.000 más, y el otro 500.000.

    En resumen: el crecimiento económico no garantiza disminución de la desigualdad, la cual tiene mucho más que ver con la estructura productiva y del mercado de trabajo, el sistema educacional, los patrones culturales y otras variables, que con cuánto crece la economía, como nos han tratado de convencer desde hace ya rato los chicago boys.

    Respecto de tu argumento de que “en todas las escuelas de negocios se enseña el valor de la diversidad en un entorno corporativo. Las empresas están buscando gente “distinta” porque piensan distinto y generan ambientes de cambio revolucionarios en las empresas”, y que esto “será lo que romperá el blindaje” de la elite, creo que no podemos pecar de ingenuos. La supuesta apertura de la elite para traer “aires frescos” a la administración de sus empresas se acerca más al concepto del “american dream” (que para el 99% de los gringos es eso, sólo un sueño), que a un cambio social profundo. Como muestra, se puede leer el conocido trabajo de Javier Núñez “Clasismo, meritocracia y discriminación en el mercado laboral: el caso de Chile”, disponible AQUÍ (en inglés). Creo que a la larga habrá un cambio, pero dudo que venga por la incorporación del “pueblo” a la administración empresarial.

    Saludos Matías

  • [...] alguna población de Santiago, en el llamado Chile de verdad, una joven mujer tuvo relaciones sexuales sin protección. No sabía que los preservativos eran una [...]

  • [...] pese a que los niveles de desigualdad siguen siendo escandalosos (ustedes ya conocen mi opinión al respecto), estos buenos resultados a nivel macroeconómico han redundado en beneficios para la gran mayoría [...]

  • [...] que el modelo económico aplicado por la Concertación (con el apoyo irrestricto de la Alianza) ha hecho poco por mejorar la distribución de la riqueza en Chile. Afortunadamente, el tema llegó el 2007, y no da señales de desaparecer de la agenda de [...]

  • [...] en una ciudad desigual y acciones públicas como esta no ayudan a que esto cambie; todo lo contrario. La construcción de [...]

  • gracias chiquillos esta informacion me alludo ene en mi trabajo q tuve q hacer asi q sigan hacien do cosas asi

  • Deja un Comentario