¿Una revolución secundaria?. Guia práctica para Movimientos Sociales en la Pos-Transición Chilena

01 de jun, 2006 | Por | 3 Comentarios

Esta semana el movimiento secundario adquirió una presencia en la ciudad rara veces vista en nuestra frágil democracia. Al grito de “A dónde está que no se ve, la presidenta Bachelet” lograron poner en la agenda nacional los vicios de años de una política tecnocrática, mediocre y desatenta del sentir de los actores que la “sufren” día a día. El repliegue táctico desde las calles a los liceos les ha ganado el apoyo de la ciudadanía, las marchas sin desmanes y la sutil autolimitación del movimiento a las demandas estrictamente educativas han llevado a los canales de televisión, las radios y la prensa escrita a transitar desde la crítica facilista al desorden callejero a la alabanza a la capacidad organizativa de cientos y miles de jóvenes que buscan en la educación la oportunidad de asegurar un ingreso al mundo de los “incluidos”, de los que nos hemos beneficiado del sistema por contar con las herramientas adecuadas para hacerlo.

Los secundarios están cobrando las promesas de la Michelle candidata, la esperanza de un “nuevo trato” con la ciudadanía, la cercanía del poder como medio no solo de legitimidad, sino fundamentalmente de acogida, lo que Spoerer denominó hoy día “proximidad”. Mientras escuchaba su lúcida conferencia en el Magíster en Gestión y Políticas Públicas de Industrias de la Chile sobre la importancia del estilo en las prácticas de gobierno, pensaba que ya los universitarios, profesores, funcionarios de la salud, pobladores y una serie de otros movimientos sociales que llevan 16 años predicando en el desierto quisieran los logros del movimiento secundario ante un Estado que simplemente no escucha y por lo tanto no comprende a la sociedad que gobierna.

Para ellos y para todos van las 5 primeras lecciones (ojalá nos den muchas más) del movimiento social en la pos-transición gracias a la capacidad de la primera generación de jóvenes criada integramente en democracia:

1.- No inicie sus movimientos con épicas añejas: no critique al “modelo” ni al imperialismo, ni menos diga que “todo” deba ser cambiado. Escoja reivindicaciones que generen alta y rápida adhesión ciudadana (por ejemplo: “más de dos boletos diarios”, por favor! es una belleza!). Diseñe mensajes simples, directos, sin muchas ideas de fondo, que cualquier actor de su movimiento pueda repetir (no solo sus “iluminados” líderes).

2.- Declare rápidamente que su movimiento es “de las bases” y que no será instrumentalizado por partido o tendencia política alguna. Si quiere llevar esto al límite declare que “el movimiento es apolítico” (si es que su estómago es fuerte y no tiene miedo al reproche y el sarcasmo de las elites intelectuales).

3.- Escoja medidas de fuerza en ámbitos privados (los liceos) y no públicos (la calle). El poder no sabe de “guerra de guerrillas” y la sociedad chilena no gusta “del desorden en la calle”. Por favor evite cualquier vestimenta que potencialmente pueda servir de “capucha”.

  1. No pida renuncias de autoridades, no personalice sus demandas, interlocute directamente con la Presidenta (a fin de cuentas prometió más ciudadanía!).

  2. Por último haga de su movimiento algo vistoso, lindo de ver, que conmueva, que intervenga la ciudad y haga pensar a la gente. Evite las “declaraciones” y “manifiestos” opte por un lenguaje simbólico, de íconos, que apele a que, de no mediar un cambio, usted y los suyos serán más infelices, más grises, más dominados, más materia prima de la máquina de moler carne que, querámoslo o no, ayudamos día a día a mantener.

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3 Comentarios

  • Matías Cociña dice:

    Chile está cambiando, probablemente más rápido de lo que nos damos cuenta. Estos chicos han generado una inflexión que ni ellos se soñaban. Estoy convencido de que la doctora Bachelet (la ciudadana Bachelet), al ver crecer la burbuja de sus encuestas como espuma de cerveza, sospechando ya lo que se venía, pensó en generar un estilo de gobierno tan inesperado como sus propias alzas porcentuales de medición en medición. Presiento que de verdad creía en un gobierno ciudadano.

    La candidata Bachelet convirtió, como corresponde a un candidato que pretende ser electo, sus buenas intenciones e ideas en retórica útil a la campaña, y machacó tanto con el mentado gobierno ciudadano que éste se fue vaciando de contenido. Me imagino que los administradores del poder concertacionista, al que Ella se sumaría en el tope de la lista, concebían un gobierno ciudadano como una suma de clichés del tipo de las plazas ciudadanas que se organizaron en la campaña de Lagos: mucho “ocupar el espacio público”, harta vacunación de mascotas, “deporte entretenido” los sábado por la mañana, batucadas, “cabildos” comunales para optar entre invertir en la pileta de los enamorados o en el cableado subterráneo de la Avenida. Todo eso está muy bien, es ciudadanía patente y más activa que hace diez años, qué duda cabe, pero no es Gobierno Ciudadano.

    A la Presidenta Bachelet –ya no doctora ni candidata- el gobierno ciudadano le salió por la culata. Sin posibilidad de planearlo, sus “36 medidas” pasaron a segundo plano (pero igual se las van a cobrar el día 99), su primera cadena nacional estuvo dedicada al pase escolar y la LOCE y sus planes de formación preescolar pasaron a una segunda prioridad (todos entendemos que un mocoso hiper estimulado por la “tía” de la sala cuna, de todas formas se va a dar de cabezazos contra el sistema si luego es ingresado en un colegio-galpón que se cae a pedazos y en que los profesores difícilmente saben resolver un sistema de ecuaciones de 2×2).

    La Presidenta está teniendo que administrar, más allá de todas nuestras expectativas, un gobierno que la ciudadanía exige ciudadano, pero ciudadano de a de veras. “Cómo se les ocurre que los escolares van a opinar en una reforma a la educación”, dirá el reaccionario elitista, “no tiene las competencias ni el conocimiento”. “Se nos ocurre”, parece responder la calle. Si esto que está pasando no es gobierno ciudadano, no se me ocurre un mejor ejemplo. Si a la Presidenta aún le queda la pasta republicana que intuimos en ella cuando nos entusiasmamos con su campaña, tendrá que aceptar que cuando de derecha a izquierda, de pendejos a viejos, senadores y taxistas, periodistas y académicos, se entusiasman ante el reconocimiento de un dolor y una vergüenza común, es hora de cambiar las prioridades. Termine sus 36 medidas, rinda cuentas, y el día 101 ponga las lucas (esas que se supone que llenan los bolsillos de Chile) donde todos tenemos claro que hay que ponerlas.

  • Buen ojo este depolo habiloso y sin rodeos como leyendo vis a vis harta teoría y el gusto por analizar nuestra sociedad.

    Los pinguinos han tenido eso, justamente eso, sentido a las personas de pie sentido a las autoridades sentido al sistema político.

  • marcelo pérez quilaqueo dice:

    La “marcha de los pingüinos” enteró un poco más de tres semanas de extenuante andar. Girando y volviendo a torcer su propio camino. Sorprendiendo, alertando y ganando el favor de el resto de la sociedad. No hay dudas sobre su salto desde roles de reparto a protagonistas de la película, ni sobre el impacto político y social de su aceitada organización, contundencia argumental, irreverencia y sentido mediático.

    Sin embargo, las rasgos del movimiento con los cuales nos sorprendíamos en un momento inicial, han sido desplazados por vicios políticos ancestrales: intransigencia, maximalismo y mesianismo. Desde el momento en que su desafío se convirtió en el principal tema de la Agenda, vimos a través de los medios cómo una columna romana se convierte en una cruzada, con todos los rasgos que ello implica. Liderazgos multiplicados, con salida y entrada de voceros, que se han rigidizado insistiendo en el clamor de unas bases cansadas, agotadas por el largo recorrido y en una misión del alcance máximo, total. Descuelgue de colegios, control del consejo asesor presidencial, juego de suma cero y, finalmente, el camino propio al crear su “consejo paralelo”.

    Con sus demandas entraron rápidamente a las ligas mayores del debate, emplazando al gobierno y a la clase política desestimando sus propuestas y apostando por la autonomía, quizás el rasgo más característico de su identidad. Esta irrenunciable autonomía marca sus últimas jugadas y el mensaje de “nosotros decidimos cuándo y cómo actuamos”. Así como también la constitución de un consejo paralelo al del gobierno, el cual desecharon por poco representativo y por no estar diseñado bajo sus exigencias.

    Ahora, el excesivo énfasis en esta cualidad puede constituirse en un arma de doble filo. El consejo asesor presidencial, criticado por su masividad y por los riesgos de inoperancia, contiene en sí una característica que puede ser una fortaleza frente a la intransigencia de los secundarios: la diversidad de sectores representados. ¿Estarán dispuestos estos sectores a someterse a dictámenes del tipo “50 más uno para nosotros” o se dejarán seducir por la posibilidad de influir, aunque sea firmando la lista de asistencia, en la comisión del ejecutivo?. Me arriesgo a apostar por lo segundo. Cola de león, le llaman.

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